Cayó Pérez Corradi y un nuevo telón se descorre para poner luz a la oscuridad
Mientras tratamos de recobrarnos del golpe escandaloso de habernos enterado de que la obra pública fue pasible de enorme corrupción en la anterior gestión, Ibar Pérez Corradi podría abrir la ventana a otra zona oscura de la vida pública durante los 12 últimos años: la ruta del narcotráfico y su exponencial crecimiento.
Si bien su captura se vincula directamente con su supuesta autoría intelectual del triple crimen de General Rodríguez, se sabe que una declaración suya implicaría además a funcionarios, sindicatos, farmacias, la mafia de la efedrina en particular y de los medicamentos en general. De ahí que este episodio policial tenga estrecha vinculación con la política y muchas figuras hoy estén preocupadas. Del mismo modo que José López no es un lobo solitario porque nada de lo que se lo acusa pudo haberse perpetrado sin connivencias políticas, en el narcotráfico todo fue posible en estos años por una participación activa de funcionarios, policías y jueces, por acción directa por omisión de sus responsabilidades, la vista gorda que le llaman.
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Pérez Corradi es una pieza valiosa de una cadena de sucesos que descorrerá un telón que esconde detrás muchas otras cuestiones, seguramente, escandalosas. Se lo acusa de haber sido el cerebro del asesinato de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina. A Martín Lanatta, Cristian Lanatta y Víctor Schillaci se los condenó como autores materiales de esas muertes, ocurridas en 2008. Uno de los grandes secretos de este regreso a la Argentina de Corradi es comprobar si, por estos lazos necesarios que mencionamos, la historia terminaría en Aníbal Fernández, quien fue sindicado por los implicados.
Quien estuvo prófugo de la Justicia argentina (y ahora también de la de Estados Unidos) podría esclarecer si la ruta de la efedrina fue apoyada por el Gobierno por acción directa o por omisión interesada. Porque durante la gestión kirchnerista la efedrina se traficaba en cantidades exorbitantes sin control alguno y de allí se anidaron estas bandas de narcotráfico. Hablamos de una sustancia cuya comercialización está estrictamente controlada en el mundo (porque es necesaria en la industria farmacéutica pero también corre por los canales de la droga de consumo adictivo) o directamente prohibida. Mientras tanto, aquí entraba y salía como agua que va, aprovechando justamente la ausencia de controles, primero legales -porque tardó en regularse su comercialización- y después merced a que quienes tenían la responsabilidad de fiscalizar su importación no cumplieron su rol. Dado este escenario mundial, era un súper negocio trabajar con efedrina, del que muchos participaron, previo -se investiga- dejar los debidos retornos que allanaron el camino. Algunos de ellos, directamente en la campaña presidencial de 2007. Recordemos que muchos de los aportantes a la campaña de Cristina eran precisamente droguerías.
En este caso no sólo se trata de la política, también está bajo la lupa la impunidad que suministra el Poder Judicial. Pérez Corradi está en el centro de una trama donde hay diversas complicidades que involucran a abogados, espías, jueces federales y magistrados bonaerenses. Porque desde hace mucho tiempo se conocía el paradero del prófugo y nadie parecía darse cuenta en los alrededores del poder. El cambio de signo político del Gobierno y estos actores acomodándose a la nueva realidad del poder hace que la cadena de protecciones que imperó en estos más de cuatro años de fuga se haya debilitado. Por un lado, están las puertas que ya no se abren y los teléfonos que ya no se atienden, pero por otro, según dicen sus abogados, Pérez Corradi ya venía orquestando su entrega porque sentía que ahora había garantías sobre la protección de su vida, que antes había demasiados intereses en juego como para que llegara vivo a declarar ante la Justicia. No es un bebé de pecho, esta gente mata sin más, pero sabe que en una situación de indefensión como es una cárcel, su voz sería fácilmente acallada.
Sobre Pérez Corradi pesa el cargo de haber mandado a matar a Forza, Ferrón y Bina. Ellos le vendían la efedrina que él, a su vez, exportaba al cartel de Sinaloa. El conflicto estalló cuando le suministraron un cargamento adulterado para sacarlo del negocio. La última vez que los tres empresarios fueron vistos con vida fue en el Walmart de Sarandí, donde iban a reunirse con Julio César Posse. Es un exagente de la Side que podría haberlos entregado.
Un alerta importante se encendió cuando los Lanatta y Schillaci denunciaron que el cerebro de toda la operación había sido Aníbal Fernández. Que Pérez Corradi le respondía. Y que el jefe de Gabinete y, en ese entonces candidato a gobernador, era quien en el expediente judicial aparecía como la Morsa, mencionado varias veces como parte vital de la ruta de la efedrina. Lo ubicaban como el funcionario que lo protegía desde el poder. Por eso algunos afirman que cuando hable Pérez Corradi puede desviarse la causa hacia Fernández como el verdadero autor intelectual.
