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Con la apertura de la Puerta Santa, la Iglesia católica inicia hoy el Año de la Misericordia

08 de diciembre de 2015 a las 12:00 a. m.
Con la apertura de la Puerta Santa, la Iglesia católica inicia hoy el Año de la Misericordia
'' En nuestra ciudad, el obispo Héctor Cardelli, abrirá las puertas de la Merced en señal de inicio del jubileo. (ARCHIVO LA OPINION)

En la festividad de la Inmaculada Concepción de María, el Papa abrirá hoy la puerta de la Basílica de San Pedro, en Roma. Y con este gesto se iniciará este período jubilar que tiene como lema: “Misericordiosos como el Padre”, tomado del Evangelio según San Lucas. En la Diócesis de San Nicolás el obispo Héctor Cardelli abrirá la puerta de la Catedral de esa ciudad el domingo próximo, mientras que en Pergamino será el 20, en la Iglesia de la Merced.

DE LA REDACCION. Miles de peregrinos de todo el mundo participarán hoy del inicio del Año Jubilar de la Misericordia. Hoy, en la festividad de la Inmaculada Concepción de María, en Roma, el Papa Francisco abrirá la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro.

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El lema de este año jubilar es “Misericordiosos como el Padre”, tomado del Evangelio según San Lucas. El Papa propone vivir la misericordia siguiendo el ejemplo del Padre, que pide no juzgar y no condenar, sino perdonar y amar sin medida.

 

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¿Año Santo?

Ante la proclamación de este evento, que es declarado como jubileo, muchos se preguntan: ¿qué es un jubileo? ¿Un año santo?

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La celebración del jubileo se origina en el judaísmo. Consistía en una conmemoración de un año sabático que tenía un significado particular. Esta fiesta se realizaba cada 50 años.

Durante el año se ponían a los esclavos en libertad, se restituían las propiedades a quienes las habían perdido, se perdonaban las deudas, las tierras debían permanecer sin cultivar y se descansaba.

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La palabra jubileo se inspira en el término hebreo de “yobel”, que alude al cuerno del cordero que servía como instrumento sonoro, que, a modo de trompeta, anunciaba este año de gracia. Jubileo también tiene una raíz latina, “iubilum” que representa un grito de alegría.

En la tradición católica, el  Jubileo consiste en que durante un año se conceden indulgencias a los fieles que cumplen con ciertas disposiciones eclesiales establecidas por la Santa Sede. El Jubileo puede ser ordinario o extraordinario. La celebración del Año Santo Ordinario acontece en un intervalo de años ya establecido. En cambio, el Año Santo Extraordinario se proclama como celebración de un hecho destacado.

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La Iglesia Católica  tomó como influencia el jubileo hebreo y le dio un sentido más espiritual. En ese año se da un perdón general, indulgencias y se hace un llamado a profundizar la relación con Dios y con el prójimo. Por ello, cada Año Santo es una oportunidad para alimentar la fe y renovar el compromiso de ser un testimonio de Cristo. También es una invitación a la conversión.

El Jubileo proclamado por el Papa Francisco es un Año Santo Extraordinario.

 

¿Por qué Año de la Misericordia?

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Decía el Santo Padre: “Queridos hermanos y hermanas, he pensado a menudo en cómo la Iglesia puede poner más en evidencia su misión de ser testimonio de la misericordia. Es un camino que inicia con una conversión espiritual. Por esto he decidido convocar un Jubileo extraordinario que coloque en el centro la misericordia de Dios. Será un Año Santo de la Misericordia, Lo queremos vivir a la luz de la palabra del Señor: ‘Seamos misericordiosos como el Padre’.

“Estoy convencido de que toda la Iglesia podrá encontrar en este Jubileo la alegría de redescubrir y hacer fecunda la misericordia de Dios, con la cual todos somos llamados a dar consuelo a cada hombre y cada mujer de nuestro tiempo. Lo confiamos a partir de ahora a la Madre de la Misericordia para que dirija a nosotros su mirada y vele en nuestro camino.

“Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.

“Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un?ubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes” (Bula de Convocatoria Misericordie Vultus - 11 de abril de 2014).

