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Comenzó formalmente el año electoral con todo lo que trae consigo

02 de marzo de 2017 a las 12:00 a. m.

Con las aperturas de sesiones en el Parlamento Nacional por parte de Mauricio Macri, en la provincia de Buenos Aires con María Eugenia Vidal y en la Ciudad con Horacio Rodríguez Larreta, comenzó el año electoral formalmente.

Entramos los argentinos en un período en el que todo debe ser interpretado en clave política, porque en cualquier acto de gestión  la cuestión electoral se filtra por las hendijas del poder.

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Por un lado, estos años impares en la Argentina no son fáciles de atravesar; los oficialismos porque reciben diatribas y críticas por cada decisión que toman y las oposiciones porque necesitan oxígeno permanente bajo cualquier pretexto para captar voluntades. Por otro lado, los ciudadanos pasamos a ser un bien que cotiza, lo que nos hace plausibles de recibir mucho -en términos de obras y presencia del Estado- de aquello por lo que permanentemente reclamamos.

Le espera un período electoral difícil al PRO, que cabalga sobre dos estrategias básicas: polarizar con Cristina Kirchner para jugar al efecto blanco o negro: macrismo o kirchnerismo pero por otro lado está muy atento a los movimientos del peronismo, porque le preocupan los movimientos de unidad que se puedan generar. En el análisis macrista varias listas peronistas en los comicios generales serían su carta de triunfo. Todo lo contrario si el justicialismo se presenta unido.

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Azuzando con ese fantasma, la semana pasada se produjo la reunión bajo las consignas “Unidos por el trabajo”, “Unidos por la Argentina” y “Unidos por Buenos Aires”, con la participación de gran parte del arco peronista: intendentes, dirigentes y legisladores de los distintos sectores y con el diputado nacional Máximo Kirchner entre los presentes, quien no había participado en los cónclaves anteriores.
El macrismo, que había festejado la suspensión del congreso partidario en Santa Teresita, se encontró con que el peronismo bonaerense buscó dar una señal de unidad detrás de la convocatoria de la CGT para el 7 de marzo próximo y poner un paréntesis en el debate sobre las candidaturas de cara a las elecciones legislativas de este año.

No es una unidad fácil, porque dentro del arco peronista, aun siendo la que tiene mejores encuestas, hay sectores que resisten a Cristina Kirchner y a La Cámpora. Es el caso de Florencio Randazzo, que con un grupo de dirigentes pretenden que el peronismo ingrese en una renovación dirigencial.

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Esta pelea marcará los próximos meses en el peronismo y teñirá buena parte del período electoral, porque para el PRO y para el massismo, no es poco importante lo que pasa en este espacio.

Pese a que las encuestas dan números interesantes a la dupla recientemente formada entre Sergio Massa y Margarita Stolbizer, tanto el macrismo como el peronismo otorgan poca importancia al Frente Renovador. Quizá porque a ambos sectores les conviene la estrategia polarizadora que en el pasado le permitió a cada uno conservar y ampliar sus núcleos duros.

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Los dirigentes massistas han comenzado, hace ya más de un mes, a endurecer sus posturas frente al macrismo, sobre todo, porque cuando se asumen en el “modo candidatos” comprenden que deben abrirse paso a los codazos en la avenida del medio, como llaman a su espacio. Sobre todo porque dejaron de lado la estrategia de seducir peronistas, toda vez que acordaron con Stolbizer, lo que aleja esa posibilidad que era fogoneada internamente por dirigentes peronistas que, siendo massistas, añoran un regreso al PJ, como Felipe Solá, por ejemplo. 

Mientras tanto, la conflictividad social va a escala, con el paro docentes que marca el no inicio de las clases, la marcha de la CGT y las dos CTA el 7 de este mes en reclamo por los despidos, y los cortes de calles y puentes que se suceden de a uno y dos por día en la Ciudad de Buenos Aires. Este caos tiene dos orígenes: uno es genuino y tiene que ver con la situación de ajuste y dificultades, incremento de tarifas, una inflación que no termina de ceder, paritarias a la baja. Pero también en el año electoral estas cuestiones se aceleran e incentivan, pasando a tener un costado, no solo social sino político también. 

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Lo cierto es que la mayoría de los encuestadores dividen las elecciones en tres sectores y, en este marco, hay preocupación de la gobernadora Vidal porque en este escenario el PRO perdería casi un millón de votos, respecto de los comicios presidenciales de hace dos años.

Los tres sectores en pugna no pierden de vista que, en definitiva, el PRO tiene la carta más importante porque gobierna y eso le permite poder manejar la cuestión clave y más sensible del electorado: la economía.

Si el PRO logra una mejoría en los próximos meses en el marco de la crisis económica que atravesamos, la campaña electoral tendrá un sesgo, mientras que si no se logra la aparición de algunos brotes verdes que sean entendidos por la sociedad como una mejoría, tendrá otro.

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