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Allá lejos y hace tiempo Pergamino fue un pueblo

24 de septiembre de 2017 a las 12:00 a. m.

El paisaje urbano de Pergamino ha ido cambiando con las décadas delante de nuestros propios ojos hasta ir conformando una ciudad, perdiendo paulatinamente aquello que tenía de pueblo que, con sus beneficios e inconvenientes, nos definía. Hoy Pergamino es una ciudad de mediano porte e in crescendo. Pero además de ello, y por fuera de las consideraciones numéricas, la vida de las sociedades en general se ha complejizado. Por eso y porque somos más, debemos imperiosamente dejar de actuar como si viviéramos en un pueblo o hace 30 años atrás para adoptar actitudes urbanas y del Siglo XXI.  

Si logramos cambiar ese “chip”, viviremos mejor e incluso veremos que muchas cosas que creemos que no funcionan o están mal, comienzan a cobrar sentido y nos simplifican la vida. Porque no hay que luchar contra los cambios que vienen con el paso del tiempo sino abrazarlos e internalizarlos; al fin de cuentas son ineludibles.

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El concepto de ciudad, a la par del progreso y las comodidades propias del urbanismo, conlleva obligaciones que hacen a la convivencia social más elemental. No estamos descubriendo nada que no sepamos, sin embargo no siempre se registran los cambios de actitudes necesarias en los vecinos y acorde a las pautas lógicas de la vida en comunidad en una ciudad como la nuestra.

La inseguridad es el aspecto en que más rápido nos adaptamos a los cambios. Hace décadas que las puertas de casa se cierran y con más de una llave, que invertimos en rejas, seguridad privada y no dejamos una bicicleta en la puerta de la panadería mientras entramos dos minutos por unas facturas. 

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Pero en el tránsito no hemos incorporado nada de todo lo que viene implícito con un crecimiento demográfico, del parque automotor y del flujo de circulación. A diferencia de 50 años atrás, se ha incrementado la población, en cada familia suele haber más de un vehículo, las motos ya no son para pasear y no hay horas “muertas” en el tránsito local. Si todo cambió tanto y lo vemos, ¿cómo pretender comportarnos como hace 50 años y no cambiar? 

Seguimos teniendo comportamientos propios del pequeño Pergamino de hace 50 años; sacamos el auto por 10 cuadras y pretendemos aparcar en la puerta de nuestro destino. Y si no lo logramos, no desistimos: paramos en doble fila para hacer el mandado, con total desapego del resto de los vecinos que circulan. No tomamos conciencia de que por el tamaño de nuestra ciudad no siempre tendremos esas ventajas y deberemos hacer alguna cuadra estacionando un poco más lejos del objetivo. ¿O no lo hacemos acaso cuando visitamos otras ciudades? Estacionar donde está permitido y caminar cinco cuadras si hace falta, pagar una cochera si queremos comodidad o evaluar si realmente es necesario sacar el auto de casa. No es el fin del mundo sino caer en conciencia que debemos comportarnos como lo hacemos en otras ciudades porque eso somos: una ciudad y no un pueblo. 

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Los motociclistas deben internalizar que aunque sean vehículos pequeños y con dos ruedas, están sometidos a las mismas leyes de tránsito; el semáforo rojo significa lo mismo en todo el mundo y para todos. Y las veredas no son playas de estacionamiento para motos y bicicletas, aunque alguna vez comenzamos a usarlas como tales. Pensemos por un momento qué sería nuestra ciudad si subiéramos los autos a las veredas. Un caos. ¿Y por qué las motos sí? Es ponernos en orden, estimados lectores, lo que estamos planteando. O mejor dicho, cumplir las normativas previstas para ello. 

Y siguiendo con los protagonistas del tránsito, los peatones deben hacer debidamente su parte. A ellos especialmente les va la vida en esto por ser los más indefensos de la escena de la calle. Es una (mala) costumbre ya no admisible en la ciudad que vivimos el cruzar la calle por mitad de cuadra en lugar de caminar 50 pasos hasta la senda peatonal. Esto es comodidad al 100 por ciento y no hay excusas. Y nuevamente la comparación: ¿Osamos cruzar a mitad de cuadra una avenida porteña o rosarina? ¡Claro que no! Pero la de Mayo en Pergamino, todos los días.

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Un capítulo aparte merece el comportamiento vecinal respecto de los residuos. Justamente ayer, como se ilustra en nuestras páginas centrales, se presentaron los dispositivos que se instalarán paulatinamente en distintas esquinas de la ciudad para que el vecino, en vez de dejar la bolsa tirada en la calle o colgada de un clavo a merced de los perros, la disponga en estas campanas para la recolección final. No hace falta ser mago para imaginar las quejas que se escucharán en algunos hogares por tener que hacer esta caminata hasta un contenedor. Ni pensar por el momento que sea posible que en la mayoría de los hogares hagan separación de origen para que la basura reciclable no termine ocupando un lugar innecesario en el relleno sanitario. Pero la realidad es que además de crecer la población (e independientemente de ello) lo que ha crecido es la cantidad de basura que generamos per cápita. Todo es desechable pero no todo del mismo modo, pero no nos tomamos el trabajo de diferenciarlo. Si no lo hacemos, la basura será un problema para la siguiente generación. Entonces tenemos que pensar como gran ciudad, generadora de mucha basura, que es momento de cambiar porque no podemos darle el mismo tratamiento que hace 50 años a lo que descartamos, que es mucho más. 

Dos aspectos de la vida ciudadana que generan quejas y a la vez preocupan pero que no logran adecuarse a la realidad: tránsito y basura. Estamos actuando del mismo modo que en 1967 y vivimos en 2017. Es natural entonces el caos porque no hay lógica. 

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En realidad lo que debemos comprender es que cuando una ciudad funciona con un orden lógico termina siendo más cómoda para todos los vecinos, esta es la primera cuestión que todos debiéramos comprender.

Del mismo modo que cambiamos el chip frente a la inseguridad y nos acomodamos a lo que el presente nos depara, debemos hacerlo con todo lo que hace a la vida urbana. Si nos adaptáramos en la vida comunitaria como lo hemos hecho puertas adentro del hogar, si nos comportáramos como lo hacemos en otras ciudades, muchísimas cosas funcionarían mejor en Pergamino.

 

 

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