Democracia y educación: los pilares que hay que fortalecer
Hace unos días se celebró un nuevo aniversario de la Democracia, un acontecimiento que recreó los valores que encarnaba aquella primavera democrática de 1983 y habilitó reflexiones respecto de los logros y asignaturas pendientes que tiene la democracia en Argentina. En coincidencia con esa fecha tan cara a los sentimientos del país, y en un año sumamente particular para la educación que ha sufrido múltiples adaptaciones debido a la pandemia, se desarrolló en la Unnoba el acto de colación de grado en el que egresados de distintas carreras recibieron su diploma. El discurso en esa ceremonia que tiene en sí misma un fuerte valor simbólico, estuvo atravesado por el balance en torno a la democracia. Y se centró en la desigualdad como la gran deuda que este sistema político -que es el mejor además de perfectible- tiene aún para con la sociedad. El mensaje a los graduados fue más allá del hecho de instarlos a asumir el compromiso de retribuir a la sociedad el esfuerzo que ésta ha hecho para posibilitarles el acceso a la educación universitaria. En la voz de la máxima autoridad de la Unnoba, la interpelación fue hacia la sociedad y su dirigencia. Las consideraciones que se escucharon respecto de la pobreza y las dificultades en materia educativa pronunciadas en ese contexto, habilitan un debate sobre cuestiones que deben ocupar la agenda urgente. Solo una profunda transformación que vuelva a poner a la educación en el primer lugar de la prioridad puede resolver la desigualdad que afecta al país de modo estructural. Solo la vocación cierta de abandonar grietas estériles y establecer consensos es la llave que abre la puerta de políticas públicas de mediano y largo plazo.
Nadie discute que la democracia como sistema político y de vida es una conquista ganada. Sin embargo, la realidad que exhibe el país 37 años después de aquella primavera muestra también anhelos que no pudieron concretarse. Argentina posee indicadores sumamente difíciles de revertir en términos económicos y educativos.
Las mas leidas de Opinión
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
La naturalización de la pobreza en los actos de gobierno
La compleja situación económica y la falta de unidad
Tránsito peligroso: el vehículo como un arma y el individualismo como regla
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Más allá del porcentaje, la pobreza es un mal estructural. Y la mala educación, una tragedia que lleva mucho tiempo. Ambas cuestiones resultaron centrales en el discurso citado y son medulares al momento de establecer las prioridades que le marquen a la política el camino a transitar.
En este sentido, promover un debate que construya consenso, resulta condición innegociable para resolver cuestiones que ya no pueden esperar porque se agravan y tornan al país inviable. Y en esa discusión, la educación debe ocupar un lugar preponderante.
La pobreza, no circunscripta solo al número que suele discutirse circunstancialmente en las noticias, exige asumir un compromiso ético y social porque erradicarla es condición insoslayable para el desarrollo económico. Tal como se señaló en ese acto, hoy la pobreza no es inferior a la que existía en el país hace poco más de tres décadas cuando Argentina recuperaba sus instituciones democráticas. Y como si no bastara con este dato que alarma, el fracaso argentino se magnifica al contrastarlo con las experiencias del resto del mundo, donde en muchos lugares con características similares a las de Argentina se ha conseguido revertir indicadores vergonzantes e iniciar círculos virtuosos mejoradores de la calidad de vida.
De la mano de la pobreza, hay otro factor que contribuye a la desigualdad: la eterna crisis de la educación y el escaso espacio que ocupa en la escena pública. Datos aportados por el rector de la Universidad en su mensaje a los graduados refieren que antes de la pandemia el 50 por ciento de los estudiantes secundarios no se graduaban y hoy se ha podido constatar que en la pandemia el 40 por ciento de los estudiantes de primer año no retomaron actividades académicas regulares durante el segundo cuatrimestre. Es decir que una enorme masa de jóvenes solo este año perdió contacto con la escuela, con lo que ello significa en términos de posibilidad. Se torna urgente revertir esta realidad para que la sociedad no pierda su confianza en la educación y en las instituciones. Por conveniencia sanitaria, las escuelas estuvieron cerradas en un momento muy delicado de la historia del país. Y eso tiene consecuencias más allá de los esfuerzos realizados por docentes, familias y estudiantes. Quizás con las experiencias aprendidas en este fenómeno tan disruptivo, sea tiempo de volver a poner a estudiantes y docentes en el centro del debate de la educación y devolverles su protagonismo en la experiencia educativa.
La democracia y sus deudas; la educación y sus viejos problemas puestos en foco como nunca antes; y la pobreza con sus números bochornosos no son problemas distintos, son parte de una misma realidad y generan de-sigualdad.
Cada vez que se lesiona el sistema democrático con un atropello; cada vez que se ignora a un niño o un adolescente que queda fuera del sistema educativo y cada vez que se admite el hambre como realidad incorregible, algo de lo construido en 37 años de democracia se desmorona. Y eso resulta inadmisible, porque cuando sucede lo que tambalea es precisamente la base del sistema de vida que los argentinos hemos elegido.
El discurso pronunciado por el rector de la Universidad Nacional del Noroeste en el momento de entregar los diplomas a flamantes graduados y que fue el disparador de este comentario editorial culminó con una aseveración: La educación es la herramienta que resuelve de la mejor manera las desigualdades.
En un país sumamente desigual, quizás sea tiempo de apostar verdaderamente a la educación y recrear desde el consenso los pasos dados alguna vez por este país para instalarse entre los más promisorios del mundo. Tal vez recuperar esa senda nos coloque como Nación nuevamente en el umbral de aquellos anhelos que teníamos cuando recuperamos la democracia. Esta vez para cumplirlos.













