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Con las paritarias se vienen tiempos difíciles

01 de febrero de 2014 a las 12:00 a. m.

En medio de las zozobras económicas que padecemos y la alta inflación, comienzan las paritarias por gremio. El clima está enrarecido en este sentido entre sindicatos y Gobierno, por el alza constante de los precios que pulveriza los salarios fijos.

El oficialismo ratificó que no avalará negociaciones salariales más de una vez al año y eludió una definición directa sobre un pago extraordinario como compensación ante el aumento del costo de vida. Esto tiene cierta lógica porque no puede haber mayor imprevisibilidad en la economía de un país que tener una suerte de paritarias siempre abiertas, con aumentos de salarios varias veces al año.

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“No existe ningún tipo de razones para alterar las normas del desenvolvimiento de las negociaciones colectivas de trabajo. Van a seguir funcionando conforme a los parámetros vigentes”, aseguró Jorge Capitanich durante su habitual rueda de prensa en la Casa Rosada.

En este aspecto, y con alta inflación, los porcentajes que pedirán los sindicatos  serán altos para tratar de mantener el valor del salario. En tren de evitar desbordes en las demandas salariales, que por ahora van del 25 al 40 por ciento, la cúpula de la CGT oficialista y funcionarios del Gobierno evaluaron la semana pasada una medida para echar una luz de certeza a las paritarias que se avecinan. El plan original era habilitar un pago extraordinario de 1.000 pesos en dos cuotas y postergar las negociaciones para el segundo trimestre. Algo similar a lo que ya lograron dos gremios (aceiteros y bancarios), que debían cerrar su acuerdo en enero pero, mediante un pago a cuenta, pasaron la negociación para abril.

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En el Gobierno aún no dieron del todo por caída la posibilidad de aceptar las sumas fijas en las paritarias del sector privado. Capitanich, a decir verdad, eludió el tema y no lo rechazó, como tampoco lo afirmó.  

Esto sería una forma de ganar tiempo, nada más, porque los aumentos salariales meses más o menos se trasladarán a la economía, porque por otra parte es lógico que los sindicatos ante tanta inflación pretendan mantener cierto valor del salario.

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El Ministerio de Trabajo avalará acuerdos a largo plazo, de 12 meses o más. Capitanich se sumó así a una voz autorizada de la cartera laboral que había advertido que “aceptar paritarias fraccionadas sería acelerar la inflación y generar una excitación peligrosa de la economía”.

Pero, más allá del rechazo oficial, algunos gremios insistirán en negociar aumentos de sueldos más de una vez al año, ya sea trimestral o semestralmente. Ya lo evalúa el Sindicato de Empleados de Comercio, que puso bajo estudio un sistema de negociación diferente: prevé discutir salarios directamente con las empresas y no con las cámaras. Así lo hacen actualmente los mecánicos del Smata, que tienen alzas salariales cada tres meses.

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Otras organizaciones gremiales, en tanto, analizan la posibilidad de incluir una “cláusula gatillo” en caso de una disparada de los precios. Tal vez el caso más emblemático es el de los docentes. 

En las reuniones preliminares, los cinco sindicatos nacionales habilitados a negociar le exigieron al ministro de Educación, Alberto Sileoni, reabrir la paritaria a mitad de año o antes del cierre del ciclo lectivo. La pulseada de los maestros continuará la semana próxima, cuando el ministro oficialice el llamado para continuar con la paritaria que se activó al cierre de 2013. El Estado, en su rol de empleador, mostrará con los docentes su capacidad de negociación y se sabrá si convalidará alzas del 30 por ciento, que es lo que demandaron inicialmente los sindicatos. Además, la cifra en que se cierre este trato servirá como referencia de aumento para las provincias. Y la realidad es que no todos los distritos estarán en condiciones de hacerse cargo de pagar salarios en esos porcentajes de incremento.

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En línea con Capitanich, el jefe de la CGT oficialista, Antonio Caló, tampoco se mostró a gusto con fraccionar la paritaria. “Con Raúl Alfonsín discutíamos salarios cada 15 días y no sirvió para nada, la inflación nos comía lo mismo”, dijo el metalúrgico. Y se quejó por el incesante aumento de los precios: “A la gente lo que está ganando no le alcanza para comer. También se mantuvo alineado Ricardo Pignanelli, líder del Smata. Detrás de la devaluación del peso y de la inflación, el dirigente distinguió una conspiración. “Acá lo que quieren es adelantar las elecciones de 2015 y entrar en una crisis política”, dijo el dirigente sindical.

La encrucijada no es sencilla ni para el Gobierno que no puede contener la inflación ni para los gremios que necesitan mantener el valor del salario.

Se vienen tiempos difíciles con las paritarias.

 

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