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Buenas y malas

10 de marzo de 2015 a las 12:00 a. m.

Hay una buena noticia respecto de la enorme preocupación que genera para todos la inflación. Tras dos años, en febrero la inflación rompió el piso de 1,8 por ciento y otros hablan del  1,3 e incluso hay consultoras que dicen que estuvimos debajo del 1 por ciento. Obviamente que hay retraso cambiario, lo que ayuda a este proceso, según los analistas, pero a quienes salen a hacer sus compras eso no les preocupa, aunque no sea un dato menor.

Pero para marzo, la mayoría advierte que la suba en el costo de vida volverá a ubicarse claramente por encima del 2 por ciento, impulsada por factores estacionales. El comienzo de la época escolar, pago de aranceles más elevados en las escuelas y cooperadoras, compra de útiles e indumentaria. Todos objetos que están más caros que el año pasado. Además, como efecto de los acuerdos de subas de salarios y prestaciones, se estima que los costos de prepagas y otros servicios también se incrementarán.

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De todas maneras los economistas esperan un 2015 más tranquilo que el año pasado, y no sería extraño que volvamos a tener una inflación en torno al 30 por ciento, 10 puntos menos que la que tuvimos en 2014, según la percepción doméstica y de analistas privados. Hay un moderado optimismo en general, respecto de que los índices no se disparen como ha venido sucediendo.

Las consultoras privadas afirman que además, como se está comparando con los meses inflacionarios más duros del año pasado, surge más clara la diferencia en las mediciones que están realizando. La referencia es a la fuerte devaluación del peso que se produjo a mediados de enero del año pasado, que generó un salto muy marcado del costo de vida en todo el trimestre, llegando al 12 por ciento entre enero y marzo. Un verdadero defasaje para el bolsillo de cualquiera y un dolor de cabeza para los empresarios. Porque para redondear esa cifra promedio, hubo productos (los importados o con componentes importados) que aumentaron en tan poco tiempo hasta un 50 por ciento.

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Sin embargo, hay quienes aseguran que esta tendencia a la baja comenzaría a revertirse en el último tramo del año. A medida que se aproxime el cambio de gobierno, la eficacia del ancla cambiaria, que ahora funciona, se iría deteriorando frente a las expectativas de corrección de precios relativos. Porque las razones políticas también influyen y los mercados suelen ser muy sensibles a los cambios y a las expectativas. Amén de los esfuerzos del oficialismo de encorcetar el dólar con compras, inyecciones de divisas al mercado y el cepo.

También hay un efecto positivo que perdura tras la temporada estival, que fue de las mejores de los últimos años. Las ventas de bienes y servicios vinculados con el turismo registradas entre mediados de diciembre y fines de febrero aumentaron, medidas en cantidades, 4,7 por ciento promedio frente al verano anterior. El cambio de la percepción por compras al extranjero del 20 al 35 por ciento tuvo su correlato este año ya que cuando se produjo el aumento en 2013 muchos paquetes ya habían sido contratados. Esta vez, la opción por vacacionar en el exterior estaba muy por encima del turismo de cabotaje por lo que las familias se movilizaron a destinos argentinos mayormente.

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También con la actual desaceleración de precios -porque en la economía todo tiene que ver con todo- las ventas por volumen en supermercados durante enero aumentaron 6,8 por ciento en forma interanual, con una suba de precios de 23,5 por ciento en el mismo período.

La facturación se ubicó en 16.198,7 millones de pesos, lo que implica un aumento de 32 por ciento en la comparación interanual.

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En tanto, en los centros comerciales la venta por unidades en el primer mes del año creció 10,8 por ciento, un ajuste de precios de 13,63 por ciento en comparación con enero de 2014.

Pero como bien dice el título de este artículo, no todas son buenas noticias. Lo que produce un alerta es la acelerada devaluación del real brasileño. Si bien el ministro de Economía, Axel Kicillof, aseguró que en la Argentina no habrá pérdida en el valor del peso, es decir que aquí no habría una devaluación, sí admitió que la crisis en el vecino país podrían perjudicar nuestra economía por ser socios tan cercanos.

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Kicillof ejemplificó los problemas que podrían suscitase en el país con la situación del sector automotriz. “Si Brasil cae, nosotros tenemos un problema directo porque el 60 por ciento de lo que vendemos va a ese destino”, recordó.

En este sentido el funcionario no nos deja muy tranquilos.

“En el mundo hay en este momento un enorme terremoto económico, cambiario y financiero -señaló Kicillof-. Pero éste es un gobierno que, cada vez que hay problemas internacionales, ha tratado de fortificar la economía argentina para que la eventualidad no replique adentro, o por lo menos que sea con la menor violencia posible”, rescató.

Veremos el impacto que la economía brasilera nos genera, porque aunque nuestra inflación se haya desacelerado, un conflicto externo con un país con el que tenemos tantos negocios en común, nos puede crear una situación compleja.

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