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Cambiamos la Justicia Federal o no hay destino posible

05 de junio de 2018 a las 12:00 a. m.

Como no es difícil imaginar en una Argentina donde la Justicia Federal está atada al carro de la política de turno, un escándalo de proporciones terminó en nada, como tantos otros.

Pasaron casi 11 años desde que la agente de la Policía de Seguridad Aeroportuaria María del Luján Telpuk ordenó abrir una valija de un vuelo de Presidencia Argentina y encontró 790.550 de dólares. Comenzaba así el famoso caso de las valijas de Antonini Wilson. Llegamos a 2018 y la causa prescribió sin juicio ni condenas.

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Este caso puede inscribirse como la historia de cómo “pisar” un expediente para que no llegue a ningún puerto y resultaría un desopilante libro de enredos. Al fin fueron el juez en lo Penal Económico Pablo Yadarola, que el año pasado rechazó el pedido de la fiscalía para procesar al exfuncionario Claudio Uberti y negó su apelación, y el fiscal Pablo Turano, que optó por no recurrir “en queja” a la Cámara los que escribieron el corolario de esta trama. Y punto final, con todos los protagonistas “felices como perros con dos colas”: sobrevino el cierre por prescripción de la investigación, que es más o menos lo que sucede con las causas penales donde el poder está en el medio.

Veamos en qué andan los protagonistas de la trama: tras el escándalo de las valijas, Uberti debió renunciar como titular del Organo Contralor de Concesiones Viales (Occovi) y quedó fuera de la diplomacia paralela que se había establecido en aquellos años con el gobierno de Venezuela en manos de Chávez. Y hasta la actualidad mantuvo el perfil bajo, para no hacer olas.

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El otro gran protagonista, Guido Alejandro Antonini Wilson, continúa en Key Biscayne y reafirma que la valija no era suya, como se la atribuyeron en el Aeroparque. Insiste en que era de Uberti. Ahora ya nunca lo sabremos a ciencia cierta.

En Buenos Aires, el expediente pasó por tres jueces de primera instancia, por la Cámara en lo Penal Económico y la Casación Federal Penal, y llegó hasta la Corte Suprema, que ordenó avanzar en la investigación por contrabando. Lo que obviamente nunca ocurrió. Y pese a que en una primera etapa se lograron probar las conexiones de Wilson y Uberti (éste último reportaba directamente a Néstor Kirchner salteando al mismo Julio De Vido) no alcanzó para que la Justicia argentina dictara aunque sea un procesamiento. Distinta fue la cuestión en la Justicia de Estados Unidos, donde se detuvo y enjuició a tres venezolanos y un uruguayo por actuar como agentes encubiertos de Hugo Chávez en Florida para comprar el silencio de Antonini. Tres de ellos se declararon culpables y la Corte Federal de Miami condenó al cuarto.

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Hay que ver el detalle, en la Argentina donde se cometió el delito, con pruebas físicas mediantes (no en todos los casos hay un “López” que tira bolsos ni un “Antonini” al que le pescan una valija con dólares muy por encima de la cifra permitida y sin declarar)  no se logró nada. Y en Estados Unidos, donde solo se intentó coimear para que Antonini no declarara contra Chávez por el origen del dinero, fueron todos procesados. Increíble.

Al fin, y pasados 10 años y 10 meses, en la Argentina el juez Yadarola concluyó que la fiscalía no acumuló pruebas suficientes para avanzar contra Uberti y planteó que las pruebas pendientes acaso estuvieran en Venezuela, que jamás respondió los exhortos, como sí lo hicieron Uruguay y EE.UU. Un final anunciado, la verdad. Porque cuando no se quiere ir a fondo, no se quiere y ya. Están a la vista las diferentes actitudes de las autoridades judiciales y políticas de los países involucrados en esta causa.

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Yadarola estimó que ni siquiera quedó claro si Uberti delinquió “a pesar del tiempo transcurrido desde la fecha de su presunta comisión, se encuentran en plena etapa de investigación, a la espera de la recolección de mayores probanzas para su total esclarecimiento”, textual del magistrado. ¿Qué esperan encontrar casi 11 años después?

La fiscal que impulsó la investigación hasta su jubilación, María Luz Rivas Diez, es la que termina por decir alguna verdad: “Luchamos contra todo el poder político que protegió a Uberti porque temían que abriera la boca. Aun así, es increíble que la causa no haya llegado a una condena y ni lográramos que lo procesaran a Uberti, y es una vergüenza que ya pisando este gobierno no se haya podido avanzar sobre él”. Más claro, echarle agua: la única esperanza que les quedaba era el cambio de Gobierno, signo más que evidente que la Justicia Federal trabaja maniatada por la política de turno.

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Ahora, si bien durante todos los años del kirchnerismo se pisó abiertamente el expediente, pasaron la presidencia de Néstor y las dos de Cristina, también hace más de dos años que gobierna Mauricio Macri y tampoco se logró nada.

Evidentemente no solo no avanzan las causas en tiempo real, es decir mientras los sospechados están en el poder, sino que luego ese mismo influjo parece acompañarlos de por vida. O bien a estas alturas, todo rastro de evidencia se ha esfumado.

Sea cual fuere el caso en el affaire de la valija, daría la impresión que la Justicia Federal, en general, quiere mantener buena relación con los que están en el Gobierno y con los que se fueron, no vaya a ser que vuelvan. Un despropósito que nos hace mucho daño a los argentinos.

Y si no fijémonos quiénes están presos por la corrupción del Gobierno anterior: muy segundones en la línea del poder (cuando sabido es que nada sucedía sin la anuencia del matrimonio presidencial), salvo Julio De Vido, y en estos casos hubieron de intervenir magistrados que tienen abierta inquina por el kirchnerismo. Lo cual no deja de generar sospechas sobre la ecuanimidad de la Justicia.

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En este escenario tan poco serio, el kirchnerismo afirma que todo es una gran persecución política y sus seguidores lo creen; el macrismo aprovecha y como cuando hay denuncias son desechadas sin investigar, sus seguidores también creen que ninguna denuncia tiene sustento.

La realidad es que todo se resume en que la Justicia Federal no funciona acorde a derecho sino a intereses políticos. Una cuestión que ya es indisimulable y que en algún momento deberemos encarar, buscando un cambio rotundo de este poder del Estado que, claramente, no cumple el objeto que debiera en una república.

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