Cuando la fuerza de la Naturaleza muestra su peor cara
Los sucesos que arrecian a varios partidos bonaerenses por la implacable crecida de las aguas producto de las lluvias, los huracanes que azotan la zona del Caribe y el terremoto en México que conmueve al mundo, ponen una vez más sobre el tapete la vulnerabilidad que padecen las comunidades cuando la fuerza de la Naturaleza se hace presente. Algunos sectores están más expuestos que otros por ubicación geográfica, pero ninguno está exento de padecer un fenómeno que ponga en vilo a sus habitantes. Fuertes tormentas, vientos, sismos, terremotos, inundaciones están presentes periódicamente en determinados puntos del planeta y su gente, de alguna manera, está preparada para sobrellevar el inconveniente. Pero todo se torna más complejo cuando una comunidad es sorprendida por alguno de estos fenómenos. Los pergaminenses recordamos una situación de este tipo, cuando el 7 de abril de 1995 la ciudad amaneció inundada como nunca antes vista y aún con el agua dentro de las casas y las calles como si fueran ríos caudalosos, la gente no lo podía creer. No había ni la más remota imaginación de que algo semejante podía ocurrir. Pero sucedió y desde entonces hay un antes y un después, porque a las obras que se concretaron en estos más de 20 años para evitar o paliar situaciones semejantes, se sumó la conciencia ciudadana de que en esta tierra privilegiada, también pueden ocurrir fenómenos naturales complejos.
Hoy es el turno de distritos cercanos, como Rivadavia, General Viamonte, Lincoln, entre otros. Es decir que una amplia franja de la provincia de Buenos Aires se encuentra en emergencia por causa de las copiosas precipitaciones que desbordaron ríos y arroyos.
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Todos esos partidos cuentan con una rica historia en materia agrícola y ganadera y ahora, con este nuevo inconveniente entre tantos que viene padeciendo el rubro por las sistemáticas políticas desacertadas del gobierno kichnerista para el sector, vuelve a tocar fondo. De hecho muchos productores aún no pueden terminar de calcular hasta dónde llegará el impacto, pero todos hablan de una importante mortandad de animales y de miles de hectáreas improductivas por años.
En todos los casos hay un común denominador: las abundantes lluvias durante los últimos meses y las obras o mantenimientos que no se hicieron para prevenir inundaciones. Pero al mismo tiempo cada sector tiene su particularidad de por qué se inundó, y deben ser sus autoridades locales, con la anuencia de los funcionarios provinciales y nacionales los que, de manera urgente, tomen cartas en el asunto para evitar inconvenientes futuros. Porque esos problemas no son solamente pérdidas materiales, sino que con el agua también se van cuestiones afectivas, días de clases y jornadas laborales, merma de la producción y una larga espera para que se recobre el ritmo.
Pergamino no está exenta de volver a padecer un fenómeno meteorológico que pueda alterar a la comunidad, pero vale recordar que se hicieron muchas obras y otras están en vías de ejecución que ayudarán al escurrimiento de las aguas en el caso de que se produzcan lluvias abundantes. Mientras, se esperan novedades sobre la futura represa aguas arriba, una obra impensada hasta hace poco pero que apareció en el imaginario de lo posible a partir de las promesas de la actual gobernadora, María Eugenia Vidal.
En muchos casos es la mano del hombre la que, con su accionar durante años, fue modificando ciertos comportamientos de la Naturaleza. Las nuevas técnicas agrarias que hacen que el suelo no absorba el agua de lluvia como lo hacía antes con la labranza tradicional; las construcciones de inmuebles en valles de inundación; la permanente pavimentación de calles; la tala de montes, entre otras acciones, hacen que el agua de las precipitaciones no se canalice a través de sus conductos naturales y, en consecuencia, avance sobre las ciudades o los campos que antes no se inundaban.
La Naturaleza en estos casos demuestra que, mal que nos pese, podemos controlar muchas cosas en el mundo en el que vivimos, pero las fuerzas de los mares, los vientos, las aguas y las montañas, todavía son materia ajena. Y aunque algunos fenómenos, con el avance de la tecnología, ahora pueden preverse, como el reciente huracán Irma en la zona del Caribe, otros siguen siendo totalmente impredecibles, como el terremoto que acaba de suceder en México.
Sucede que hemos ido perdiendo respeto a la Naturaleza, hemos olvidado pese a que cada tanto nos lo recuerda- que no tenemos control sobre los elementos y es así como hemos lastimado nuestro medio ambiente generando diversos problemas extra a estas expresiones naturales, como el efecto invernadero, la ruptura de la capa de ozono, el calentamiento global.
Esta falta de cuidado de nuestro medio ambiente, sumado a las fuerzas incontrolables que la Naturaleza exhibe cada tanto, habrán de complicar cada vez más el mundo en que vivimos.
Quizá haya llegado la hora de respetar un poco más nuestro hábitat y tomar muy en serio esa fuerza de los elementos que, desde los comienzos del mundo, el hombre ha tratado de dominar sin éxito.













