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Bienestar y salud mental en la agenda de la pospandemia

08 de octubre de 2021 a las 12:00 a. m.

Desde hace más de un año y medio todas las dimensiones de la vida están alteradas. Desde el trabajo hasta las interacciones sociales se han visto atravesadas por la pandemia y modificadas por los cambios que ha impuesto una situación disruptiva. Esto impacta significativamente en la salud mental y sus efectos comienzan a expresarse en distintos ámbitos y son reflejados por diversos estudios. Uno de ellos es el que realiza el Observatorio de Tendencias de la Universidad Siglo 21 que muestra señales alarmantes de deterioro en la salud mental de los ciudadanos argentinos, a pesar de contar con altos valores en los indicadores que miden las relaciones sociales entendidas como capital social.

Aunque algunos indicadores del estudio habían comenzado a marcar esta tendencia en la prepandemia, con las situaciones vividas durante la emergencia sanitaria parecen haberse profundizado. Las cifras indican un aumento sustantivo en los niveles de estrés crónico y agotamiento emocional.

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Atendiendo a que el nivel de agotamiento emocional es un indicador de salud mental, los datos, que también reflejan otros estudios y que advierten profesionales que trabajan en distintos campos tanto públicos como privados, señalan la conveniencia de poner el cuidado de la salud mental y su atención entre las prioridades al momento de establecer la agenda de la pospandemia. 

En este sentido, el estudio del Observatorio advierte que prácticamente todos los problemas emocionales y enfermedades mentales comienzan cuando las personas se exponen durante un tiempo prolongado a niveles altos de estrés y señalan la necesidad de acompañar este tiempo signado por el temor y la incertidumbre con dispositivos acordes para promover los procesos de recuperación social. 

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La respuesta de agotamiento emocional y el nivel de bienestar psicológico que disminuyen operan como señales de alerta para trazar estrategias adecuadas a cada contexto y a la singularidad de cada persona. En términos colectivos, la salud mental está llamada a transformarse en una política de Estado desde la cual se brinden respuestas accesibles y pensadas para este momento de la historia que es sumamente particular.

Considerando el modelo creado a partir de investigaciones científicas basadas en la Psicología Positiva, el bienestar se define a través de cinco variables: Presencia de emociones positivas; sentirse energizado por el trabajo cotidiano; contar con relaciones humanas saludables; tener un significado y propósito den la vida; y experimentar sensación de logro.

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En distintas medidas y atendiendo a los contextos, algunas o todas estas variables se han visto sacudidas y es necesario establecer condiciones para volver al equilibrio. 

Siempre tomando como referencia el trabajo realizado desde el Observatorio de Tendencias de la Universidad Siglo 21, a pesar del deterioro del bienestar, los participantes del estudio, coincidieron en destacar que a pesar del deterioro en las condiciones de vida que ha impuesto la pandemia, hay aspectos que se resaltan positivamente en la vida de los argentinos y que redundan en capital social. Una amplia mayoría dice sentirse muy amado y expresa satisfacción con sus relaciones personales. En el escenario actual estos datos resultan sumamente valiosos porque ilustran, como pocos, que uno de los principales recursos para alcanzar el bienestar tiene que ver con la calidad de la relación con los otros; curiosamente uno de los espacios más golpeados por las exigencias de confinamiento impuestas en el último tiempo. Sin embargo, a la luz de las respuestas pareciera que ese capital hubiera quedado preservado y listo para transformarse en impulso para la reconstrucción.

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En este momento en que, si bien la emergencia sanitaria aún no ha terminado, comienzan abrirse ventanas de posibilidad en torno a la construcción de "la nueva normalidad" y aporta cierto alivio, desde el punto de vista de la salud mental se torna necesario poner en foco el estado emocional de la población y sus recursos subjetivos para salir adelante. Y hacerlo considerando que el bienestar tiene un creciente valor estratégico para impulsar políticas de Estado dado que hay fuerte evidencia de los costos y problemas que puede evitar.

Cada día es más aceptado que el bienestar es un derecho humano y las personas comenzarán a exigir políticas públicas que lo garantices. Hasta aquí y más allá de algunas excepciones, la prioridad la ha tenido la cuestión sanitaria en términos asistenciales, quizás llegó el tiempo de ampliar la mirada y crear las condiciones apropiadas para que la sociedad sienta que tiene a su disposición instrumentos que colaboran en la titánica tarea de recuperar el bienestar colectivo para salir fortalecida de una crisis tan larga y profunda. Poner en juego la resiliencia social es tarea imprescindible y para ello será necesario construir un sentido al sufrimiento presente; enfocarse en el cuidado propio y de los demás; encontrar maneras activas y significativas de transitar la realidad; centrarse en la construcción del mejor futuro posible, algo que implicará aceptar las pérdidas y construir a partir de la detección de nuevas oportunidades. 

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Aprender de esta experiencia no elegida y traumática, será la gran tarea. Disponemos para lograrlo de dos grandes motores: el conocimiento de base científica para trabajar en esa dirección; y las reservas invaluables de capital social que conserva Argentina. Si la política pone manos a la obra, el futuro es promisorio.

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