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Despidos, inflación y acuerdo con los fondos buitre

09 de marzo de 2016 a las 12:00 a. m.

Pese a que no hay información oficial, según las consultoras privadas, sobre un total de una población económicamente activa de 16.800.000 personas al tercer trimestre de 2015 (estimaciones de Fiel sobre la base de últimos datos disponibles del Indec) y 1.350.000 desocupados, los despidos de 2016 llegan a 107.000, lo que sumará más de medio punto porcentual a la tasa de desempleo (gente sin trabajo que busca trabajo).

Tengamos en cuenta que no se trata de un incremento de la desocupación por los desplazados del Estado, que los hubo, sino que más del 50 por ciento corresponde al sector privado. Sobre todo en la construcción pero también en autopartes, petróleo, comercio y minería.

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Cada persona que está desempleada implica una tragedia personal y familiar pero además repercute claramente en el mercado interno, familias que se van a casas de sus padres y dejan de alquilar, gente que gasta menos en todo lo que puede, suspendiendo lo menos necesario hasta quedarse con lo imprescindible. O sea que quienes, a simple vista, están ajenos al drama, como los cuentapropistas y rentistas, también son alcanzados. Al fin y al cabo, el empleador que prescindió de un obrero es porque ha disminuido su producción o le ha cesado el ingreso de trabajo. Este es el cuadro de una recesión, que nos abarca a todos pero que tiene su eslabón más débil en el empleado que queda desocupado. 

En estos casos, para comprender el fenómeno es necesario descorrer el telón de la economía y en una explicación claramente simplificada, entender que hoy se está pagando desde la enorme emisión monetaria del último año y medio que generó una inflación que no para, hasta el temor de los empresarios ante una apertura de importaciones que aún no se produjo. Para el industrial lo más importante es producir pero como es lógico hay que colocar esa mayor producción. En un país donde aún no está estabilizada la economía, con vaivenes de todo tipo, que le debe a los fondos buitre y no consigue una inversión externa ni del empresario más distraído, es impensable producir más y esto tiene directa relación con el empleo.

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Nos falta hoy lo mismo que hace años: inversiones que nos permitan crecer de modo genuino y además sustentable. No es poco para un país que hasta 2014 sostenía una cifra de empleo en base a buena parte del empleo público pero para que vengan inversiones, tenemos una encrucijada muy importante en estos días que es lograr que en el Parlamento se den las condiciones para pagar a los fondos buitre. Nadie presta ni invierte en un deudor. 

Esto implica terminar con un default selectivo por el cual la nota de la Argentina para invertir es altamente negativa. No es casual que cuando hace año y pico pagamos al Club de París una deuda que quedó pendiente, se intentaba que llegaran inversiones europeas. Sin embargo no llegó un céntimo, precisamente porque nuestro país figura como “moroso” en el mundo, lo que le impide incluso conseguir créditos blandos para infraestructura como obtienen otros países, desde Bolivia y de allí hacia arriba y debajo de Latinoamérica.

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Lo importante es que en la Argentina terminemos con la creencia de que los atajos en la economía dan resultado. La realidad demuestra que no es así, que si se emite dinero para empapelar Buenos Aires porque no hay dinero genuino en el Banco Central, la inflación será muy alta; que si no recreamos un clima de negocios estable no vendrán inversiones, ni créditos. Que la mezcla de ambas cuestiones, más al cepo cambiario y las restricciones a las importaciones, generan este cóctel explosivo que se está tratando de manejar.

Precisamente, mientras ingresamos en una incipiente recesión, se retrae el empleo como consecuencia directa, el dólar oscila en una banda entre 15 y 16 pesos y los salarios (con paritarias no concluidas) soportan la devaluación previa y posterior a la salida del cepo cambiario, que acumula un sesenta por ciento, hay que atravesar esta etapa de sinceramiento de la economía. Y esto implica los incrementos a los servicios subsidiados, que tanto pesan al bolsillo, porque ya no se pueden desviar tantos millones en subsidios, en un país donde lo que falta es, precisamente, plata.

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Sin embargo el modo de evitar mayores padecimientos es lograr que salgamos lo antes posible de la deuda con los fondos especulativos. En este sentido hay novedades interesantes: el martes se tratará en el Parlamento la emisión de deuda para pagar a los buitres y luego de varias idas y venidas, el macrismo logró un acuerdo. Este incluye al massismo y a los peronistas rebeldes que se fueron del Frente para la Victoria. En el Frente se refugian los k más duros y no aceptan ni siquiera dar el quórum para la sesión, número mágico que deberá obtenerlo Cambiemos con el apoyo de los sectores de la oposición con quienes se logró un diálogo positivo.

No vamos a dramatizar, como se acostumbra en la Argentina, ante cada situación económica, pero si se arregla el default selectivo atravesaremos esta etapa con menor ajuste, menos sufrimiento para todos los sectores y más posibilidades de bajar la inflación de a poco, a partir del segundo semestre del año, contar con fondos para obras necesarias de infraestructura y empezar a crecer. No es poco.

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