“Blanquean” el uso de celulares en las escuelas
Para alivio de docentes y celadores de las escuelas bonaerenses, se terminó la prohibición y el uso clandestino del celular. A partir de ayer la utilización de teléfonos celulares, tablets, notebooks y computadoras personales está permitida dentro de las aulas de los colegios primarios y secundarios, públicos o privados, de la provincia de Buenos Aires.
Y hablamos de alivio porque en términos concretos el celular se ha convertido en una prolongación de la mano de chicos y adolescentes y la lucha para que no los utilizaran en las escuelas era una batalla constante, y perdida además. Porque hasta ahora existía la prohibición, concretamente sobre los celulares, ya que las computadoras portátiles estaban autorizadas toda vez que el Estado las distribuía gratuitamente en las escuelas públicas, asumiendo el costo de equiparar las posibilidades para los alumnos del sistema estatal, sobre la presunción de que las familias que pueden afrontar la compra de la netbook para sus hijos. Esta iniciativa, conocida como Conectar Igualdad para el nivel secundario, se presentó como el principio de la era de la educación con contenidos digitales. Aunque, en los hechos, no logró su amplio cometido y se redujo, en la mayoría de los casos, a la entrega gratuita de los aparatos. Los motivos, diversos: falta de conectividad en las escuelas y poca disposición por parte de los docentes a incorporar esta herramienta, entre las principales. Esto último, a razón de que las capacitaciones no resultaron suficientes.
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Traé tu propio dispositivo al aula se llama la nueva la iniciativa oficial por medio de la cual la cartera educativa bonaerense que conduce Alejandro Finocchiaro procura saltar de la escuela del Siglo XX a la del Siglo XXI.
Obviamente que este es un paso necesario pero, a la luz de lo ocurrido con Conectar Igualdad, no el primero a asumir ni tampoco el fundamental, porque la introducción oficial del celular en la escuela, será una herramienta en la medida que se complete un proceso que implica, desde el perfeccionamiento docente en la materia hasta la ampliación de la conectividad de las escuelas, pasando por el cambio de paradigmas y planes de estudio.
Desde el punto de vista teórico, el ministro tiene razón respecto de que los programas de estudio primarios y secundarios son claramente del siglo pasado, que no se prepara a los niños y jóvenes para la realidad laboral que les espera fuera de la escuela y que, como se ve a simple vista, muchos chicos se aburren mortalmente en las clases porque tienen una estimulación muy distinta en la vida extraescolar que la que viven en el aula.
Pero decimos que la llegada del celular, para que no sea solo un blanqueo de una realidad que resulta inevitable, hay mucho camino por recorrer. Por ejemplo para que pueda darse la Provincia deberá ampliar la conectividad en las escuelas. Hoy apenas el 25 por ciento de las 14.683 escuelas de la provincia tiene algún espacio con conectividad. Las autoridades se comprometieron a llegar al 100 por ciento recién en 2018. Mientras tanto, ¿el celular ayuda o entorpece la transmisión de contenidos?
Cada colegio tendrá la libertad de decidir cómo usar la tecnología y qué actividades desarrollarán los alumnos para interactuar con sus dispositivos. Se creará una plataforma virtual llamada ABC para que los docentes que serán especializados puedan utilizar los dispositivos con los alumnos en el aula. Todo está por suceder, pero aún solo se ha dado el paso de dejar entrar a los alumnos con el celu a la escuela.
El anuncio de Finocchiaro suscitó polémicas entre los intendentes de los municipios bonaerenses más pobres. Porque afirman que las escuelas privadas que tienen metodologías más ordenadas y además todos los alumnos cuentan con el dispositivo, pero las escuelas públicas con alumnado de zonas más vulnerables habrá más desigualdad. Y afirman que solo si distribuyen dispositivos a los alumnos podrán seguir el mismo derrotero.
