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Animales o próceres en los billetes: ¿una discusión de forma o de fondo?

23 de noviembre de 2019 a las 12:00 a. m.

En una entrevista periodística el presidente electo Alberto Fernández planteó su inquietud de quitar de los billetes las figuras de animales que se instalaron como parte de la política monetaria durante la gestión de Mauricio Macri. Lo que parece una nimiedad a la luz de los graves y urgentes problemas que el Gobierno entrante deberá resolver en materia económica se transformó en una cuestión de Estado y abrió entre los argentinos una nueva grieta. Antes, en los billetes aparecían próceres de la historia argentina. En 2016 el actual Gobierno anunció que iba a reemplazar esas figuras por las de animales típicos de distintas regiones del país, y así, según la denominación de cada moneda a figuras de la historia los fueron reemplazando la ballena franca austral, el yaguareté entre otras especies autóctonas. En aquel momento la decisión ya abrió un debate. Historiadores y líderes de opinión alzaron la voz. En la gestión anterior, Cristina Fernández de Kirchner, en lo que definió como un acto de reparación histórica, imprimió la figura de Eva Perón y de las Islas Malvinas a una serie de billetes para correr del mapa de la simbología monetaria a la controvertida figura de Julio A. Roca.

En ocasión de dar lugar a la fauna autóctona para identificar a los billetes de distinta denominación fue el jefe de gabinete Marcos Peña quien justificó esta decisión en la necesidad de cerrar la grieta entre los argentinos y pacificar el clima nacional “despolitizando” la cuestión de las imágenes de los billetes. El fundamento fue que los animales autóctonos de distintas zonas del país no iban a generar los debates que generaba la presencia de figuras de la vida política o histórica de la Nación. En ese momento el marketing se impuso por sobre las ideas políticas y la medida cobró sentido y se implementó con las objeciones que fueron públicas en su momento y que después, pasaron.

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El anuncio efectuado por Alberto Fernández llega en otro momento. Y quizás por eso es que en gran parte de la opinión pública generó cierto malestar. En primer lugar, porque pareciera que comprueba esto de que siempre que llega un nuevo gobierno, lo primero que hace es echar por tierra lo que hizo el anterior, aún en cuestiones mínimas o de la política doméstica.  Como si siempre se estuviera empezando, bajo el argumento de cambiar una ideología por otra, algo que de por sí más que unir, divide.

En segundo lugar, porque la hora exige que el primer mandatario esté pensando más en cuestiones de fondo que de forma. Si bien es cierto que como parte de una estrategia la expresión de deseo de intervenir sobre la imagen de los billetes resultó efectiva para correr el eje de atención de otras urgencias, no menos real es que el tema resulta menor a la luz de las imperiosas urgencias de la economía nacional.

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Nadie discute la legitimidad de que los billetes puedan ser identificados con figuras de la talla de Borges, Sábato o Córtazar. De ninguna manera es cuestionable el tamaño intelectual de dichos referentes de la cultura y lo que sus aportes significan para la propia identidad nacional. Lo que resulta curioso es que, casi como una provocación al macrismo, los anuncios comiencen por allí. Para abrir aún más la grieta. Para generar discusiones estériles en torno a un tema que no cambiará la historia de los argentinos, pero que sí encierra una connotación ideológica marcada. Y representará un capítulo más en la repetida historia de hacer y deshacer que parece marcar a los argentinos. Más allá de quien ocupe el lugar en el papel de los billetes, más allá de lo que esto representa para la simbología sobre la cual se asientan posicionamientos ideológicos, la gran tarea que tiene por delante Alberto Fernández y quienes conformen su equipo de gobierno es devolverles a esos billetes su valor y el resguardo que le asegure al país volver a tener una moneda confiable y de peso real. Y para ello centrar el accionar y la energía en todas aquellas acciones que contribuyan a morigerar el daño que la inflación y la política monetaria han causado en la base misma de la economía. Algo que va mucho más allá de lo que supone que en un billete aparezca un animal, un prócer o un referente de la cultura popular. Ocuparse de los complejos problemas económicos que ha generado la inoperancia de la dirigencia de los últimos años que se ha ocupado más de atender las cuestiones de forma que de fondo, es una necesidad imperiosa que no admite distracciones. Lo demás es perpetuar el destino lamentable que nos tiene como país siempre desandando el camino transitado, ocupándonos de lo superficial sin dar verdadero lugar a lo importante que es que con la moneda la gente realmente pueda hacer algo que la conduzca al progreso.

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