Dardo Forti presentó un artículo en el que cuenta su vida “desde los errores”

El militar retirado oriundo de Arroyo Dulce que participó en la Guerra de Malvinas sigue con su tarea de ayudar a partir de su experiencia. En ese plan, redactó Erra y aprende hijo. Creo que le puede servir a alguien, por ejemplo, a cumplir su sueño, expresa quien brinda conferencias en colegios secundarios y a gerentes sobre lo que significa conducir personas.
DE LA REDACCION. El teniente coronel retirado Dardo José Forti, oriundo de Arroyo Dulce y que participó de la Guerra de Malvinas, continúa con su tarea de brindar una ayuda a personas a partir de su experiencia de vida. El autor del libro Hasta el último día: logística, la otra Guerra de Malvinas y del documental Intendencia en Malvinas, otra dura batalla dicta conferencias desde hace muchos años a adolescentes que cursan el último año del secundario denominadas Planear el futuro. En ese camino de seguir ayudando Forti, de 63 años, redactó el artículo Erra y aprende hijo.
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Hace unos años escribí 30 acciones que cada tanto releo, que me permitieron lograr lo que yo quería en la vida, por supuesto con una cuota de sacrificio importante y luchando contra la negativa de la gente. Y no hace mucho, leyendo un libro el autor se refería a los fracasos, me dije yo también fracasé muchas veces; me puse a escribir y en horas conté mi vida desde los errores y creo que esta experiencia le puede servir a alguien, por ejemplo cuando no se apunta alto o no se sueña más sabiendo que es posible. Soñar y cumplirlo no tiene precio: yo soñaba de chico en mi pueblo con ser importante y ahora tengo un monumento en vida, le contó ayer a LA OPINION quien formó parte de la campaña de Malvinas como subteniente del Regimiento de Infantería Mecanizado Nº 3 de La Tablada.
A Forti la Guerra de Malvinas lo marcó para siempre y considera que fue una experiencia importante. Recuerda: Apenas me recibí en el Colegio Militar tuve que vivir la experiencia de Malvinas, una experiencia importante para un militar; sin analizar la desgracia de la guerra, a mí me resultó muy satisfactoria desde el punto de vista de la conducción de personas, tengo el privilegio de ser amigo de mis soldados, algo que no lo tiene mucha gente.
Luego de la Guerra estudió en la Uade (Universidad Argentina de la Empresa) y hace unos años hizo un postgrado en la UCA (Universidad Católica Argentina) en el área que más le gusta, recursos humanos. Actualmente reside en Arroyo Dulce, donde hace 14 años fundó una biblioteca. Desde pequeño en su pueblo soñaba ser militar. Cuando me recibí puse en práctica lo que había soñado, entré en acción que creo que fue lo que me caracterizó durante toda la vida, expresó. Sobre las conferencias que dicta en diferentes lugares del país, explicó: Ayudo con cuatro o cinco herramientas clave que me dieron resultado, por ejemplo tener claro el objetivo, hablo de la actitud, de los miedos. Cobro, pero si el colegio no me puede pagar voy gratis, también les hablo a gerentes sobre lo que significa conducir personas.
Mi vida desde los errores
Forti compartió con el Diario su artículo Erra y aprende hijo, que se publica a continuación: Me equivoqué en dejarme arrastrar por tentaciones y también por lo superficial que mi vida fuera a veces, cuando tendría que haber buceado, aun con los riesgos ya sabidos. Me equivoqué por dejarme llevar, más por el brillo del oro que por el resplandor del sol, aun sabiendo el error en esta elección. Me equivoqué en no reconocer la diferencia entre estatus y amor y en ser consecuente a costa de ser feliz.
Me equivoqué en alimentar expectativas ignorando el dolor que ello provoca. Me equivoqué en decir sí, cuando era mejor un no, y también me equivoqué en decir no, cuando lo grandioso hubiese sido un sí. Me equivoque en no soñar más, sabiendo que era posible. Me equivoqué en creer y no desconfiar, pero mucho peor, fue desconfiar cuando tendría que haber creído.
Me equivoqué en pensar que no había límites y transgredí fronteras. Me equivoqué en convivir con miedos que año tras año me hacían prisionero, y decidí enfrentarlos, como único remedio. Me equivoqué por demasiada seriedad cuando tendría que haber reído y viceversa. Me equivoqué cuando regalé esperando y lo peor, que me sigo equivocando, porque aun espero. Me equivoqué cuando mezclé trabajo con placeres mundanos y amistades oportunas que pronto se esfumaron, me equivoqué con hechizos cotidianos en el minuto a minuto de mi vida y hoy recién lo descubro cuando veo más hiel que miel en lo extraído.
