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Argentina, integración y refugiados en la política de Macri en la Unión Europea

06 de julio de 2016 a las 12:00 a. m.

Para poder entender lo que está sucediendo con el presidente Mauricio Macri en su gira europea, el recibimiento que logró de los mandatarios, es necesario analizar el giro que la Argentina, desde que asumió la administración PRO, hizo en materia de relaciones internacionales.

En este sentido no hay argentino que haya votado al macrismo que no supiese que la política exterior iba a cambiar radicalmente. Entre otras cosas, porque creía necesario este viraje es que el ciudadano lo votó. El presidente cuando era candidato lo anunciaba sin tapujos: buscaba la rápida integración al mundo, abrirse a mercados tradicionales y emergentes, ser absolutamente pragmáticos en este aspecto y menos ideologizados, en pos de los intereses del país pero sobre todo de las necesidades, tanto de colocación de producción argentina como de la llegada de inversiones y divisas. Porque la premisa en un mundo globalizado es mantener relaciones y hacer negocios con quienes conviene a los intereses del país, ser inteligentes (en el sentido de sagaces) en los acuerdos comerciales, antes que plantearse si negociamos con una nación u otra porque políticamente estamos más a gusto.

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Las palabras de Macri en la campaña hablaban de su intención de que la Argentina establezca “relaciones inteligentes y pragmáticas con el resto del mundo”. Y a poco de andar, ha plasmado sin fisuras lo prometido, instaurando un contundente cambio de la política de relaciones exteriores respecto del kirchnerismo, que se había alejado de esos círculos de poder internacionales. Nos habíamos apartado de Estados Unidos y la Unión Europea para entablar alianzas políticas y comerciales con Venezuela, China, Rusia, Irán, Angola, entre otros países.

La idea es que desde el Mercosur, sobre todo con Brasil que sigue siendo un socio estratégico de la Argentina en la región, se busca no solo normalizar acuerdos con Estados Unidos -que a través de la rápida visita de Barack  Obama al país, demostró su intención de lograr estos avances-, también avanzar en acuerdos con la Unión Europea.

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En este sentido el pago a los fondos buitre y el acercamiento a la Alianza del Pacífico fueron pasos importantes en cuanto a abrir la Argentina al mundo, ya no solo vía Mercosur sino con acuerdos bilaterales incluso, que beneficien a nuestro país. Ha sido rápido de reflejos el presidente ya que tendió estos puentes en paralelo a la estrepitosa crisis de Brasil y el estancamiento del Mercosur.

Mal no le ha ido al Gobierno respecto a estos objetivos, ya que tras Obama, varios presidentes de la Unión Europea visitaron nuestro país en los primeros seis meses de gobierno macrista, lo que indica que cuando la política exterior se abre, el mundo le responde.

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Sin embargo, antes de ingresar en este último viaje presidencial a Europa, hay una advertencia necesaria para que no nos llamemos a confusión: la Argentina es un país con grandes recursos naturales, eso es innegable. Pero no somos una potencia mundial, nunca seremos el “pez gordo” en una relación comercial.  Somos uno más de muchos países que intentan tener un vigoroso comercio exterior, hacer buenos tratos que beneficien a la sociedad en general y a la balanza comercial en particular. Si trabajamos seriamente y en forma sostenida, con reglas claras y seguridad jurídica, podemos llegar a ser un país importante dentro de las naciones emergentes. Decimos esto, porque a veces se llama a la confusión creyendo que los países centrales están para perjudicarnos. Estados Unidos en este sentido es el “cuco” por excelencia de quienes vituperan las relaciones internacionales de la derecha argentina, como es el gobierno de Mauricio Macri. Y la realidad es que los negocios que nuestro país establezca con Norteamérica  serán beneficiosos o no de acuerdo a la inteligencia con que los planteemos y la conciencia que tengamos de lo que nos beneficia. Acá no hay “cucos” en la política exterior en épocas de la economía globalizada, hay países más ricos y otros que no lo son y hay que optimizar nuestra situación para beneficiarnos. Así de simple. 

En su gira europea de esta semana, Macri estuvo en Francia, en Alemania en ambos casos con importantes reuniones de mandatarios. Y destacamos el encuentro con la alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Federica Mogherini, y con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk,  donde no sólo se planteó que fueron reuniones excelentes, sino se dijo que la Argentina se ha convertido en “el actor clave” para el logro definitivo de un acuerdo de libre comercio Mercosur-UE.

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Macri interpretó claramente el momento que se vive en Europa y habló de integración,  y esta postura fue muy bienvenida por los países de este gran mercado común. Para los europeos que el presidente argentino haga tanto hincapié en la integración les pareció un gesto claro de plena coincidencia política y despertó gran simpatía entre los mandatarios.

Y hay un dato que no es menor se están adquiriendo tratos con los Estados Unidos y la Unión Europea para recibir refugiados que huyen de la guerra civil en Siria se basan en un plan mayor de inserción argentina en el plano internacional. En principio se recibirán a tres mil refugiados que atraviesan una pesada crisis humanitaria.

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Como argentinos es para destacar el tener un Gobierno que asume estas actitudes solidarias a nivel mundial, frente a una crisis en la que Europa aún no termina de hacerse del todo cargo del problema.

Lo que resta acordar con los países centrales es cómo se va a financiar la llegada de estas personas, la logística, su alojamiento, su inserción laboral y cultural y la atención sanitaria puesto que es gente que, además de lo habitual en términos de salud, puede venir con enormes traumas.

La actitud de Macri nos ubica en una posición de liderazgo en una problemática muy difícil, en la cual muchos países aún no saben cómo manejar la situación de la que en definitiva el mundo debe hacerse cargo.

Este tema el presidente habló además con el mandatario italiano Matteo Renzi, con el francés François Hollande, con Barack Obama y con el Papa Francisco. Por otra parte, a través de la canciller Susana Malcorra, semanas después de asumir la Presidencia Macri le envió una carta al secretario general de la ONU, Ban ki-moon, con su compromiso país respecto a los refugiados.

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El Gobierno envió una misión de Cascos Blancos a un campo de refugiados que se levanta en el Líbano y a partir de allí es que terminó por ofrecer un número de refugiados sirios que puedan venir a este país y hemos solicitado a los países más ricos que nos apoyen con el financiamiento de esta operación, no solo para la llegada sino para la localización y la integración, una palabra que al presidente le gusta mucho.

 

Y a los argentinos les puede gustar o no este viraje en la política internacional de Argentina, pero lo que no pueden decir es que es sorpresivo. Es Macri en estado puro.

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