La Casa Rosada ya había sido ligada al narcotráfico cuando María Servini de Cubría procesó a los hermanos Máximo y Miguel Zacarías por comerciar con efedrina. Los Zacarías vinieron de Santa Cruz de la mano de los Kirchner. De modo que la acusación a Aníbal Fernández también podría tener un correlato sureño, si bien el quilmeño tiene un historial previo al kirchnerismo.
El cambio de vientos políticos en la Argentina parece haber acelerado la posibilidad de que Pérez Corradi sea atrapado. Y esto habla de que la política siempre es un actor necesario para el narcotráfico. Si este creció, no lo hizo solo. La captura de Pérez Corradi devuelve al primer plano el asesinato de Forza, Ferrón y Bina, pero también el financiamiento de la campaña de Cristina Kirchner. Forza estuvo entre los aportantes, igual que Néstor Lorenzo, señalado como el líder de la mafia de los medicamentos. Así se llamó a las droguerías que traficaban efedrina, mal controladas por Héctor Cappaccioli, superintendente de Salud y recaudador de la expresidenta. A raíz de este delito se abrió un expediente en 2008, en el juzgado de Ariel Lijo. El juez tardó ocho años en llamar a indagatoria a los funcionarios. Lo hizo recién en marzo. Y la verdad que la Justicia aparece haciendo un papel lamentable en estos casos que involucran no solo la corrupción sino también el narcotráfico. Denuncias que durmieron el sueño de los justos, hasta que un cambio radical de gobierno pareciera haberlos obligado a espabilarse. Y en algunos asuntos puede ser tarde.
La detención de Pérez Corradi está destinada a sumar detalles seguramente escandalosos a la situación de un kirchnerismo que ya ha explotado por el aire. La irrupción de José López revoleando nueve millones de dólares en un convento fue el peor golpe recibido, pero lo que puede venir, sin necesidad de tener poderes de adivinación, puede resultar aún peor.
Porque aquí hablamos de narcotráfico, de cárteles de droga, de una ruta que comienza en la Argentina y sale vía México, que está siendo investigada en Estados Unidos.
Este caso, como habrá otros que se han ventilado oportunamente, explican el crecimiento exponencial del narcotráfico en nuestro país. Y no es un tema para tomarlo a la ligera, es uno de los asuntos pendientes más serios que tiene la agenda de la Argentina a futuro. Además de la corrupción, al verse involucrados funcionarios, hablamos de que como nunca antes se permitió la instalación de la droga en nuestro país. Es totalmente cierto y comprobable que antes de los Kirchner, Argentina era un punto de paso para la droga. Así como vimos durante el menemismo entrar y salir desde valijas por Ezeiza hasta conteiners por el puerto, con el kirchnerismo conocimos las cocinas y a la par de ellas el temible Paco, que por su bajo margen de ganancia se comercializa solo a metros de donde la droga es procesada y fraccionada, precisamente con sus rezagos. Si hay Paco, hay cocinas y si hay cocinas no somos un país de paso. Tan fácil es la deducción como lo es entender el porqué se llegó a esto: en los otros países de América Latina se pusieron seriamente a luchar contra el narcotráfico (lo de Colombia es asombroso) y cerraron el cerco a la efedrina y algunos vivos argentinos tomaron esa vacante y pusieron en bandeja nuestro país como nueva factoría. No lo hicieron solos, hubo anuencias, laxitud de controles y millones de dólares para pagar estos favores o, directamente, ser parte del negocio. No habrán sido todos los funcionarios kirchneristas los que participaron activamente en este crecimiento, seguramente, pero los que sí estuvieron deben pagar ante la Justicia por su enriquecimiento ilícito, por su participación en un negocio ilegal como es la droga, pero sobre todo por haber dañado irreversiblemente a una generación de argentinos.
En principio, los años de un Pérez Corradi prófugo, han concluido. Ahora queda pendiente la extradición que solicitan Argentina y Estados Unidos. Sin embargo donde tiene la causa con el delito más grave es nuestro país, donde enfrentará el juicio por tres muertes. De modo que en breve tendría que pisar suelo argentino, como primera opción frente a la extradición, siempre y cuando el acusado se allane a los requerimientos de la Justicia, porque siempre hay subterfugios, y no tenga que iniciarse un juicio por su extradición, lo que demandaría meses y hasta años.
Quién sabe en qué nuevo escándalo se verá envuelto el anterior gobierno, a quiénes señalará el acusado del triple crimen y qué pruebas aportará para fundamentar sus dichos.
Nos esperan momentos de expectativa en la Argentina, para que se descorra un nuevo telón más de la corrupción y veremos lo que se esconde detrás.