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Tres aspectos importantes

La peregrinación: el hombre es “un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. “La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros” (Misericordie Vultus 14). 

La puerta: el rito inicial del Jubileo comienza con la apertura de la “Puerta Santa”. El simbolismo de abrirla y atravesarla con esfuerzo, significa la dificultad del camino cristiano pero, al mismo tiempo, subraya que una vez traspuesto el ingreso se encuentra la grandeza extraordinaria del amor y misericordia de Dios.

El Rostro: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre…” (Misericordie Vultus 14). Por ello se insta a los fieles en la ejercitación de la contemplación del Rostro misericordioso del Padre y así experimentar su misericordia,  a fin de poder luego brindar misericordia a los hermanos.

 

¿Qué son las indulgencias?

El verbo “indulgeo” significa “ser indulgente” y también “conceder”. La indulgencia es, pues, algo que se concede, benignamente, a favor de una persona.

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El Catecismo de la Iglesia Católica proporciona, con palabras de Pablo VI, una definición más precisa: “La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos”.

La definición, exacta y densa, relaciona tres realidades: la remisión o el perdón, el pecado, y la Iglesia. La indulgencia consiste en una forma de perdón que el fiel obtiene en relación con sus pecados por la mediación de la Iglesia.

¿Qué es lo que se perdona con la indulgencia? No se perdonan los pecados, ya que el medio ordinario mediante el cual el fiel recibe de Dios el perdón de sus pecados es el sacramento de la reconciliación. Pero, según la doctrina católica, el pecado entraña una doble consecuencia: lleva consigo una “pena eterna” y una “pena temporal”. ¿Qué es la pena eterna? Es la privación de la comunión con Dios. El que peca mortalmente pierde la amistad con Dios, privándose, si no se arrepiente y acude al sacramento de la penitencia, de la unión con El para siempre.

Pero aunque el perdón del pecado por el sacramento de la Penitencia entraña la remisión de la pena eterna, subsiste aún la llamada “pena temporal”. La pena temporal es el sufrimiento que comporta la purificación del desorden introducido en el hombre por el pecado. Esta pena ha de purgarse en esta vida o en la otra (en el purgatorio), para que el fiel cristiano quede libre de los rastros que el pecado ha dejado en su vida.

La normativa de la Iglesia para poder ganar Indulgencia Plenaria, tanto para el propio peregrino como aplicable a un fiel difunto, consta de tres requisitos: visitar un templo jubilar.

Confesar y comulgar dentro de los ocho días previos o de los ocho días posteriores a dicha visita al Templo Jubilar. Hacer una oración por las intenciones del Santo Padre.

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 Obras de misericordia

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales. Será un modo para despertar la conciencia de los fieles, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. 

 

Espirituales y corporales

Hay catorce obras de misericordia: siete corporales y siete espirituales

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Las obras de misericordia corporales, en su mayoría salen de una lista hecha por el Señor en su descripción del Juicio Final.

La lista de las obras de misericordia espirituales la ha tomado la Iglesia de otros textos que están a lo largo de la Biblia y de actitudes y enseñanzas del mismo Cristo.

 Obras de misericordia corporales: visitar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, visitar a los presos, enterrar a los difuntos.

Obras de misericordia espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar al que nos ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rezar a Dios por los vivos y por los difuntos.

El ejercicio de la obras de misericordia comunica gracias a quien las ejerce. En el evangelio de Lucas Jesús dice: “Den, y se os dará”. Por tanto, con las obras de misericordia se cumple la voluntad de Dios.

 

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Apertura de Puerta

Así como el Papa Francisco abrirá hoy la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro para dar inicio al Año de la Misericordia, en las diferentes Diócesis de cada país se imitará este hecho.

En la Diócesis de San Nicolás, el obispo Héctor Cardelli, abrirá el domingo la Puerta Santa en la Iglesia Catedral San Nicolás de Bari.

Este mismo gesto se replicará en nuestra ciudad el domingo 20, a las 20:00, en la Parroquia Nuestra Señora de la Merced.

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