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¿Cuándo comprenderemos que conducir bien es cuestión de vida o muerte?

27 de diciembre de 2018 a las 12:00 a. m.

En la época de las Fiestas, a la par de las celebraciones, siempre se suceden tragedias, en razón que se incrementa la circulación de los ciudadanos para reunirse con sus parientes y las rutas inseguras de nuestro país, las fallas humanas hacen el resto.

Un choque terrible enlutó a la provincia de La Pampa el martes navideño. Poco después del mediodía, una SUV Mercedes Benz y un Peugeot 206 colisionaron cuando el conductor del último vehículo quiso doblar en “U” sobre la ruta nacional Nº 5. No se puede creer tanta temeridad, que terminó provocando una tragedia con los seis ocupantes del Peugeot que murieron en el acto. Privilegiar en este caso la rapidez de un retome espontáneo ante el error en el trayecto por sobre unos kilómetros más hasta un cruce o rotonda propicia para la maniobra significó la muerte de una familia. Así de sencillo: conducir como es debido, acatando todas las normativas para un tránsito seguro es la diferencia entre la vida y la muerte.

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Todas las víctimas, tres mayores (entre ellos una embarazada) y tres menores de edad, iban en el auto embestido, el Peugeot. El conductor del Mercedes resultó ileso, pero sin dudas su vida también resultó diezmada por haber sido parte de la muerte de una familia completa.

Los peritos policiales confiaron que el Peugeot -que salió desde Santa Rosa, hacia el este- retomó la ruta nacional Nº 5, pocos metros después de pasar el cruce con la ruta provincial Nº 7. El conductor no advirtió que detrás suyo y alta velocidad, venía un Mercedes Benz SUV que lo impactó en el costado izquierdo.

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Además, tres personas murieron, dos de ellas niños de 10 y 3 años, y al menos una docena resultó herida al desbarrancar este domingo un colectivo con 45 pasajeros y dos tripulantes en la ruta nacional Nº 7, cerca de la localidad de Uspallata, en la alta montaña mendocina.

El conductor, lisa y llanamente, confesó que se quedó dormido. No se encontraba alcoholizado, según demostraron los estudios en sangre, pero sí muy cansado. La fiscalía lo imputó por el delito de “homicidio culposo agravado”. La fiscal de Tránsito Liliana Giner, a cargo de la causa, se encuentra a la espera de las pericias realizadas al vehículo, así como el análisis del tacómetro para saber cuál era la velocidad a la que circulaba el micro.

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Otra vez una falla humana en un sector peligroso de ruta trae la tragedia y la excusa y hasta el pedido de disculpas por haberse dormido, nada remedia para aquellos que perdieron a sus hijos en el accidente.

Un nene de dos años falleció este martes al mediodía luego de ser atropellado por una camioneta 4x4 en una playa de la ciudad de Necochea. El hecho ocurrió cerca del parador Karamawi, exMédano Blanco, que está dentro de los habilitados para el tránsito de vehículos por la playa. El día había sido extremadamente caluroso, por lo cual las playas se hallaban colmadas de gente y la tragedia sucedió en un sector que, en ese momento, estaba muy concurrido. El niño se encontraba con su familia cuando una mujer dio marcha atrás a su camioneta Amarok, que estaba estacionada, y embistió al pequeño. El infante fue trasladado en ambulancia al hospital Municipal “Emilio Ferreyra”, de Necochea, donde recibió las primeras atenciones aunque, por la gravedad de sus heridas, debió ser llevado al Hospital Materno Infantil Mar del Plata de urgencia, donde falleció.

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Cierto es que hay circunstancias exógenas que atentan contra la seguridad en las rutas y calles: el estado de la infraestructura vial y los factores climáticos especialmente. Pero las estadísticas nos hablan que la mayoría de los siniestros fatales tienen causa en fallas humanas. Incluso estos factores externos pueden minimizar su incidencia frente a una conducción responsable, pero ellos nunca van a salvar la vida en caso de la ineficacia humana. En síntesis, lo que estamos planteando es que siempre, la diferencia entre la vida y la muerte en las rutas dependen de la conducta de quienes van al volante.

Fíjese el lector un caso que nos toca muy de cerca: nuestro Segundo Cruce es una trampa mortal. No tiene una infraestructura apropiada para un cruce de tres rutas, la iluminación y la señalización es escasa. El semáforo algo ha ayudado pero es solo un parche. Si lo determinante fueran estos factores, tendríamos que lamentar a diario un accidente y de tanto en tanto una muerte. Sin embargo, tomando en cuenta las lamentables condiciones del sector, la tasa de siniestralidad es baja. ¿Por qué? Porque todos sabemos de la peligrosidad de la zona y ponemos toda la atención posible en hacer las cosas bien. Es decir, ante el riego inminente, nos sometemos a las normas y nos comportamos cuidadosamente. Cosa que no hacemos, evidentemente, en otras situaciones en que nos gana la confianza extrema o la errónea urgencia por llegar allí donde vamos. Entonces nos saltamos normas, semáforos y conducimos temerariamente.

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Debemos cambiar nuestra cultura de no cumplir las normas –en este caso de tránsito- porque eso no tiene consecuencias. Y la verdad es que lo que hacemos tiene consecuencias como está a la vista. También es muy peligroso que las empresas de transporte de pasajeros no permitan los descansos lógicos de los choferes, no controle el estado en el que manejan vehículos repletos de gente. Porque ahora que se multiplican los viajes a las zonas vacacionales, los riesgos que se corren son enormes como está a la vista.

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