Coronavirus: ante la amenaza mundial, preparar escenarios que eviten el caos
El temor a una pandemia por el nuevo coronavirus ha aumentado con el incremento de casos fuera de China. Italia ha sufrido un brote durante los últimos días y ha requerido el cierre de escuelas. Comercios y lugares de esparcimiento. En España y otros países hay hoteles y cruceros en cuarentena ante la sospecha de posibles contagios. Tampoco está controlado el brote de Corea del Sur y la irrupción de un primer caso en Brasil encendió el alerta en América Latina. Se han informado casos en Oriente Medio, incluidas las primeras infecciones en Israel y Líbano y muertes en Irán, lo que sugiere que se trata de la punta de un iceberg.
En este contexto, el propio director de la Organización Mundial de la Salud ha advertido que la ventana de oportunidad para contener la propagación internacional del virus se está reduciendo a medida que surgen nuevos brotes y alentó a los sistemas de salud de los países a extremar las medidas para brindar respuestas adecuadas ante una potencial emergencia de salud.
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En un mundo globalizado, donde el movimiento de personas por distintas partes del mundo es constante, la posibilidad de propagación de este tipo de virus -que demuestra su capacidad de transmitirse a una velocidad marcada- se incrementa. Y esto se transforma en una amenaza. Si bien se habla de una mayor virulencia en países que están atravesando temporadas invernales, ninguna geografía queda exenta de la posibilidad de que se reporten casos por lo menos sospechosos que disparen protocolos y motiven acciones de control.
La experiencia muestra que una respuesta rápida y eficiente es posible si las decisiones operativas se toman antes de que se desencadene una crisis. Sin embargo, son muchos los países- incluida la Argentina- que siguen insistiendo en que el riesgo de que la enfermedad alcance sus geografías es bajo, lo que en la población genera preocupación porque los hace sentir indefensos frente al decir y hacer de los funcionarios con responsabilidad en la instrumentación de la política sanitaria. Llama la atención que a quienes llegan al país procedente de lugares donde se han confirmado casos, apenas se les haga firmar una declaración jurada de su estado de salud sin que los controles médicos sean rigurosos. Poco se sabe de la autorresponsabilidad y poco fiable es la apreciación de una persona respecto de su estado de salud en relación a una enfermedad de la que se conoce poco. Estados Unidos, en cambio, ha tomado una resolución preventiva, sencilla y práctica, que de momento le ha resultado exitosa, más aun si se tiene en cuenta que un país de enormes dimensiones, extensas fronteras y de alto tránsito internacional. Lo que se ha determinado es negar el ingreso en las oficinas de Migraciones de todos los puertos y aeropuertos a cualquier persona (no importa su nacionalidad, inclusive nativos) que en los 14 días previos haya estado físicamente en la República Popular China. Tampoco a quienes se les constate en el lugar síntomas similares a la gripe o bien cuando la propia persona manifieste su temor a estar contagiado. Sencillo: no entran hasta que no pase el período de incubación que puede ser asintomático o, si hay síntomas, hasta que definan la patología que están padeciendo, aunque residan en ese país.
A la par del pánico al contagio, crece la preocupación por las implicancias que el tema puede tener en cuestiones que exceden lo sanitario y que tienen que ver con el comercio y la economía. El comportamiento negativo de los mercados internacionales es una muestra palmaria de las consecuencias que la amenaza de esta enfermedad tiene sobre los países.
Aunque la comunidad científica internacional trabaja a destajo en diversos planos para contener la situación generada, aún el principal factor de inquietud ante el nuevo coronavirus es el desconocimiento. A muchos les sorprenderá saber que las infecciones por coronavirus en humanos son corrientes, y que suceden todos los inviernos. Sin embargo, el nuevo coronavirus posee una capacidad de propagación que preocupa a la salud global. Los datos referentes a la transmisibilidad del virus indican que, si no se hiciera nada para frenarlo, podría llegar a infectar a entre el 40 y el 60 por ciento de la población mundial. Un dato que alarma por lo que significaría.
A la par de ello y como contracara, también hay información epidemiológica que señala que los esfuerzos de China por contener la situación están comenzando a arrojar, resultados, lo que abriría un escenario de mayor tranquilidad sanitaria.
Sin embargo, lo que reina es la incertidumbre. Y las preguntas respecto de si el resto del mundo está listo para el coronavirus. Antes pasó con la gripe A H1N1 y después con la amenaza del Ebola. Y la respuesta es categórica: no. Por una cuestión de recursos y de estructuración de la propia política sanitaria no todos los países están en condiciones de hacer una vigilancia epidemiológica apropiada. Tampoco de planificar con el objetivo de que los centros de atención primaria y hospitales estén listos para una oleada de casos sospechosos. Menos aún de diseñar una política de comunicación orientada a favorecer la confianza y evitar el pánico.
Hay expertos que aseguran que en términos epidemiológicos lo que sucede con este coronavirus es similar a la situación vivida en 2009 con el virus de la gripe porcina H1N1-que sigue circulando hoy en día, y es uno de los causantes de la gripe estacional-. Para muchos es probable que el Covid-19 evolucione de manera muy similar al H1N1, provocando una pandemia con una primera oleada de casos y pasando después a ser una cepa estacional que cause resfríos en invierno. Pero nadie puede afirmarlo categóricamente. Y si por el contrario, acaba siendo más agresivo, la potencial crisis que pueda generar será también más difícil de gestionar.
Poco puede aventurarse en contextos de tanta incertidumbre. Lo que no puede hacerse es desatender el alerta o minimizar las implicancias solo por no intranquilizar a la población. En este escenario, en Argentina y en el mundo, solo resta exigir a las autoridades sanitarias responsabilidad, transparencia en el manejo de la información y acciones capaces de proporcionar respuestas adecuadas. Quizás, como han señalado algunos reportes científicos internacionales frente al coronavirus haya que esperar lo mejor, pero también estar preparados para el peor escenario. Porque de esa previsión anticipatoria depende la posibilidad real de brindar la respuesta apropiada.














