Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
BuscaLOLO365
Importados

Cuidados a la hora de conducir con un alerta meteorológico

26 de febrero de 2014 a las 12:00 a. m.

“De la tierra subí al cielo, del cielo bajé a la tierra, mojo tus cristales, asusto siempre al sol, hago que te diviertas, a unos los disgusto, a otros mantengo y les doy vida”.

“No ves el sol, no ves la luna, y sí estás en el cielo no ves cosa alguna”.

Publicidad

“Aparece por delante, por los lados, por la espalda, vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos, y no lo ves ni lo tocas”. 

En un accidente entran a jugar causas que no podemos controlar ni anticipar y que, por más cuidadosos que seamos, nos terminan afectando porque no somos los únicos actores de la situación; frente nuestro, al costado, adelante o atrás, tendremos otra u otras personas que están actuando según su circunstancia, según el estado del vehículo que conducen y según otros imponderables que no estamos en condiciones de conocer. 

Publicidad

De ahí que puede producirse un accidente vial no buscado ni querido porque se produjo involuntariamente, resultó un daño para otros y se convirtió en un suceso eventual que alteró el orden regular y previsible. 

Se produjo por obra de la casualidad, se combinaron circunstancias que no se pueden prever ni evitar.

Publicidad

Diferente es aquel hecho que se produce porque hubo una causa, se produce por causalidad, tuvo un origen, un principio que puede pasar desde un conductor irresponsable que ignora intencionalmente todas las normas, hasta el estado de caminos y rutas mal mantenidas por descuido de los organismos encargados de la manutención. Y aquí sí podemos referirnos a un siniestro porque el siniestro según la definición de la Real Academia Española, es la propensión o inclinación a lo malo; resabio, vicio o dañada costumbre que tiene el hombre o la bestia. 

En definitiva, hay un conjunto de situaciones que hacen que, aun conociendo las normas, un individuo o una sociedad, deciden ignorarlas, lo que los sitúa al nivel de las bestias, no importa a quién ni qué se afecte, no hay solidaridad con el otro. 

Publicidad

Este pequeño comentario, es necesario hacerlo, ya que más allá de considerar y reconocer nuestras grandes fallas a la hora de manejar, hay situaciones en las que debemos tener una precaución diferente: precipitaciones, bancos de niebla, y zonas ventosas. Ahora conocemos el resultado de las adivinanzas. 

 

Publicidad

En días de lluvia

Hay personas que no modifican su forma de conducir cuando empieza a llover, de hecho los coches están diseñados para que en su interior cada vez menos sintamos las inclemencias del tiempo o los agentes externos que puedan afectar al confort en el habitáculo del coche. Los mismos, son cada vez menos ruidosos, todo se automatiza, la amortiguación  absorbe también las imperfecciones del suelo que apenas sentimos el estado del mismo. Todo esto tiene sus indudables ventajas, pero también sus inconvenientes, entre ellos precisamente el de pensar que aunque afuera llueva, todo sigue igual, pero esto no es así.

Con la lluvia, se forma una mezcla de agua, grasa y polvo que conforman una mezcla muy deslizante, si a esto le sumamos que la visibilidad desciende notablemente, los accidentes están “servidos”, de hecho, cuando llueve, más suben las estadísticas de accidentes.

¿Cómo debo conducir bajo la lluvia? Pues con sentido común, se trata simplemente de seguir unas reglas básicas: Desciende la velocidad, por lo anteriormente dicho, el coche no reaccionará igual ante un imprevisto que si el suelo estuviera seco.

Publicidad

Ojo al de adelante, primero porque si tuviera un accidente se tiene muchas posibilidades de seguirle los pasos, por lo tanto debe incrementarse la distancia de seguridad. También evitar que toda el agua que arroja hacia atrás desde sus neumáticos vaya a parar al  parabrisas, y normalmente suele ser agua sucia.

Pensar en el de atrás, evitar movimientos bruscos, frenazos, etcétera. Cuidado con  los cambios exigidos de dirección, los neumáticos pueden patinar.

Antes de arrancar pensar que los cristales se empañarán debido a la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior del coche. Deja ya orientada la salida de aire hacia el parabrisas. En este sentido lo mejor es el aire acondicionado que trata de igualar la temperatura del interior del cristal con su cara externa, acelerando el desempañamiento.

