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De la queja a la acción, un camino que los pergaminenses no transitamos con frecuencia

14 de agosto de 2016 a las 12:00 a. m.

Normalmente, ante cualquier situación de disconformidad ciudadana que involucra al Estado, los vecinos reclaman al Municipio, porque es la primera unidad política a la que pueden recurrir. Incluso cuando la queja refiere a cuestiones como la seguridad o la educación, temas que son de competencia provincial o nacional y la solución nunca saldrá de las oficinas de calle Florida.

En cambio, cuando se trata de cuestiones urbanas, ambientales, vecinales y asuntos que hacen al funcionamiento o estética de Pergamino, la Intendencia debe responder. Eso, lo de esperar respuestas del Municipio, parece que lo tenemos muy en claro, pero lo que no terminamos de asumir es la parte que nos toca como parte de esta ciudad. 

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En esta relación contractual entre el pueblo y quienes fueron ungidos para administrarlo, hay dos partes, bien diferenciadas, cada una con sus compromisos: uno es, sin lugar a dudas, el intendente y su equipo de funcionarios; en la otra punta estamos todos nosotros. Las responsabilidades de los primeros están bien establecidas por carta orgánica y todo el cuerpo de ordenanzas; las de los hombres y mujeres de a pie, se sintetizan en cumplir las normas y el sostenimiento de la comuna, pagando los servicios públicos como barrido, alumbrado público, obras sanitarias. En medio, hay un punto en que no terminan de encontrarse  estas dos partes, lo que redunda en que la ciudad no esté en todo lo bien que podría estar, tratándose de un Municipio solvente. Y así como tantas veces desde esta página se critican acciones gubernamentales, de tanto en tanto, como hoy, viene el tirón de orejas a nosotros mismos, los ciudadanos.

Lo planteamos al inicio de nuestro informe de las páginas centrales: es abundante la queja en conversaciones de vereda, de bares, de colas de bancos, pero no se traducen en igual escala ante quien debe dar la solución. A veces, ya ni siquiera nos expresamos ante lo feo o improcedente, directamente lo naturalizamos, como cuando transitamos por una cuadra y sabemos que hay un bache: lo esquivamos y seguimos, cuando en realidad debiéramos informar a las autoridades para que lo reparen. 

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En esta distancia a la que referimos, en que no terminamos de encontrarnos autoridades y ciudadanos, el Municipio ha dado grandes pasos de acercamiento; los vecinos, algunos más pequeños, “baby steps” (pasitos de bebés) dirían los angloparlantes. La incorporación de tecnología que ha hecho la gestión de Martínez es notoria, tanto en lo que respecta al orden interno, como lectores digitales para control del personal, como de utilidad estratégica, como el portal con información georreferenciada. Y especialmente, en la relación con los vecinos, a través de “Unico”, el sistema digital de prestación de salud (que se ampliará para incluir los beneficios sociales) y la renovación total del servicio de Atención al Vecino, conocido como 147. 

Con la línea telefónica gratuita, la página Web, una oficina de atención al público que funciona hasta las 21:00, una aplicación para teléfonos celulares que hasta permite ilustrar con fotos el problema en cuestión, sumar adhesiones y seguir el estado del trámite desde un cómodo sofá, están dadas las condiciones para que aquello que vemos y está mal, aunque no nos afecte directamente, lo informemos y encuentre su solución.

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¿Qué más queremos los pergaminenses para involucrarnos?  Con tanto por hacer y tanta queja que se escucha y lee por las redes sociales, lo curioso es que todavía es un sector minoritario de vecinos que utiliza el 147, si se relativizan las cifras que brindan sus responsables.  

El sistema es útil y está disponible, lo pagamos entre todos para que nos brinde soluciones a todos. 

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En Pergamino abundan los celulares de alta gama entre adultos, adolescentes y hasta niños, de modo que todos cuentan con el aparato necesario para bajar la aplicación gratuita, sacar una foto y enviar su reclamo. En pocos días se bajaron miles de aplicaciones para jugar al Pokemon, lo que es por lo menos peligroso, porque quienes lo usan se concentran en un juego en plena calle con presumibles consecuencias. Lo que no vemos es la misma adhesión de la aplicación del 147 de reclamos de la Comuna (200 en un mes), cuando debiera ser la primera herramienta de participación ciudadana, que no tendría que faltar en el teléfono de ningún vecino. 

Paralelamente tenemos otras actitudes urbanas, una más leve pero no constructiva que es la de criticar, estilo mesa de bar (sin estigmatizar a quienes toman café), seguir criticando pero no atinar a aprovechar las herramientas que nos ofrece el Municipio para poder acceder a las soluciones. Es una costumbre muy argentina la de la crítica sin actitud de resolver la cuestión. 

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En realidad no es obligación del vecino arreglar una pérdida de agua callejera, pero sería muy interesante si se avisara al 147 de este problema, porque la realidad es que aun estando atentos la Municipalidad no siempre ve todo lo que sucede. Una calle con un bache nuevo (o viejo), una cañería rota, calles sucias, basura sin recolectar. Cuestiones que son muy incómodas para el vecino y que, en lugar de refunfuñar o naturalizar, se podrían solucionar con apenas una colaboración de enviar su queja por la Web, llamando al número de reclamos o personalmente en las oficinas. Porque el Estado no puede ser omnipresente, necesita de nuestros ojos y advertencia de lo que no está funcionando como es debido en la ciudad. Además de pagar las tasas, esto es también nuestro deber.

Y si hay algo que no cumplimos los pergaminenses en este contrato social es precisa e irónicamente mucho de lo que hace que después nos quejemos. Tenemos un sistema de recolección de residuos casi sin fisuras, pero no respetamos días y horarios, hay tachos en la Peatonal pero seguimos tirando todo en el piso; tenemos mascotas y no nos hacemos cargo de su suciedad. La pregunta es: si limpiamos las heces del perro en el hogar, ¿por qué consideramos que no debemos hacerlo en la vía pública? Si cuando se rompe un cerámico de la cocina corremos a comprar otro para reponerlo, ¿por qué no hacemos lo mismo con la vereda? Por un lado, porque lo que es de todos no es de nadie y actuamos en consecuencia. Y también porque, como planteamos más arriba, creemos que pagar una tasa municipal es nuestra única obligación y compromiso, de ahí en más todo es responsabilidad del Municipio.

Todo lo que no hacemos en casa, lo hacemos en la calle, cual si no fuera también nuestro hogar. Y responsabilizamos al Municipio por las consecuencias que nuestros propios actos tienen. Luego, paradójicamente, cuando el Municipio pretende hacerse cargo de ello y de lo que en general le compete, fortaleciendo e invirtiendo en la atención de los reclamos, no recurrimos a los canales establecidos y nos limitamos a quejarnos. Rara avis los pergaminenses. Lo lógico sería: primero, ver; segundo, reclamar y tercero, si la respuesta no aparece o es insuficiente, quejarnos. En ese orden. 

Deberíamos asumir mayor compromiso, y darles valor tanto a los bienes, cuidándolos, como a los servicios municipales, utilizándolos. 

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Hay que discar más seguido el 147, bajar la aplicación, tomar fotos, apersonarse en las oficinas y buscar allí las soluciones que pretendemos. Ahora, si una vez actuado de esta forma no hay respuesta, sí señor vecino: quéjese con ganas y con razón.

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