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Casa Cavalitto, el último comercio del viejo Pergamino, cerró sus puertas definitivamente

Casa Cavalitto, el comercio más antiguo del Partido de Pergamino, cerró definitivamente sus puertas. Fundado dos años antes de que el Pago de Pergamino pasase a convertirse, por ley, en ciudad, en las últimas horas, el legendario comercio que ofrecía elementos para la pesca y la caza, pero fundamentalmente armas,...

03 de septiembre de 2021 a las 12:00 a. m.
Casa Cavalitto, el último comercio del viejo Pergamino, cerró sus puertas definitivamente

Casa Cavalitto, el comercio más antiguo del Partido de Pergamino, cerró definitivamente sus puertas.

Fundado dos años antes de que el Pago de Pergamino pasase a convertirse, por ley, en ciudad, en las últimas horas, el legendario comercio que ofrecía elementos para la pesca y la caza, pero fundamentalmente armas, era desmontado para siempre.

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Antigua Casa Cavalitto comenzó a funcionar en el año 1893 como casa de música y fábrica de instrumentos musicales. Evolucionó después en materia de radiofonía y otros artefactos en alguna medida conexos con la música. En los últimos años estaba volcada al rubro armería y una serie de productor afines con la caza.

Este querido negocio, que atendió hasta su fallecimiento –en abril pasado- Carlos Agustín Cavalitto junto a su empleada Eva Depascual de Matta, empezó con Enrique Felipe Cavalitto que había venido de Italia con su familia integrada por su esposa, sus cuatro hijos y dos criados. Alberto Agustín, padre de Carlos Agustín, fue el primer hijo argentino de sus abuelos, nació en 1894. 

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"Cuando mis abuelos llegaron se instalaron en la esquina de San Martín y 9 de Julio, en una casa antigua que en la esquina tenía un pequeño local que mi abuelo usó para la venta de los productos que él fabricaba. El vino con la profesión de filarmónico y se dedicaba a hacer instrumentos de voces con aire. Fabricaba acordeones", contaba Carlos a LA OPINION trazando el perfil de una familia de inmigrantes comprometida en la tarea de forjarse un porvenir en estas tierras. 

"Con esa actividad siguió trabajando toda la familia. Se fue agrandando la fábrica, en 1915 comenzaron a confeccionar acordeones a piano, se formó la firma 'Cavalitto Hermanos', se expandieron los rubros y pusieron un taller de instrumentos musicales y una zapatería. Como 'Cavalitto Hermanos' llegaron hasta 1930. Mi papá se quedó con este negocio y atravesó como pudo la crisis del 30, una crisis más profunda de lo que muchos saben, producto de la cual muy pocas personas quedaron con dinero para poder comprar cosas", refería.

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Alberto Agustín se dedicaba a la venta de artículos musicales. Pianos, violines, bandoneones conformaban el universo de lo que los compradores podían encontrar en Cavalitto.

Muchos de esos instrumentos eran fabricados en Alemania y lamentablemente con la Guerra las fábricas desaparecieron y se quedaron sin contacto con muchos de sus proveedores. En ese entonces surgen las vitrolas y los discos de pasta. "Eramos representantes de RCA Víctor, una compañía discográfica y por esa razón los artistas que venían a la ciudad pasaban por el local para tomar contacto y recibir el reconocimiento del público. Por Casa Cavalitto pasaron los grandes: Carlos Gardel, Azucena Maizani y Libertad Lamarque. Con el disco comenzaron a surgir las voces, así que fue una época de esplendor", comentaba Carlos.

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Fueron los primeros en fabricar las radios e instalarlas en los campos. Después llegaron las radios eléctricas que se compraban para casas de familia. Se fabricaban en el taller que funcionaba en el mismo lugar en el que estuvo la armería hasta el cierre. "Fabricábamos acá, en la historia del negocio hemos tenido más de 60 empleados", refería Carlos, único hijo varón del matrimonio de Alberto Cavalitto y Carmen de Sautu y hermano menor de Susana, Carmen y Cristina.

Siguiendo una vieja pasión por las armas, en 1980 Carlos instaló la armería. Para dar los primeros pasos en la actividad comenzó vendiendo las armas de su propia colección. Fue una forma de reunir un capital para retroalimentar el negocio y dotarlo de productos de primera calidad para ofrecer un buen servicio a una clientela tan fiel como exigente.

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De a poco fue incorporando pesca, artículos de camping y cuchillería, y productos paralelos a los que buscaba la gente que compraba armas, los cazadores, los pescadores y los campamentistas.

El último comercio del viejo Pergamino cerró sus puertas definitivamente. Este lugar, que representaba una postal de otros tiempos, quedará guardado en la memoria de los pergaminenses y ocupará, sin dudas, un capítulo importante en la historia de la ciudad.

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