Cuidado con las frenadas, preferible frenar mediante pisadas cortas que una larga y potente, secarás mejor las pastillas de los frenos y evitarás bloqueos en las ruedas.

Publicidad

Las luces encendidas, facilitarás que te vean.

Cuidado con los charcos, no sabés la profundidad del mismo y además puede entrar agua en el motor produciendo una avería.

¿Y del coche, qué debo revisar? Neumáticos, existencia de buen dibujo y buena presión para mejorar el agarre. Los amortiguadores deben estar en perfecto estado, afectan a la geometría del coche, a las distancias de frenado y estabilidad en curvas. Luces en condiciones, basta un minuto para comprobar que funcionan correctamente. También controlar las escobillas de los limpiaparabrisas.

Si hubiera rayos, lo más seguro es que si cayera alguno en el auto, se desplazaría por la carrocería hasta los neumáticos, los mismos tienen una carcasa metálica que con el agua se convierten en conductores de la electricidad, llevando el rayo hasta el suelo.

 

Conduciendo con neblina

La niebla es un fenómeno climático que reduce la visibilidad a menos de un kilómetro. Ante su presencia se hace imperioso manejar con las luces encendidas, disminuir la velocidad y tomar distancia prudente del vehículo precedente sin perderlo de vista. 

La niebla aparece generalmente en zonas suburbanas y cercanas a ríos, lagunas o inundaciones, aunque cada tanto se observa también en la ciudad. Se presenta principalmente entre el crepúsculo y la primera mañana, pero puede surgir de improvisto y a cualquier hora del día. 

Publicidad

En invierno es más habitual pero también puede manifestarse en estaciones más cálidas provocando complicaciones y caos en el tránsito de calles, rutas y autopistas.

Se genera por una diferencia de temperatura entre el aire y el suelo, reduciendo la visibilidad a menos de un kilómetro -el 10 por ciento de lo normal- y constituyéndose en una trampa que puede resultar mortal para los conductores desprevenidos. A medida que aumenta en densidad y espesor sus efectos se potencian. Y en varias ocasiones su irrupción es repentina e inesperada en forma de “bancos de niebla”, lo que multiplica el riesgo de accidentes.

Se recomienda adoptar una serie de conductas preventivas para contrarrestar estos peligros: circular en todo momento con las luces bajas encendidas. Si el vehículo posee faros antiniebla traseros y delanteros, prenderlos. De lo contrario, pisar suavemente y con cierta frecuencia el pedal de freno, para reforzar el poder lumínico de las luces posteriores.

Si la niebla es muy densa, encender las balizas. No usar las luces altas, que pueden enceguecer a otros conductores y acortar el campo visual.

Disminuir la velocidad antes de ingresar a un banco de niebla. De esta manera baja el riesgo de provocar los tan temidos choques en cadena.

Circular por la derecha y no estacionar nunca sobre la banquina.

Publicidad

Permanecer lo más alejado posible del vehículo precedente, aunque sin perderlo de vista. Y no intentar sobrepasarlo en ningún momento.

Viajar con las ventanillas bajas, agudizar los sentidos y mantenerse expectantes a las situaciones inesperadas que pudieran surgir afuera. 

 

Zona ventosa

Este fenómeno puede influir en la circulación de diversas formas, siendo lo más peligroso el encontrarse con vientos laterales cruzados que pueden llegar incluso a producir la pérdida de dominio del rodado y la ulterior salida de calzada o vuelco.  A efectos de poder enfrentar y atenuar esta situación se aconseja: disminuir la velocidad dentro del mínimo y máximo previsto para cada tipo de vía. 

Sujetar con firmeza el volante y girar el mismo contra el viento corrigiendo los desvíos que produzca en la marcha. Limitar los adelantamientos, pues durante su desarrollo el rodado sobrepasado puede generar o liberar las ráfagas y con ello desestabilizar el vehículo. Cerrar las ventanillas pues puede generarse remolinos dentro del rodado o ingresar elementos que puedan afectar la visión del conductor (tierra, piedritas sueltas, etcétera.). Estar atento a señalización específica que pueda advertir zonas con habituales ráfagas de viento. 

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...