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Cambio climático y zoonosis: conceptos que deben pensarse juntos por la salud de todos

17 de junio de 2023 a las 12:00 a. m.

En los últimos tiempos hay conceptos sobre los cuales se habla con frecuencia. Las enfermedades transmitidas por animales y la problemática del cambio climático son dos de ellas que, aunque parecieran no tener relación a simple vista, las enlazan factores que merecen consideración. 

Las zoonosis se definen como las enfermedades e infecciones que se transmiten naturalmente entre los animales vertebrados y los humanos. Aproximadamente el 60 por ciento de las enfermedades infecciosas emergentes tienen un origen zoonótico y son una gran amenaza para la salud mundial, la economía y la seguridad.

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La pandemia de Covid-19 mostró las implicancias que las zoonosis pueden tener en la salud de la humanidad y expuso con claridad como el mantenimiento de los patógenos de origen zoonótico pueden llevar a emergencias sanitarias a escala global.

Ahora bien, ¿Qué tienen que ver las zoonosis con el cambio climático?

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Se ha demostrado que existe una relación directa entre el aumento de la temperatura y la extensión geográfica o mayor latencia estacional de los vectores responsables de dichas enfermedades. El panel de cambio climático intergubernamental reveló que entre el período 2001 y 2020 la temperatura de la superficie global aumentó 1°C con respecto del período preindustrial (1850-1900). Asimismo, los expertos predicen un aumento en la temperatura de 0,2°C por década.

El calentamiento global y las variaciones geo climáticas tienen una gran influencia sobre las enfermedades zoonóticas, ya que alteran la dinámica de las poblaciones de los hospedadores, vectores y patógenos. Esto se debe a que la transmisión entre los animales y los humanos está influenciada por procesos ambientales y socioeconómicos muy marcados ya que, en la mayor parte de los casos, la población junto con sus animales terminan por interactuar con animales salvajes debido a los cambios en el uso de la tierra, modificaciones de las fuentes de alimento y deforestación, entre otros. Esta situación ha llevado a la aparición de zoonosis con reservorios silvestres en áreas nunca antes registradas. Lo que viene sucediendo con enfermedades como Hantavirus y hasta la propia Fiebre Hemorrágica Argentina exigen poner la mirada sobre la interrelación entre el estado de la tierra y los agentes causales de enfermedades para estudiar su comportamiento, seguir de cerca su ecología y diseñar estrategias que posibiliten su adecuada prevención y control.

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En este escenario, resulta de suma importancia entender y comprender las variables o factores principales presentes en cada sistema para intentar predecir donde y cuando las infestaciones a humanos puedan ocurrir. Un ejemplo de ello es lo que ocurre en Brasil en donde existe el programa de detección de fiebre amarilla (enfermedad transmitida por mosquitos) que está basado en el seguimiento epidemiológico de primates no humanos -como centinelas- que ha sido de gran ayuda en las estrategias de vacunación permitiendo que se puedan controlar los focos iniciales en los municipios afectados. 

Las modelos de predicciones más optimistas sugieren que si no se mejoran las políticas a nivel global sobre cambio climático, para el año 2085 se incrementará entre un 50 y 60 por ciento la proporción de personas en riesgo de contraer dengue en el mundo. No es casual que la circulación viral se haya extendido más allá de sus límites geográficos tradicionales y que hoy esta y otras enfermedades transmitidas por mosquitos generen brotes epidémicos en zonas que antes parecían ajenas a esta posibilidad. 

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El desafío para el presente consiste en coordinar adecuadamente la información proveniente del ámbito científico y poder transmitirla a los sectores que toman decisiones para que se puedan implementar o mejorar los distintos programas de prevención de enfermedades zoonóticas. Hacia el futuro los desafíos son aún mayores porque es impredecible el comportamiento que el fenómeno del cambio climático tendrá si no se toman medidas adecuadas para revertir una tendencia que aventura escenarios casi apocalípticos, los cuales solo podrán evitarse con mayor conciencia social respecto de las implicancias que el cambio climático tiene no solo en la salud del planeta- un concepto que muchas veces resulta abstracto y deposita en los otros la responsabilidad de cambiarlo- sino en la salud individual y colectiva en la pequeña geografía, en el pago cercano, donde la realidad empieza a mostrar que algunas enfermedades emergen, vuelven a aparecer o irrumpen sin avisos, o habiendo dado señales que hablan de una clara interacción con la naturaleza y su estado catastrófico, y que nadie se detuvo a observar con previsión y determinación para mitigar su impacto.

Dejar de observar los fenómenos propios del calentamiento global como disociados de algunas enfermedades zoonóticas es un paso necesario para avanzar en miradas más atinadas de problemáticas cuyas consecuencias se expresan en algunos casos con mucha virulencia marcando que el futuro mismo de la humanidad puede ponerse en juego si algunas dinámicas de producción, de interrelación y de vida no se modifican radicalmente.

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