La realidad es que según un reciente estudio de Unicef, el 90% de los niños de nuestro país tiene acceso a algún tipo de dispositivo. La mitad de estos niños está conectada la mayor parte del día. Según el informe, denominado Kids Online, seis de cada 10 niños se comunican utilizando un teléfono celular y ocho de cada 10 niños usan Internet. El problema, en todo caso, no será por falta de dispositivo, como dicen los jefes comunales, sino por problemas de implementación. Ya que se trata de escuelas donde es clave retornar a una disciplina que, con o sin celular, no tienen.
Para justificar la anulación de la prohibición, el Gobierno provincial citó como modelos por seguir los que se aplican en otros países como Estados Unidos o Nueva Zelanda. Quizás en estos países no sucede como en la Argentina que hay escuelas que tienen 40 alumnos por aula, de modo que el control del uso del celular, que permite todo tipo de aplicaciones, no solo las que permita la escuela, será una tarea para titanes, no para docentes. ¿Cómo se supone que se limitará otro tipo de usos durante la hora de clase? ¿Cómo evitar que durante ese tiempo no ingresen mensajes de Whatsapp, Instagram o Snapchat? ¿Cómo lograr que el chico no se aparte de la tarea para contestar o, que no se distraiga con cada notificación, aunque esté en modo silencioso?
Por eso decimos que, más que un primer paso hacia la digitalización de la enseñanza, es quitarles un problema de encima a los docentes y preceptores que hasta el día de ayer se veían hora a hora discutiendo con los alumnos que infringían la norma del no uso de celulares en el aula. Ahora, ya no tendrán que renegar más. Simplemente, se baja la guardia. Si se usa o no el celular para cuestiones académicas, por el momento será a decisión de cada docente y establecimiento.
Solo si previamente y con carácter de urgente se realiza la capacitación docente a conciencia, se podrá incorporar la tecnología como recurso pedagógico didáctico a fin de enriquecer el proceso de aprendizaje y acompañar a los chicos en su desarrollo en función del mundo que los espera después de la escuela. Y en cuanto al dispositivo de soporte, claramente el celular no es la mejor opción. Existen otras que pueden proveerse desde el Estado, gratuita o financiadamente. Así como se hizo con las netbooks, a un costo incluso menor por su producción en serie, el Estado puede entregar tablets con los programas a utilizar exclusivamente. Para las escuelas privadas, una adquisición financiada a través de las cuotas es una opción al pago contado. Siempre del aparato oficial, no cualquiera. Hay que tener en cuenta que, a principio de año, el costo que abonan las familias en concepto de material didáctico que ya no se utilizaría (libros, fotocopias, hojas) es mucho mayor que lo que costaría una tablet de estas características. Los libros de texto no bajan de 400 pesos, y son varios.
La potencialidad de uso de las nuevas tecnologías es enorme, pero pensar en el celular como una herramienta pedagógica cuando estamos tan en pañales en cuanto a conectividad y especialización para ponerlo en marcha es sumar un problema más al docente al frente del aula.
Si bien hoy existe un fuerte consenso acerca de la necesidad de universalizar el acceso a las tecnologías para promover nuevos procesos de aprendizaje, en general, al teléfono celular se lo margina y se lo excluye. Según el trabajo de Unicef mencionado, su utilización de forma efectiva es insignificante, y sólo uno de cada 10 maestros argentinos dijo haberlo probado en el último año. En consecuencia, en manos de los chicos y sin tener aun un plan, es un objeto de distracción.
Todo cambio genera riesgos, cuyos resultados pueden ser positivos o negativos. Que Internet haya ingresado a las escuelas es interesante, puede ser una herramienta útil, no sabemos si utilizar el celular para este objetivo tendrá el mismo resultado. Quizás si se lograra que los alumnos tuvieran una tablet para la escuela, la misma para públicas y privadas, en un acuerdo con el Estado para igualar sectores de mayores o menores recursos, un dispositivo creado para estudiantes, el resultado sería otro.

















