Carlos Ozafrán, martillero por herencia y pasión
En el Día del Martillero la figura de Carlos Alberto Ozafrán cobra notoriedad ya que es uno de los profesionales con mayor trayectoria en el rubro, se desempeña como martillero desde 1981, hace exactamente 41 años. Con 68 años, jubilado pero no retirado, por estos días Carlos ayuda a su...
En el Día del Martillero la figura de Carlos Alberto Ozafrán cobra notoriedad ya que es uno de los profesionales con mayor trayectoria en el rubro, se desempeña como martillero desde 1981, hace exactamente 41 años.
Con 68 años, jubilado pero no retirado, por estos días Carlos ayuda a su hijo Ignacio que es quien continúa con esta profesión, que ya es una tradición familiar ya que viene traspasando las generaciones en la familia Ozafrán.
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Carlos comenzó en la actividad como martillero de hacienda y en esa rama estuvo durante 20 años. No fue fortuita ni la elección puesto que tanto su padre como sus dos hermanos fueron martilleros. "Toda la vida, desde muy pequeño, mamé la actividad del martillero. Tenía siete años y andaba a caballo por la feria", contó Ozafrán que, luego de culminar los estudios secundarios, se abocó a la carrera de Economía. "Me faltaron dos materias para recibirme pero decidí volver a Pergamino porque quería trabajar en la feria ya que me encantaba rematar", sostuvo el entrevistado.
Carlos permaneció en la feria desde 1971 hasta 2001, momento en que decidió cerrar considerando la crisis económica que se avecinaba. Culminar con su trabajo en la feria hizo que Carlos debiera buscar nuevos horizontes, fue así que se dedicó al rubro Seguros por espacio de cinco años hasta que, en 2006, decidió abrir una inmobiliaria que en la actualidad se emplaza en la intersección de calles Alem y Mitre. "Fui yo quien incursioné en el sector inmobiliario hasta que ingresó mi hijo Ignacio. Cuando tuve edad de jubilarme decidí hacerlo pero lo acompaño en la actividad", relata el entrevistado.
Los inicios
Ozafrán recordó con nostalgia lo lindo de la época en que su padre hacía los remates. "Mi padre 'Lito' comenzó siendo empleado en la feria de Idígoras hasta que en el año 1947 se asoció. Recuerdo cuando mi padre llegaba a casa, donde actualmente es El Fortín, de los remates en la feria; mi mamá 'Pupe' Biscayart lo esperaba con empanadas de carne caseras. Mi padre hacía remates en varias localidades de la región, en Pearson, El Socorro. Cuando él fallece quedamos los hermanos al mando de la actividad. Durante varios años rematamos en El Socorro, en Pergamino y luego en Carabelas y en Colón. En 1991 nos asociamos con Giácoma y Draghi Spiatta y empezamos a hacer remate concentrador todos los jueves", rememora el entrevistado.
El remate y su folklore
Carlos fue y es un apasionado del remate, sostiene que lo sorprende el folklore que se genera en torno a estos eventos comerciales. "Dejando de lado el remate ganadero que es muy específico, en los remates generales asiste muchísima gente, familias enteras que encuentran en el remate un evento social. Cargando con sus equipos de mate se apostan y pasan horas y horas dialogando con quienes asisten al remate. A lo mejor las personas están a 40 ó 50 metros del martillero y ni están atentos a la actividad pero van a observar, comer su choripán, encontrarse con conocidos. En los pueblos el remate es una reunión social, eso es maravilloso", expresó Ozafrán.
"El trabajo del martillero es uno de los más antiguos y el remate en sí no se modificó, pudieron cambiar las modalidades de pago pero el momento del remate es siempre igual", agregó.
La labor del martillero
Consultado sobre qué condiciones debe cumplir un buen martillero, el entrevistado afirmó que "la tarea no es nada sencilla ya que es fundamental conocer la mercadería, armar los lotes y ordenar los elementos teniendo en cuenta aquello qué es factible vender por la mañana, por lo general la baratija, y qué por la tarde que son los artículos más importantes. También es importante tener conocimiento de los valores de los productos y de la gente que asistirá, por ejemplo cuando se remata maquinaria agrícola es sabido quiénes van a estar en la jornada y uno ya sabe a quién puede 'pinchar más o menos'. El pos remate es quizá la parte más 'jorobada' ya que es la entrega de la mercadería y el cobro por las mismas".
Agente inmobiliario
Luego de ejercer como martillero, Ozafrán se dedicó al mercado de los seguros. "La necesidad tiene cara de hereje", argumentó y señaló: "Cuando cerré la feria no sabía para dónde arrancar y fue con Javier Godoy, amigo de toda la vida, que descubrí este trabajo. Por espacio de cinco años realicé este trabajo, sobre todo me aboqué al seguro de granizo en los campos, hasta que el 1º de mayo de 2006 incursioné en el sector inmobiliario. Arranqué en un momento en que había movimiento en el rubro, un comercio que siempre tiene altibajos. En la actualidad se viven momentos complicados tanto para la compraventa como para los alquileres".
Si bien son actividades totalmente distintas la del martillero y la del agente inmobiliario, guardan un punto en común: en ambas los profesionales se convierten en nexos, mediadores entre dos partes: "Uno está en el medio de dos partes y asume el rol de ser un buen mediador, dialogando con ambas partes para llegar a buen puerto. Hoy es importante ubicar al vendedor con los valores de los inmuebles y al comprador en la conveniencia o no de comprar".
Actividad dirigencial
Carlos también participó activamente en el Colegio de Martilleros, en el que estuvo al momento de su inauguración. "Me acuerdo que cuando tuvimos que organizar los cargos para crear la comisión directiva, necesitábamos 32 martilleros y en total éramos 36 los que desarrollábamos la profesión en la ciudad, llegamos con lo justo. Hoy hay cerca de 90 lo que demuestra cómo ha crecido el rubro", recordó el entrevistado.
Con la verdad
Por último, Carlos asegura que "mantener una buena línea de conducta" es el secreto para permanecer en una actividad. "La buena trayectoria es la que abre puertas. Siempre hay que ir con la verdad", expresó Ozafrán a modo de consejo.















