Desde lo alto…

Por Eduardo Vázquez /// Para la Redacción de LA OPINION
Hace poco encontré unas añosas fotografías que ya creía perdidas, y entre ellas estaba ésta que la tomó un amigo mientras mateábamos en el césped del aeródromo la tarde en que logré que doña Amelia, mi querida y muy asustadiza madre, diera un paseíto en el poderoso Douglas DC3. Precisamente hoy, 21 de enero, esta imagen me ayuda a recordar un capítulo más de nuestra pergaminense historia y, como es habitual, será un placer compartirla con ustedes.
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Resulta que Velardo Cadierno y su hijo Daniel tenían un taller mecánico en avenida Yrigoyen casi esquina Colombia. Dentro de él me prestaban espacio para hacer reparaciones de electromecánica, y en el saloncito del frente estaba el taller de instrumental del automóvil y velocímetros del recordado "Toti" Cosiloba quien además era piloto. Un día vino Medardo Andrade, que había sido campeón de paracaidismo, para que le reparen el marcador de combustible de una chatita Chevrolet 28 que utilizaba para su tarea de antenista. Estando el campeón allí surgió la charla sobre por qué se había disuelto la brigada de paracaidismo del Aero Club Pergamino, y qué bueno sería recuperarla. Al respecto Andrade nos contó que él seguía saltando y daba clases en Rosario y en la base aérea de Paraná; en cuanto a recuperar la actividad local, opinó que mucho mejor que reactivar una brigada sería crear un club de paracaidismo y que si había interés y eso se concretaba podríamos contar con él para dar instrucción. No pasó mucho tiempo y un buen día Cadierno padre me encaró decidido con la siguiente propuesta "Pardal" (así me apodaba él) ¿Te animás a que fundemos un club? Sorprendido por la pregunta le contesté Un club, ¿de qué? De paracaidismo y planeadores Me dijo. Entonces riéndome le respondí que yo no tenía ni idea de cómo se creaba un club. Pero se ve que mi amigo el mecánico ya había estado maquinado una idea porque añadió Vos no tenés conocimiento, pero tu viejo tiene mucha experiencia en llevar adelante instituciones, así que preguntale a él Así fue como le pedí asesoramiento a don Eros y ahí nomás invitamos a la comunidad para la asamblea de fundación que se realizó en la sede del Club Cruce de Caminos, un día como hoy 21 de enero pero del año 1972. Asistieron muchos pilotos y exintegrantes de la brigada de paracaidistas y a la hora de conformarse la comisión directiva, Velardo Cadierno, quien había sido el promotor de la iniciativa, fue elegido presidente y como los presentes me vieron labrar el acta de la reunión dijeron Este pibe tiene que ser el secretario Ja, ja Y así fue como iniciamos el Club Escuela de Paracaidismo y Volovelismo de Pergamino. Obviamente no teníamos avión, hangar, ni paracaídas, por eso informamos de nuestra creación a la Fuerza Aérea y por ser yo el secretario empecé a cartearme con el brigadier Agosti, a quien le mangueaba de todo. Al comienzo nos prestaban paracaídas militares y los fines de semana nos mandaban aviones, los cuales al atardecer regresaban a su base. Con el tiempo recibimos equipos para saltar, un avión Cessna y los fondos para comprar materiales y poder edificar un hangar. Todos los fines de semana chicos y chicas practicábamos aterrizajes saltando de una tarima, también trotábamos por la pista, cortábamos el pasto y hacíamos de albañiles. Por esos días el "Toti" Cociloba me dijo Vos estás haciendo el curso de paracaidista pero nunca volaste, así que el domingo volarás conmigo El avión que eligió para mi bautismo fue un PA 11 matrícula LV ZJM que se utilizaba para el curso de pilotos desde la época en que el Aero Club todavía estaba detrás del cementerio. El caso es que íbamos cobrando altura y cuando el Piper llegó a los mil metros, señalando hacia abajo "Toti" me dijo Mirá "Pardal", desde acá te vas a tener que tirar Lo hizo para darme confianza, ja, ja Poco después llegó el vuelo de mi primer salto y todavía me parece escuchar la enérgica voz de Andrade dando la orden de Prepararse ¡Salte! Claro que con semejante grito uno pensaba que si no saltaba, él lo tiraba, así es que todos saltábamos ja, ja Pero lo lindo era que superado el julepe inicial venía el disfrute de la altura, al poder maniobrar con libertad y convertirnos en privilegiados observadores de tanta inmensidad y belleza.
Los años pasaron y aunque lo de los planeadores no se pudo concretar, en cambio sí lo hizo el paracaidismo con muchos alumnos formados y varias competencias realizadas. En merecido homenaje a nuestro legendario y ya desaparecido instructor la entidad pasó a denominarse "Club Escuela de Paracaidismo Medardo Andrade". A veces cuando paso por el silencioso hangar me da pena ver inactiva la institución aérea que hoy cumple su 52° aniversario y ayudé a crear cuando solo tenía 19 añitos. Época linda en que nuestros juveniles sueños volaban muy, muy alto, pero con alegría y ganas los convertíamos en realidad. Ahora que me veo cachorro en la antigua fotografía, pienso que si hubiera podido guardar un poquito de tan abundante cabellera, hoy eso me resultaría de gran utilidad, ja, ja








