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Aumenta el salario mínimo, vital y móvil pero la inflación sigue, como telón de fondo

23 de julio de 2015 a las 12:00 a. m.

Empresarios, funcionarios y sindicalistas acordaron elevar el Salario Mínimo, Vital y Móvil (Smvm) actual a partir del mes próximo de 4.716 a 6.060 pesos, aunque el aumento se hará por etapas, arribándose a la cifra final recién en enero de 2016.

Este consejo que se reúne anualmente lo preside Cristina Kirchner, que con apenas un solo día de negociación, logró anunciar la suba anual de este concepto que es base del cálculo para muchas variables de la economía.

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La reunión se realizó en el Ministerio de Trabajo entre los empresarios, los representantes de los trabajadores y el Estado y lograron acordar el anuncio de la suba total, que alcanzó el 28,5 por ciento, en línea general con las paritarias.

El aumento se cobrará en dos partes: la primera, del 18,5 por ciento, el mes próximo, lo que llevará el mínimo de los actuales de 4.716 pesos a 5.588, mientras que el 10 por ciento restante se sumará el 1° de enero de 2016.

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Hay dos cuestiones que este año, por ser electoral, se han modificado: la fecha para convocar a este encuentro que el año pasado fue en septiembre y en cambio este año fue en julio, previo a las dos instancias de votación. Además, que se acordara que la suma mayor sea la primera en otorgarse para que se sienta en el bolsillo en pleno proceso comicial, ya que el resto se otorga para inicios del año que viene.

La negociación fue muy sencilla, casi sin debate; comenzó por la mañana y pasó a un cuarto intermedio para la tarde. A las 20:00, Cristina Kirchner llegó a la gran mesa para sellar final al acuerdo. 

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Desde 2003, cuando se creó el Consejo del Salario, hubo años en que la reunión se extendió hasta la madrugada, con acalorados debates, pero en este caso, frente a un fin de gobierno y habiendo cerrado ya todas las paritarias, y sobre todo en cercanía de elecciones, el mínimo del salario inicial no resultó tema de conflicto.

Los empresarios llegaron al encuentro con la idea de una suba del 27 por ciento. Los gremios se negaron a aceptar la cifra. A media tarde, habían conseguido un acuerdo por 28 por ciento hasta que llegó el ministro de Economía, Axel Kicillof, que se adelantó a la presencia de Cristina y pidió, en nombre de la presidenta, un aumento de medio punto más. Y allí todos estuvieron de acuerdo.

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Por la pata gremial, en esa mesa se sentó Antonio Caló, por la CGT oficialista, o al menos más cercana al Gobierno. No obstante, al referirse al acuerdo que él mismo suscribió, dijo con honestidad brutal que “para vivir dignamente se necesita arriba de 8.500 pesos, eso sin tirar manteca al techo”. No puede hablarse de contradicción sino de una negociación donde hubo que ceder para encontrar un punto de inflexión. Lo bueno es que el dirigente gremial, con estas declaraciones, está asintiendo que la realidad es otra, que la inflación no es la que dice el Gobierno, a partir de la cual pone tope a las paritarias y, en este caso, selló el Smvm en menos del 30 por ciento. Ubicarlo en 8.500 implicaría para el oficialismo admitir que la inflación no está ni cerca del 25 por ciento esgrimido.

Por este motivo no fueron parte de la mesa ni Hugo Moyano -CGT opositora- ni Pablo Micheli -CTA disidente-, que sostienen que “el Gobierno pretende garantizar una actualización del Salario Mínimo, Vital y Móvil por debajo de la inflación”.

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Caló también fue esclarecedor al explicar que el nuevo aumento beneficia sólo a 150 mil trabajadores de los 9 millones que hay en el país. ¿Quiénes son? Los trabajadores que no están incluidos en los convenios colectivos, a los empleados en negro y a trabajadores de empresas muy pequeñas. 

El salario mínimo es un piso, una especie de paritaria general en la que, con el arbitrio del Estado, las centrales obreras y las cámaras empresarias se ponen de acuerdo sobre el escalón más bajo de la pirámide salarial.

Cabe recordar que el Consejo del Salario se volvió a reunir con la llegada del gobierno kirchnerista. Hasta ese momento no sólo no hubo debates sino que el Smvm congelado. También es parte de la verdad que en el uno a uno, durante el mandato de Carlos Menem, al no haber inflación e imperar la estabilidad tampoco urgían los incrementos salariales. Es imposible trasvolar las situaciones en el tiempo, lo mismo que en la geografía. Las realidades no son las mismas por lo que no caben las comparaciones absolutas. Es una falacia decir hoy que la Argentina tiene el salario mínimo más alto de la región si no mide en relación con la inflación del país. Tampoco es veraz la comparación que hizo la presidenta recientemente con las negociaciones paritarias de España, al decir que allí se acordó un aumento del 1,75 por ciento por tres años sin mencionar que en el país ibérico hay estabilidad con tendencia a la deflación.

De todos modos, la presidenta insistió con que la Argentina alcanzaba así el salario más alto de toda América Latina y lo comparó con Chile, Brasil, Perú y México. Lo que no dijo y nadie se lo reclamó, en ese momento de charla amable, es que ninguno de esos países tiene la inflación de la Argentina.

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Las variables del salario, es cierto, son muchas, no sólo el incremento de precios es la definición absoluta, sino otros aspectos que globalizan un concepto de sueldo y para qué alcanza a cada familia trabajadora. Es allí donde se deben hacer las comparaciones para ver si en realidad tenemos el poder adquisitivo más alto de la región.

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