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Cuatro décadas de la democracia que tanto nos costó

02 de noviembre de 2023 a las 12:00 a. m.

El 30 de octubre de 1983 se celebraron las elecciones nacionales que abrieron, de par en par, las puertas al regreso de la democracia. Ese día, el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Ricardo Alfonsín, se impuso en las urnas en una jornada que marcó el final de la última dictadura militar. A 40 años de aquel acontecimiento histórico, el legado político del hombre de Chascomús conserva toda su vigencia.

En el acto de cierre de su campaña electoral, que se celebró en el Obelisco, Alfonsín habló ante una multitud que festejaba el retorno de las libertades democráticas. "Se acaba la dictadura" dijo y recordó que el largo camino a recorrer debía contar con "el esfuerzo de todos, absolutamente todos los argentinos". Más adelante, haciendo gala de su oratoria, agregó: "En todas partes he dicho y permítanme que lo repita hoy, porque es como un rezo laico y una oración patriótica. Que si alguien distraído al costado del camino, cuando nos ve marchar nos pregunta ¿Cómo juntos? ¿Hacia dónde marchan? ¿Por qué luchan? Tenemos que contestarle con las palabras del preámbulo de la Constitución Nacional. Que marchamos, que luchamos para constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino".

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Después de siete años de terrorismo de Estado y de la derrota en la guerra en Malvinas, en 1983 la ciudadanía tuvo la oportunidad de expresar su voluntad en las urnas. Tras conocerse los resultados de los comicios, Alfonsín fue entrevistado por medios nacionales y extranjeros. "Es una fiesta de la democracia. Nace una Argentina distinta", afirmó en un momento en el que no se percibía el enorme esfuerzo que demandaría consolidar un sistema que había sido criminalmente debilitado durante la sangrienta dictadura. Años después vendrían acontecimientos críticos para el régimen democrático, como la hiperinflación, los levantamientos carapintada y la crisis de 2001, entre otros acontecimientos que lo pusieron a prueba y que, debe reconocerse, sirvieron para generar anticuerpos en la sociedad argentina. Fue el difícil camino recorrido el que enseñó a toda una sociedad la importancia de luchar contra la censura, defender el pluralismo de ideas, respetar el principio de mayoría y asegurar la transparencia de los procesos electorales. Esa conciencia colectiva persiste aún hoy, en momentos en los que el país atraviesa una coyuntura difícil. Es lo que explica que desde 1983 hasta la fecha el orden constitucional no haya sido alterado.

Como hemos señalado ya en otras oportunidades en esta columna, nadie se imaginaba, por ejemplo, en diciembre de 1985 cuando se dictaron las condenas a cinco de los nueve integrantes de las tres juntas militares de la última dictadura, y máximos responsables del terrorismo de Estado que había sufrido la Argentina, que aquella frágil e incipiente democracia llegaría cuatro décadas después mostrando una sociedad civil fortalecida y movilizada, con suficientes anticuerpos para ayudar a resolver las tensiones dentro del régimen constitucional.

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La continuidad democrática no es, entonces, fruto del azar. Es la suma de voluntades que dijeron nunca más al terrorismo de Estado y que aceptaron el enorme desafío de construir una sociedad más justa. De esa manera fue posible que la Argentina dejara atrás los golpes de Estado y que inaugurara un nuevo camino basado en la sucesión pacífica del poder, que puso fin a décadas de inestabilidad política. Y en esa epopeya democrática, Raúl Alfonsín, con aciertos y errores, desempeñó un rol fundamental. Y eso es reconocido incluso por personalidades políticas de países de la región, como por ejemplo el ex presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, quien afirmó en varias oportunidades que la figura de Alfonsín representó un nuevo rumbo para todos los países de la región.

Hoy, en nuestro país, hay una nueva generación de dirigentes. Para tener una idea del cambio generacional que presenciamos, se puede señalar que los dos candidatos que participarán del balotaje del próximo 19 de noviembre transitaban en 1983 la adolescencia temprana: Sergio Tomás Massa tenía 11 años y Javier Milei, 13. Es de esperar que, quien resulte electo próximo presidente de la Nación logre saldar las deudas que todavía tiene nuestra democracia.

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