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América Latina y el Caribe en otra sintonía en el Siglo XXI

22 de marzo de 2016 a las 12:00 a. m.

La visita de Barack Obama a Cuba, tras 88 años desde que un presidente norteamericano visitó la isla por última vez, se produce en un momento histórico, en el cual América Latina viene abriéndose a un proceso de pacificación, tras una violencia desatada en las décadas del 70 y 80. Momentos en que la Argentina, Chile y Uruguay atravesaban por sus propias guerrillas en la primera década y en la segunda Perú y Colombia pasaron por los efectos retardados de movimientos revolucionarios que recién ahora parece que van a encuadrarse.

En este marco de cambios mirando al Siglo XXI es que se avizora una posibilidad cierta de que se ponga fin al bloqueo a Cuba por parte de Estados Unidos, con una mirada política muy interesante del Papa Francisco que acercó las irreductibles posiciones de las partes. Lo gratificante para todo el mundo, de la ideología que sea, es que este proceso se esté llevando a cabo de manera progresiva y pacífica; no medió un colapso ni tuvo que morir Fidel Castro, como muchos consideraban necesario para que se reanudara el vínculo. Hoy, el considerado “padre de la revolución cubana” está retirado y conserva su imagen intacta ante el pueblo que siguió sus ideales. Oportunamente, cedió espacio a su hermano Raúl, que cargó sobre sus espaldas las gestiones tendientes al descongelamiento de las relaciones. Para Fidel hubiese sido como un renunciamiento casi impensable, pero el líder de la revolución cubana hace ya años que cambió su uniforme verde oliva por ropa de civil, todo un gesto que implica que se queda con el bronce pero no será el padre del acuerdo con Estados Unidos.

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La visita de Obama además marca el desbloqueo definitivo entre Washington y La Habana, por ahora desde lo gestual y pequeños avances operativos, y abrió una nueva era no sólo entre ambos países sino también entre Estados Unidos y América Latina. Y precisamente por ser un hecho histórico, no sólo el presidente norteamericano viajó con su esposa, sus hijas y su suegra, sino una comitiva de 800 personas porque funcionarios, legisladores y grandes empresarios quisieron participar del momento.

La Habana Vieja sobria, sin ninguna decoración alegórica a la visita, recibió a Obama con una mezcla de expectativa y esperanza, ante la posibilidad de que la apertura con Estados Unidos acelere el proceso de normalización política y económica que ya ha empezado en la isla.

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Pero paralelamente, otro país de Latinoamérica, Colombia, espera dar los pasos finales a un acuerdo con las Farc para terminar con una guerra iniciada hace ya muchos años. Precisamente, el secretario de Estado de Norteamérica, John Kerry, aseguró que podría reunirse con participantes en las conversaciones de paz de Colombia en las próximas horas, con el fin de expresar su apoyo a la resolución de los últimos obstáculos pendientes para lograr la firma de un acuerdo de paz. Kerry no precisó si se entrevistaría con negociadores tanto del Gobierno colombiano como de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que están tratando de llegar a un acuerdo antes de la noche de mañana, cuando vence el plazo establecido para firmar la paz.

No sabemos dónde se produciría la reunión, aunque Kerry adelantó que prevé viajar en las próximas semanas a Cuba, el país anfitrión de las negociaciones de paz. Todo tiene que ver con todo en el mundo, y en América Latina también, por eso la isla que hoy es escenario de una visita histórica bien podrá ser en unos días el del acuerdo entre el Gobierno y las Farc en Colombia.

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Las negociaciones de paz en La Habana, tanto las de Cuba como las de Colombia, son muy frágiles aún, aunque también en ambos casos por primera vez parecen serias y con un objetivo de posible cumplimiento. En Cuba han sido muchos años, muchos recuerdos amargos, mucha estructura montada en torno al bloqueo, mucha tela para cortar antes de que pueda moldearse un nuevo estilo de relación. Con casi 60 años de enemistad explícita, se han dicho y hecho innumerables cosas. En Colombia directamente hay generaciones que han nacido, criado y educado en la guerrilla. Es toda una cultura la que hay que reencauzar y no con pocas objeciones. Por ejemplo, la última crisis en el diálogo se desató por la aparición de imágenes de negociadores de la insurgencia en un acto público en una aldea colombiana escoltados por guerrilleros armados.

El jefe negociador de las Farc, alias Iván Márquez, fue acusado de romper el acuerdo pactado con el Gobierno colombiano de no entrar en cascos urbanos, no establecer contactos con la población civil ni hacer manifestaciones políticas.

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No obstante, los países garantes del proceso de paz, Cuba y Noruega, anunciaron luego que las partes colombianas alcanzaron un acuerdo para superar diferencias recientes y normalizar las conversaciones lo antes posible.

En septiembre, las partes se pusieron como fecha límite para firmar la paz el 23 de marzo, pero existen dudas sobre las posibilidades de cumplir con ese plazo, ya que quedan pendientes temas delicados, como el alto el fuego bilateral y definitivo, el abandono de las armas o la concentración de guerrilleros para su desmovilización. Pero Kerry destacó el trabajo que ha hecho el enviado especial de EE.UU. para el proceso de paz en Colombia, Bernard Aronson, nombrado hace un año para apoyar la agenda del Gobierno colombiano en las conversaciones y se ha reunido en varias ocasiones con las dos partes en conflicto.

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Por su parte Perú logró terminar con la violencia de Sendero Luminoso luego de 12 años de guerrilla, comenzada en 1980 y concluida en 1992. Se logró desmantelar la organización después de sendas capturas de sus principales jefes, logrando así que la presencia terrorista de Sendero es prácticamente nula. Actualmente se presume que existe una minúscula célula senderista en algún lugar de la amazonia en el departamento de San Martín, pero no registra acciones terroristas.

Como es sabido y tristemente recordado, en Argentina, Chile y Uruguay hubo movimientos insurgentes durante la década del 70 y principio de los 80, pero ya se han alejado de las realidades de estos países y de la región. Lo que se recuerda en cada caso son las fechas de los últimos y terribles golpes de Estado que padecieron, como sucede en nuestro país el 24 de marzo. Por el terrorismo de Estado que padecimos, nosotros y el resto de las naciones de la región, ya ha quedado como en el pasado. Ni siquiera cuando las sociedades están ardidas se habla de bandos guerrilleros ni mucho menos de golpes de Estados. Y si el pueblo dice no, es no. No en vano se hable del golpe de 1976 como cívico militar, porque sin la población civil no hay toma del poder por la fuerza. Así arribaron exitosamente en 1976 los militares y fracasaron estrepitosamente en 1987 y 1989.

Con la visita de Obama a Cuba y el acuerdo definitivo en Perú entre el Gobierno y las Farc se lograría un paisaje de paz en América Latina y el Caribe, que es de esperar venga acompañado del florecimiento de los países. Ya que, precisamente, son los grandes contrastes que se vivieron en la región los que generaron los movimientos violentos que, al fin, han agregado mayores sufrimientos a sus pueblos.

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