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Con una relación desgastada con Uruguay no hay acuerdo por la pastera

03 de octubre de 2013 a las 12:00 a. m.

Pese a que somos países vecinos y hermanos, es evidente que la relación con Uruguay está desgastada, por eso cuando surge un conflicto se expone el vínculo bilateral hasta límites poco convenientes.

Como ayer analizamos en esta misma página, la tensión que había empezado a aparecer la semana pasada finalmente desembocó en un conflicto diplomático entre la Argentina y Uruguay por la fábrica de celulosa en Fray Bentos.

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Pese al encuentro entre los presidentes Cristina Kirchner y José Mujica en Puerto Madero y a los esfuerzos de las cancillerías de ambos países por unificar criterios, ambas instancias han fracasaron en la búsqueda de un acuerdo sobre la ampliación productiva de la empresa.

Los ejes de este nuevo enfrentamiento están centrados en dos puntos: los controles de impacto ambiental de la fábrica de papel que imponía la Argentina y la decisión de Uruguay de autorizar un aumento en la producción de celulosa.

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Ninguno de los dos países cedió en sus rígidas posturas y luego de seis horas de una tensa reunión de los cancilleres Héctor Timerman y Luis Almagro, Uruguay decidió avanzar con su plan para aprobar el incremento de la producción de la empresa finlandesa de un millón de toneladas anuales a 1,2 millones. La Argentina se opuso a esa postura, exigió mayores controles ambientales y amenazó con recurrir a la Corte Internacional de La Haya.

El problema no es sólo diplomático, porque la decisión uruguaya podría derivar en nuevos cortes en el puente que une Gualeguaychú con Fray Bentos, una vez que hemos logrado, tras años de negociaciones, terminar con este tipo de protestas que cierra el único paso fronterizo terrestre entre ambos países. 

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Como era de esperar, los más radicalizados asambleístas entrerrianos, que rechazan la instalación de la pastera a la vera del río Uruguay, calificaron como “una nueva farsa” la pelea entre Mujica y Cristina, y no descartaron la posibilidad de que vuelvan las protestas sobre la ruta.

En realidad, la Argentina ha hecho todos los reclamos correspondientes frente a Uruguay cuando el vecino país decidió unilateralmente la instalación de la pastera sobre el río Uruguay, cuyos márgenes se comparten, y hasta llegó a la Corte de la Haya. Finalmente, con control ecológico de ambos países, la empresa se instaló. De manera que los reproches de los ambientalistas entrerrianos carecían de validez a la luz de la legalidad, al menos hasta esta nueva instancia de ampliación de la producción. Como ha trabajado hasta ahora, la pastera no ha infringido ningún estándar de los pautados para asegurar la salubridad ambiental. Al menos según los informes privados.

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Timerman y Almagro debatieron largamente sobre la cuestión, instalados en la Cancillería argentina, pero no lograron llegar a un acuerdo con los equipos técnicos de ambos países. Uruguay planteó que la decisión de ampliar la producción de la pastera de Fray Bentos era conveniente para su economía. También el canciller Almagro advirtió que los informes de impacto ambiental a la planta están frenados por decisión de los representantes argentinos que integran la Comisión Administradora del Río Uruguay.

Por su parte Timerman argumentó que en 2005 Uruguay aprobó la instalación de la planta de celulosa y fijó la capacidad de su producción en un millón de toneladas anuales, por lo que, según ese criterio, un cambio en esta cifra implicaría un nuevo análisis ambiental habida cuenta que el límite de un millón de toneladas anuales fue el que utilizó la Corte Internacional de Justicia para analizar la controversia y sobre esa cifra emitió su dictamen.

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“Todo cambio que se realice en Botnia-UPM altera la sentencia de ese tribunal”, dijo Timerman a Almagro. Su par de Uruguay aceptó reducir el pedido de aumento de producción de 1,3 millones de toneladas al año que pidió UPM a 1,2 millones. Pero no hubo caso: la Argentina exigió frenar esa postura y a la vez planteó un largo listado de requisitos de control impacto ambiental en la planta.

La Argentina pidió aumentar los controles ambientales en la planta de Fray Bentos. En este sentido, se mencionó la posibilidad de avanzar en obras para establecer un tratamiento del fósforo, de la temperatura de los fluidos que emite la planta al río Uruguay y un control toxicológico de la zona.

A lo que Timerman agregó como condición que para aprobar una ampliación de la producción de UMP se requeriría el aval de la Argentina. Pero Uruguay no acepta este planteo y tomará la decisión unilateralmente de ser necesario, según advirtió el funcionario

Pero el problema no es sólo la actual pastera. Es que en Montevideo quieren impulsar cuanto antes la instalación de una nueva planta de celulosa, pero saben que ello requerirá de un aval de la Argentina, según lo establece el tratado del río Uruguay. Y el canciller uruguayo llegó a la conclusión que si la Argentina no admite la ampliación de la producción de UPM, mucho menos consentirá la instalación de otra planta de celulosa en la costa.

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A estas alturas, no existe posibilidad alguna de un acuerdo entre ambos países, y todo parecía indicar que se estaba frente a un nuevo conflicto diplomático como el que estalló en 2005.

Sería lamentable que dos países hermanos no podamos llegar a un entendimiento por la vía del diálogo y la diplomacia y que el asunto termine dirimiéndose en el plano de los ciudadanos, vecinos prácticamente, que se harán oír de las formas que ya conocemos y que tanto mal causan.

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