Me equivoqué cuando apunté bajo, pudiendo apuntarles a las estrellas, aunque al final apuntando, el impacto solo sea aquí en la tierra. Me equivoqué cuando olvidó los rezos que fueron un escudo en la impensada guerra. Me equivoqué cuando no dije gracias, por pequeño que haya sido el hecho. Me equivoqué en esperar promesas, o en la llamada que faltó a la cita, cuando el secreto es dar, dar yo sin recompensa. Me equivoqué en no pedir perdón, a pesar que siempre he perdonado. Me equivoqué cuando no pude ponerme colorado y gritar mi verdad aunque doliera.
Me equivoqué de médico pero gané un amigo. Me equivoqué cuando queriendo, no pude ser honesto, cuando juzgué sin tener a mano la evidencia. Me equivoqué en no compartir más tiempo con mis hijos, sin saber entonces lo irrecuperable del tiempo.
Me equivoqué cuando pretendí adelantar el tiempo, sin recordar lo sabio del adagio, al tiempo, tiempo. Me equivoqué en maltratar cien veces a mi cuerpo, y hoy que quiero equilibrarlo tengo que redoblar esfuerzos. Me equivoqué con gestos de soberbia y olvidarme que Jesús, me dio su mano varias veces. Me equivoqué en demorar acciones, que permitieron crecer a la maleza.
Me equivoqué a la hora del balance por el desorden del haber y el debe. Me equivoqué en caminar mi vida, hasta ayer con exceso de equipaje. Me equivoqué en dialogar tarde con mi padre, ahora ya no puedo, porque partió con todos sus secretos. Me equivoqué cuando por prisa y por urgente, desconecté mi intuición y mis oídos. Me equivoqué cuando al agravio, quise ganarle con más agravio y a los gritos y recién hoy comprendo, más que solución, nos perjudica. Me equivoqué en ignorar la envidia, que inundaba mi ambiente de trabajo, cuando lo descubrí, fueron pocos los sobrevivientes del naufragio.
Me equivoqué en inventar excusas, justificando mi falta de coraje, ahora soy yo, original, digo lo que siento, no importa lo que pase.
Me equivoqué en vivir la vida, ocultando verdades del pasado, pero un día dije basta, escribí y conté lo que sentía y desde entonces, hay aplausos y veo gente agradecida.
Me equivoqué cuando le faltó entusiasmo a mi proyecto, sin saber que era la llave, la herramienta esencial para el progreso. Me equivoqué en dar consejos que nunca me pidieron, pero hoy veo con el correr del tiempo, germinar semillas en áridos desiertos.
Me equivoqué cuando reí a veces de la gente, y me perdí lo más sublime de la risa, ahora me río de mí y con la gente. Me equivoqué en mezquinar te quiero y en ser remiso en el reconocimiento, cuando hoy descubro a los sesenta y pico cuanta hambre y cuanta sed de afectos.
Me equivoqué en guardar elogios, en no prestarles mis oídos a los abuelos, sabiendo que es tarde, siempre tarde, en el sepulcro hablarles en silencio. Me equivoqué cuando quise solo enfrentar la vida, hasta entender que solo será muy pobre el camino recorrido. Me equivoqué cuando pudiendo avanzar no lo hice, solo por no tener claro el objetivo. Me equivoqué en llegar a veces, hasta el mismo borde del abismo, pero entendí que hay que remar la vida, que aunque oscuro se vea el horizonte, siempre habrá salida. Me equivoqué cuando creí que en el Estado, el mérito era el gran capital, el valor agregado, y vi a lo largo del camino que son otros los valores que te ayudan a escalar peldaños.
Me equivoqué en donar horas y horas de oficina, me perdí Dios sabe cuántas cosas, y el día que decidí marcharme, me despidió la soledad más horrorosa. Me equivoqué cuando algún tsunami impactó de lleno en mi existencia, lo engreído y el morir de pie, están muy lejos de salvarnos la vida. Me equivoqué en no pedir ayuda, por orgullo, por miedo o por cobarde, sabiendo que el dolor o la tristeza, no son tantos, cuando uno se anima y lo comparte.
Me equivoqué en matar las mariposas, que por miles recorrían mi calle. Hoy cuando veo solo una, me arrepiento y abro los portones, y la invito a casa. Me equivoqué muchas veces con amigos y me deje llevar por el hielo y el humo del tabaco, me costaba entenderlo y otro tanto el cambiar de ámbitos. Sí, me equivoqué por no compartirlo antes, porque el árbol me tapó el paisaje, es que recién entendí, que lo aprendido y logrado, fue gracias a que la vida, me dio dos únicos premios, vivir y errado.
















