Cómo sobrellevar la crisis
Que la Argentina atraviesa una crisis no es una novedad ni estamos anunciando algo que no sepamos. El tema central de esta cuestión es cómo lo asumimos y cómo intentamos sobrellevar el momento hasta lograr un desarrollo que, al fin, sea sustentable. Tanto desde las acciones del Gobierno como de la actitud de los ciudadanos.
Nuestro país ha tenido una historia económica tan pendular en los últimos 50 años, por poner una fecha que hasta puede resultar antojadiza, que los diversos modelos aplicados han terminado agotándose en sí mismos, porque en general fueron pensados para el corto plazo y el rédito de pocos años, mayormente electoral. Al fin, en ciclos de más o menos 10 años, hemos ido del sótano al ápice y de allí otra vez al fango. Con cada administración comenzamos de nuevo, arrastrando los errores del cortoplacismo anterior y no siempre buscando las soluciones de fondo sino más bien salir airosos del momento.
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El Gobierno de Mauricio Macri plantea una visión de plazo más largo, de inversión y de sustentabilidad de nuestra economía, un objetivo que si se cumple habremos conjurado muchas décadas de parches, subsidios y finales desastrosos de administraciones.
Estamos en el peor momento de la crisis en la Argentina, una situación que con diferentes matices ya hemos atravesado. Recesión, tarifazos, una economía que no crece hace cuatro años y medio, achicamiento del empleos, inversiones que no llegan. En términos macroeconómicos, no se puede estar peor. Y la realidad es que a nadie le gusta atravesar una crisis. En el país, como en los hogares, hay que hacer sacrificio, ajustarse. Lo mismo que sucede en los distintos sectores de la sociedad puede asimilarse a una familia: cuando se atraviesan momentos difíciles se busca el modo de desprenderse de los gastos menos necesarios para poder asumir los compromisos más acuciantes. No es agradable, pero cuando la realidad se impone hay que ajustarse. Y cuando un recurso o bien es escaso, hay que utilizarlo criteriosamente y en lo posible ahorrar. De eso se trata readecuarse a los momentos que nos toca atravesar.
El Gobierno debió asumir una situación sumamente difícil. De eso nadie tiene dudas, no hay relato que pueda tapar esta realidad. Las medidas que tomó Macri para empezar a revertir este cuadro, o más bien el modo que eligió para hacerlo es lo que está en tela de juicio. Con el diario del lunes, todos vemos que el camino fue errado. Curiosamente hasta los propios funcionarios se vieron sorprendidos por los resultados de lo que ellos mismos determinaron. En fín, como ya hemos planteado, son los efectos de abrir el juego a una nueva clase dirigente, proveniente de lo privado, con sus cosas muy positivas y sus falencias a raíz de la falta de expertise en lo público. Se dio marcha atrás y hoy todo está en fojas cero, a la espera de una vía alternativa. Recalculando, diría el audio de un GPS.
Pero es sólo eso, barajar y dar de nuevo. Porque con esta revocación de los aumentos de tarifas nos plantamos delante del mismo problema irresuelto: desactualización tarifaria y falta de inversiones que redundan en problemas energéticos sumamente graves. La Argentina, por ejemplo, exportaba gas hasta 2008 y hoy importa el fluido a alto costo. La administración kirchnerista no sólo no realizó las inversiones necesarias para extraer el gas que duerme bajo nuestras tierras sureñas sino que mediante un sistema de pesados subsidios ahondó el déficit fiscal hasta que la inflación acorraló a los argentinos.
También es parte del análisis que Macri pretendió reacomodar la economía para hacerla sustentable y volver a crecer de un solo golpe, desoyó a quienes le aconsejaban el gradualismo con el que se infligiría menor sufrimiento para asumir un tarifazo que en los números es necesario, pero no en los tiempos planteados. Y de esta mala praxis surge el enojo social. No ya frente a la crisis que, se sabía, sobrevendría al pretender ordenar la economía sino por la violencia del ajuste practicado.
Lo que marca la conciencia de las mayorías es que aún atravesamos el peor momento del ajuste, con recesión y una inflación que no cede con facilidad pero la sociedad se ha mantenido en calma y con expectativas a futuro. Las encuestas no reflejan una situación social explosiva, por el contrario, el ciudadano de a pie está poniendo su energía en atravesar esta crisis.
La CGT, que es muy sensible a los humores de la gente, parece dubitativa a la hora de convocar a un paro general, del que se habla pero no se concreta. Los sindicalistas parecen haber tomado conciencia, de momento, de que un cese de actividades en un momento delicado como este es más lo que va a perjudicar a los trabajadores que a beneficiarlos. Aún entendiendo que, al fin, el cierre de paritarias no alcanzó ni mínimamente a cubrir el avance inflacionario.
En distintas notas periodísticas el presidente consideró inevitables las correcciones tarifarias que debió hacer. Confiado en que los cambios que implementará su gestión serán rotundos para el país, pidió paciencia al señalar que siete meses no emparejan 200 años
Para Macri el ajuste tarifario fue doloroso pero inevitable, como ya declaró en varias oportunidades. Lo peor ya pasó, advirtió y destacó que la inflación está bajando y el año que viene estará debajo del 20 por ciento.
En el plano teórico es impecable lo que dice el presidente, pero llevada al mundo real, este ajuste debiera haber sido más cauteloso, aunque salir de la grave situación nos lleve más tiempo que el que pretende el Gobierno.
El jefe del Estado fue optimista cuando respondió sobre el mercado laboral y dijo que ya cambiamos el rumbo, empezamos a generar condiciones para crecer. Y una cuestión que puede ser central en el combate a la inflación, fue cuando dijo: estamos analizando mercado por mercado para que no haya posiciones dominantes. Mi tarea como presidente es generar las condiciones para que los argentinos tengan acceso al bienestar y a mejores precios. Y eso lo va a lograr la competencia, tiene que haber reglas de juego, argumentó.
Lo que el Gobierno deberá bajar son los niveles de ansiedad para con el rumbo económico, a fin de que la sociedad pueda acompasar la crisis con menor sufrimiento. Evitando además que frente a medidas extremas como el abultado aumento del gas, cuyos porcentuales rondaban el mil y mil quinientos por ciento, se terminara judicializando el tema, se anularan los incrementos y a estas horas aún no sabemos qué pagaremos. Porque el tope del 400 por ciento que buscó el Gobierno como salida a la situación, es también rechazado en la Justicia, que pretende a estas horas retrotraer todo el aumento.
La realidad es que el tarifazo del gas fue desmesurado, aún cuando pudiese resultar necesario, porque puso a hogares, pequeñas y medianas empresas y clubes de barrio, entre otros, al borde del desastre. Estos son impactos que debieron haberse tenido en cuenta a la hora de aplicar los incrementos.
Esta experiencia, es de esperar, que sea tomada en cuenta por el Gobierno de Macri, a fin de ir manejando los tiempos políticos y sociales junto a los económicos.















