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Combatir la corrupción es quitarse las camisetas políticas

07 de abril de 2016 a las 12:00 a. m.

Días de enorme conmoción se viven en la Argentina, la palabra es corrupción y los movimientos en Comodoro Py son continuos.

Finalmente, luego de la aparición de los videos contando dólares y euros en La Rosadita, cayó detenido Lázaro Báez, el zar de la obra pública de Santa Cruz. Las imágenes por televisión no generaron en la teleaudiencia la sorpresa –dada la presunción previa-que sí provocó la transmisión en vivo y directo del momento en que se llevaban detenido al amigo de los Kirchner. Es que no estamos acostumbrados a que grandes acusaciones terminen en prisión.

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Báez vino en su avión personal desde Santa Cruz hasta San Isidro porque el jueves debía declarar. Y ese acto selló su orden de detención: por transportarse de manera privada sin tener declarada una ruta de vuelo se establece una presunción de fuga del imputado. Por eso lo esperaba la Policía; se lo esposó, se le colocó el chaleco antibalas y se lo detuvo. Ayer se negó a declarar, del mismo modo que lo hizo su contador, también detenido, Daniel Pérez Gadín. El juez de la causa alegó que lo detuvo antes de procesarlo por peligro de fuga, que es una figura que si bien no se utiliza mucho para estos casos, existe en nuestra legislación y es una prerrogativa del magistrado.

Obviamente que esta situación alimentó las suspicacias, sobre todo de quienes apoyan al modelo kirchnerista, que vieron en la actitud del juez un apuro en detener a Báez, justo el día siguiente en que se habían conocido los “Panama Papers”, en los que el presidente Mauricio Macri aparece nombrado como director de dos empresas offshore creadas por su padre.

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No podemos afirmar que haya una operación en este sentido y mucho menos lo contrario, ya que no suelen existir casualidades en la política. Y la teoría del oportunismo se ve alimentada por el propio juez, Sebastián Casanello, que fue apodado “tortuga” por la lentitud con la que manejó la causa de Báez, cuyas pruebas hace mucho tiempo están a su disposición, quien recién reaccionó cuando el video no dejó otra salida que apurar la causa a los ojos de una sociedad asqueada y reclamante.  

Las denuncias respecto de los sobreprecios de la obra pública, su relación directa con Néstor Kirchner que le dio todas las obras de Santa Cruz en su momento, las sospechas de que ese dinero fuera compartido con el expresidente, tienen 10 años. Y  las pruebas están hace no menos de tres años, en que se empezó a investigar más en concreto. 

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Si no fuese que nuestra Justicia federal ha sido tan acomodaticia con cada Gobierno (y Casanello parece seguir esa línea) y no los ha penado cuando cometen los hechos ilícitos o se denuncian, sino que empiezan a mirar recién cuando se alejan del poder, esta detención no debiera habernos sorprendido. 

Llegado a este punto, los argentinos debemos preguntarnos seriamente si en verdad queremos combatir la corrupción, porque para asumir esta condición de tener gobiernos transparentes, debemos despojarnos de toda otra cuestión, sea política, de modelo o de estilo de administración. Quitarles nombre y apellido a los corruptos, a los que nos roben, y pensar que quién toca los dineros públicos tiene que tener consecuencias sea kirchnerista, macrista o del partido que sea. 

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Hasta ahora la grieta no ha permitido que hagamos una clara abstracción de las camisetas políticas y un claro ejemplo es el Facebook, donde los K solo se refieren al asunto de los “Panamá Papers” considerándolo fundamental y obviando todo aquello que les quema como una llaga. Mientras los macristas están absolutamente volcados al caso de Lázaro Báez y relativizan la aparición de su líder en el caso difundido por la prensa internacional.

Lamentablemente si no cerramos la grieta en el tema de la corrupción, no tendremos la voz suficientemente fuerte como sociedad para exigir que no saqueen el Estado. 

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Cada sospecha de corrupción  debe ser investigada y cada delito descubierto debe ser penado, nos guste el modelo presidencial o no. Debemos aprender a diferenciar las políticas que nos favorecen o nos parecen correctas de la falta de transparencia. El “roba pero hacen” que tanto se utilizó durante la gestión de Carlos Menem fue la antesala quizá de la corrupción k, porque la impunidad más o menos generalizada que se vivió permitió que los que vienen abusen  al ver que al fin no hay pena para quien roba dineros del Estado. Solo María Julia Alsogaray pagó responsabilidades de la gestión menemista, todos los demás se salvaron. Y en el caso del kirchnerismo, todo apuntaba a que fuera Amado Boudou el que cumpliera ese rol o incluso Ricardo Jaime un funcionario segundón que cayó por las muertes de la tragedia de Once, lo que demostró a las claras que la corrupción mata. Ni Alsogaray ni Boudou venían de tronco peronista, por eso podemos afirmar que la protección siempre era más fuerte para los propios que para los extraños.

Precisamente, si la Justicia comienza a cumplir otro rol y la Argentina se encamina a una suerte de  “mani pulite” (la gran limpieza de la corrupción italiana) no deben quedar impunes tampoco casos como el del periodista Niembro, que cobró 29 millones de pesos por trabajos inexistentes en la Ciudad de Buenos Aires. También hay que comprobar qué pasa con los “Panama Papers”, que como mínimo salpican al mismo presidente de la Nación, porque no es bueno dejar temas que puedan prestarse a confusión, En el poder hay que ser y parecer, porque de eso se trata la credibilidad y la confianza. 

Por eso decimos que es necesario despojarse de camisetas políticas a la hora de enfrentar la corrupción, donde la única grieta que debe primar es la distancia entre honestos y corruptos. Porque no hay peor gesto que el del ciudadano de a pie, honesto y trabajador que no se preocupa por la corrupción, porque siempre está y siempre será. Es bien cierto que siempre habrá quienes quieran desviarse o se desvíen en la función pública, pero si se pena, seguramente se desalentará a los que vienen. La pena puede ser disuasoria cuando es justa. 

De este modo los millones de argentinos honestos no deberemos padecer pésimos transportes, inundaciones feroces, inseguridad, falta de fondos para obras o ayuda social, porque el dinero para esas áreas alguien se la llevó, y confundió el Tesoro de la Nación con su propio bolsillo.

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