Diferentes motivos y modalidades para un mismo flagelo: la inseguridad
La inseguridad no da tregua a los argentinos, noticias de las más diversas localidades, incluida Pergamino, demuestran que estamos perdiendo la batalla de la tranquilidad. Robos, crímenes, narcotráfico, asaltos, secuestros es el pan amargo con el que nos desayunamos todos los días.
Pareciera que a todo llegamos tarde, como ha sucedido con la aparición y proliferación del consumo y venta de drogas. Pretendemos frenar un negocio que hemos dejado florecer el tiempo suficiente como para que tenga profundas raíces. No hay labor preventiva ni inteligencia previa por parte de las autoridades que, no sólo no están un paso delante de los delitos, sino que van irremediablemente un paso atrás. Incluso, los delitos conexos al narcotráfico, como crímenes por ajustes de cuenta, ataques intimidatorios, misteriosas desapariciones y secuestros express, ya forman parte de los informes diarios de la Policía. Es decir, ya no son casos aislados sino moneda corriente. Es notorio cuánto se ha dejado hacer (justamente por dejar de hacer lo que corresponde) cuando vemos, por ejemplo, que gran parte de los involucrados son ciudadanos de otros países, donde ya contaban con antecedentes criminales. ¿Nadie controla a quienes ingresan al país?
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En una ciudad muy castigada por la actividad del narcotráfico como Rosario, que es la que registra más actividad en este sentido, se produjo un asalto comando a un banco pero con la peculiaridad de que los ladrones primero robaron una comisaría para contar con el móvil y las armas necesarias para el hecho ilícito. Un descaro absoluto, propio de delincuentes que ya se han acostumbrado a la impunidad.
Ocurrió en la Subcomisaría Nº 13 de General Lagos, un pueblo de 5.000 habitantes que está situado a 20 kilómetros de Rosario, donde irrumpieron dos hombres armados, vestidos de policías. Tomaron esa dependencia sin esfuerzo alguno porque dado el movimiento habitual en el lugar, sólo había de guardia una sargento de 40 años, a la que ataron con alambres a una silla. Mientras que el otro ladrón huyó con las armas -dos pistolas 9 mm, dos escopetas 12.70, tres ametralladoras FMK3 y chalecos antibalas- en un patrullero con cuatro cómplices y otro auto.
Desde allí fueron a pocas cuadras, hasta la puerta del Banco Credicoop, donde esperaba el policía de guardia que presta allí servicios adicionales. El patrullero arribó con las luces celestes de la sirena encendidas, y el guardia obviamente creyó que eran colegas. También a él lo redujeron y lo metieron dentro del móvil.
Los ladrones sabían que si estacionaban el patrullero junto a la vereda del banco el tesorero pensaría que todo estaba en orden. Es así que bajó de su auto y aparecieron los asaltantes, que lo redujeron en la puerta de la institución y mientras le apuntaban con sus armas lo obligaron a entrar a la sede.
Los nueve empleados bancarios que estaban en la sucursal fueron obligados a tirarse al piso. Llevaron al directivo del banco al tesoro y le pidieron que abriera la caja fuerte más chica, donde se guarda el dinero de la línea de cajas. Embolsaron unos 50.000 pesos y huyeron en los dos vehículos.
Unas dos horas después, apareció el patrullero robado en un camino rural cercano a Pueblo Esther. La Policía de la jurisdicción hizo un operativo cerrojo pero no pudo atrapar a los ladrones.
A pesar de ser General Lagos un pequeño pueblo, no es la primera vez que se registra una operatoria semejante: hace dos años un grupo de asaltantes tomó también la comisaría, donde robó un patrullero y ropa de los policías, para luego asaltar la sucursal del Banco Macro. Se llevaron unos 100.000 pesos.
Hay más: el 8 de mayo pasado hubo un asalto a la sucursal del Banco Municipal en Empalme Graneros, en el noroeste rosarino. Fue la tercera sede de esa entidad que fue blanco de robo en menos de un mes.
El fiscal general Jorge Baclini decidió unificar las investigaciones judiciales para indagar si existe relación entre los distintos golpes. En el caso que nos ocupa, evidentemente, hubo inteligencia previa, para saber que a la hora señalada la comisaría estaba vulnerable y actuaron unas cuatro personas.
No hay hipótesis firmes sobre el hecho por lo que los uniformados que se desempeñaban en la Subcomisaría Nº 13 -menos la oficial sometida al asalto- fueron pasados a disponibilidad. Esto habla de que hay serias sospechas de connivencia. Tampoco hay que descartar que se trate de una medida espasmódica para sosegar el malestar que hay en la población de Santa Fe; no olvidemos que allí se celebrarán elecciones generales el mes próximo y la inseguridad es el eje de todas las campañas políticas. No podemos presagiar si no fueran tiempos electorales cuál hubiese sido el destino de estos policías.
No sería descabellado tampoco pensar que alguno de esos robos tengan un fin recaudatorio de campaña; en nuestro país ya ha ocurrido lo de cometer este tipo de hechos como modo de financiamiento de otras actividades. Primero el ERP y luego Montoneros utilizaron la modalidad del secuestro extorsivo para hacerse de fondos que solventaran su actividad clandestina.
Por eso no deja de llamar la atención un reverdecer de los raptos en este tiempo en particular.
En nuestra ciudad también hay en estos días un pico de hechos delictivos. Más allá de casos perfectamente planificados como el que se detalla en la página 7 de la presente edición, hay un auge de robos que se caracterizan por ser ocasionales y de poca monta, lo que no morigera el mal momento para las víctimas pero redunda en que no se perfeccionen denuncias. Son casos de los que los vecinos tomamos conocimiento por el boca a boca porque los damnificados, satisfechos con haber preservado su integridad física, no exponen en comisarías ni quieren que se den a publicidad. Dicho de otro modo: todos nos sabemos y sentimos en una especie de lista de espera; cuando finalmente nos toca celebramos estar con vida y queremos olvidar lo más pronto posible el mal trago.
Así, todos contribuimos un poco a la impunidad, pero es lo que hemos aprendido: las denuncias terminan siendo un terrible trámite que pasa a engrosar archiveros y cajones.















