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Argentina frente al necesario cambio de rumbo de su economía

23 de noviembre de 2013 a las 12:00 a. m.

Tras conocerse los cambios de figuras en el Gabinete nacional, empezaron a surgir los primeros indicios de un golpe de timón en materia económica, al menos en lo que hace a políticas de fondo y no a la coyuntura. Por ejemplo, los acuerdos de precios –que salvan “las papas” del momento- continuarán- pero otras actitudes parecen estar virando hacia una mayor apertura –hacia empresarios y organismos de financiación internacional- en la búsqueda de soluciones a los problemas acuciantes, que suelen estar ajenos a la cotidianeidad de la gente como la caída de las reservas.

El nuevo jefe de ministros, Jorge Capitanich y el flamante titular de Economía, Axel Kicillof lanzaron algunas pautas de lo que podrían ser medidas concretas en los próximos días, todas tendientes a salir del asedio que el Gobierno se ocupó de disimular durante mucho tiempo y que ya no se podía ocultar.

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Aunque los ministros evitaron dar precisiones sobre las medidas que se adoptarán, hablaron de abrir y ampliar las exportaciones, lograr financiamiento externo, reducir el déficit, bajar los subsidios y gravar la compra de bienes suntuarios.

No hace falta ser experto en la materia para concluir en que estamos frente a un cambio del rumbo económico del país, muy necesario por cierto, después de padecer políticas erráticas que llevaron a que inversores no arriesgaran en el país, que el comercio y la industria se vieran perjudicados por las restricciones aduaneras, que el asalariado no pudiera ahorrar y que se achicaran las reservas del país, entre otras consecuencias negativas. Por eso estos cambios que se prevén son bienvenidos, porque dan una bocanada de oxígeno después de estar al borde de la asfixia.

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Por ahora no es mucho lo que se sabe sobre medidas a adoptar, pero se espera que tengan un impacto positivo. Cuando se toman decisiones en materia económica nada es seguro, máxime cuando se trata, como una de las primeras medidas, de recuperar la confianza de los inversores y de la gente en general. Lo que se reclama desde hace años es previsibilidad, reglas del juego claras para que se pueda proyectar al menos en el mediano plazo, y ese será el primer desafío del nuevo equipo económico del Gobierno.

“Vamos a incrementar el volumen de divisas y de reservas, pero eso se logra de una sola manera: exportando más y generando más inversión pública y privada con financiamiento internacional”, planteó Capitanich.

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Nuestro país no es un destino confiable para el desembarco de capitales, pero con la recuperación del orden interno en materia económica puede que Argentina vuelva a ser vista como una tierra fértil por los inversores. De hecho, poder reingresar al mercado de capitales sería un paso fundamental hacia la normalización de las relaciones con la comunidad financiera internacional, lo cual reinsertaría a las empresas nacionales en el mercado con posibilidades de acceder a mejores condiciones crediticias. 

Si verdaderamente se logra romper esa barrera que veda la inserción en el mundo de los capitales, Argentina se alejaría de la línea retrógrada en la que aparece junto a Venezuela, Bolivia y Ecuador, todos países que en vez de mostrar crecimiento dejan pasar las posibilidades de ofrecer mejores condiciones de vida para sus habitantes.

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En cambio, nos acercaríamos más a la línea de Brasil, Uruguay, Chile y Perú, que muestran economías crecientes a partir de sus relaciones con los mercados internacionales.

Atraer inversiones, entre otras cosas significa mejorar las empresas y esto implica mayor producción, que a su vez redunda en más mano de obra y mejores condiciones para el circuito interno de la economía.

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Ahora parece estar llegando el momento de la reapertura al mundo de los capitales, con lo cual se lograría una inyección fundamental para el crecimiento económico. Desde luego que habrá que tomar los recaudos necesarios para no repetir tristes experiencias, pero es un buen síntoma que se vuelva a colocar a la Argentina en el grupo de países potables para la radicación de inversiones.

Sin embargo hay cuestiones que preocupan al ciudadano de a pie, al que sabe que si al país y a las empresas les va bien, él va a recibir los beneficios. Para ese público habló Kicillof en su primera aparición pública como ministro, llevando tranquilidad desde las palabras. Prometió que se mantendrán los acuerdos de precios y planteó que se repasarán los subsidios a los servicios públicos pero que las medidas que se tomen en ese sentido “no van a afectar el bolsillo de los argentinos”.

En cuanto a temas candentes como la inflación y el dólar, el ministro no fue muy preciso. Evitó hablar de inflación y al problema lo llamó “variación de precios” y ante la consulta del posible desdoblamiento cambiario, no descartó ninguna variable y sólo dejó en claro que no habrá ninguna megadevaluación.

Las palabras de Capitanich y Kicillof sonaron como música para los oídos de millones de argentinos, porque los indicios que lanzaron eran cuestiones básicas que se estuvieron reclamando durante mucho tiempo. En la teoría es lo que correspondería hacer para corregir los parches que se fueron colocando, la mayoría de la mano de Guillermo Moreno, pero en la práctica habrá que ver cómo resultan las medidas que se apliquen.

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Lo cierto es que era necesario un cambio de rumbo y que parece estar todo dado para que la economía nacional empiece a dar señales de recuperación, a partir de fomentar medidas básicas como el aumento de las exportaciones, la obtención de financiamiento externo, la reducción de subsidios y la corrección de la política cambiaria, entre otras.

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