Blanqueo exitoso tras un fracaso del Estado durante décadas
Se puede afirmar sin temor a duda que el blanqueo de capitales que lanzó el gobierno de Mauricio Macri fue exitoso, claramente. Las cifras finales fueron anunciadas por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne y el titular de la Afip, Alberto Abad, quienes señalaron que del total de esta operatoria fue por unos 23.500 millones de dólares que correspondieron a recursos que estaban en el país y otros 93.300 millones estaban en el exterior.
Dujovne destacó que el resultado del blanqueo muestra que los argentinos vuelven a confiar en el país dicho esto reconociendo que toda la tarea la realizó el exministro Alfonso Prat Gay, renunciado de su función por desinteligencias con el jefe de Gabinete Marcos Peña y sus escuderos, en lo que pareció una visible guerra de egos.
Es importante tener en cuenta que este fue el proceso de formalización de activos más alto de la historia Argentina, lo que hizo que la base imponible de bienes personales se duplicó. Antes del blanqueo la base imponible del impuesto de bienes personales era de 116.000 millones de dólares y aumentó 94 por ciento, llegando ahora a los 226 mil millones de dólares. Este sinceramiento fiscal, como lo ha llamado el Gobierno, ha logrado superar en más de 20 veces al que había organizado Cristina Fernández de Kirchner en 2009. Es un dato no menor.
En valores absolutos, el resultado del blanqueo fue el segundo más alto de la historia mundial, detrás de Indonesia que casualmente finalizó su blanqueo también el 31 de marzo, con 330.000 millones de dólares.
En tercer lugar, detrás de la Argentina quedó Italia, con 102.000 millones blanqueados en 2009; en el cuarto figura Brasil 53.000 millones en 2012; en el quinto España con 45.000 millones declarados en 2012 y sexto Chile con 20.000 millones blanqueados en 2015, siempre expresados en dólares estadounidenses.
En cuanto a los detalles locales, Abad explicó también que la base imponible de bienes personales en el exterior era de 19.000 millones de dólares y que ahora se extendió a 113 mil millones de dólares, lo que significó un aumento del 495 por ciento. Cuentas fuera del país y dentro, sin declarar ni blanquear de dónde procedían los fondos, empresas no declaradas. En fin, un menú de evasión de todo tipo.
Solo por inmuebles se sinceraron 20.500 millones de dólares o su equivalente en pesos de 167.000 millones. De ese total, 110.000 millones de pesos corresponden a inmuebles declarados en el país. Los inmuebles declarados en el exterior llegaron a 10.000 millones de dólares, de los cuales un 49 por ciento están en Uruguay (Punta del Este claramente). También una parte del blanqueo corresponde a la declaración de automotores, embarcaciones, aeronaves, obras de arte, joyas y metales preciosos.
Una vez que vemos con atención los números, es evidente que resulta una paradoja definir como exitoso un blanqueo de capitales, porque en realidad lo que debiéramos poner en la balanza es el fracaso del Estado que durante décadas no pudo evitar la enorme fuga de capitales y la evasión tributaria. Y aun habiendo sido un éxito este blanqueo se trata de un cuarto del total del stock fugado.
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La realidad es que hay muchos empresarios que han tenido años de grandes ganancias y no las habían declarado, en un país que tiene muchos vaivenes jurídicos, donde el Estado no permitía disponer de los fondos en un banco o no era fácil comprar y vender divisas. Este contexto no puede ignorarse. Sin eludir que tantos otros lo han hecho por simple evasión, porque no querían pagar impuestos.
Sucede que en la mayoría de los países del mundo se viene trabajando contra la evasión y el lavado (palabra que fue suplantada por sinceramiento fiscal, para no herir susceptibilidades), de modo que se está tornando cada vez más difícil mover capitales, fondos o vender inmuebles ocultos. Con el blanqueo cada cual va a poder verificar si los contribuyentes residentes tienen declarados como corresponde esos bienes en las declaraciones juradas y podrán disponer de su dinero sin temor alguno.
Este asunto no es menor porque en el mundo el secreto fiscal se está evaporando, porque al fin ya a ningún país le conviene tanta evasión y tanto dinero oculto. Sobre todo después de la crisis financiera global de 2008, que inició un debate sobre los paraísos fiscales y su perjuicio a los erarios públicos de todos los países, en 2014 unas 54 naciones y territorios, incluida la Argentina, acordaron el intercambio de información desde 2017.
Y la Argentina es uno de los países de Latinoamérica donde más se ha evadido, la fuga brasileña es un tercio de la de la Argentina. Teníamos casi el 90 por ciento de un PBI afuera.
Ya no podemos taparnos más los ojos, estas permanentes fugas de capitales que ha venido sufriendo la Argentina permanentemente, expresa de alguna manera el fracaso político y económico de la Argentina de los últimos cincuenta años, con crisis macroeconómicas fuertes, que tienen su traducción en momentos de fugas importantes.
No podríamos siquiera imaginar todo lo que podría haberse hecho en la Argentina si todas las ganancias enormes de tantas décadas se hubiesen reinvertido en el país, aunque más no fuese en un veinte por ciento. Del mismo modo que se podría haber pagado impuestos sobre tanto capital y tantos bienes. Otra sería nuestra realidad actual y muy distinta la pesada carga tributaria que quienes están en blanco soportan.
En buena hora que, al fin, se haya logrado esta recaudación producto del blanqueo, porque buena parte de esos fondos, de acuerdo a la resolución tomada por la Casa Rosada, se destinan a la reparación histórica de los jubilados, una de las deudas más pesadas que el país tiene para con los adultos mayores.













