Al fin un acto de madurez, aunque con repiqueteos
Un proyecto de ley de apoyo a emprendedores obtuvo media sanción este miércoles en la Cámara de Diputados. Esto no sería una novedad para comentar desde el plano político, si no fuese porque la propuesta vino del Poder Ejecutivo y Cambiemos contó con el respaldo del Frente Renovador, el bloque Justicialista y también el Frente para la Victoria. Este último sector dio, al mismo tiempo, la nota destacable y la repudiable, como veremos.
El voto del bloque K fue dividido; la mayoría en esta bancada consideró que debían acompañar la idea, entre los que se encuentra el mismo Axel Kicillof, una de las voces más aguerridas del kirchnerismo. Pero un sector minoritario y con una actitud rencorosa no solo votó negativamente sino que hubo enojos y reproches internos para los que dieron el sí. Entre los pocos legisladores que no apoyaron expresamente esta iniciativa de fomento para futuros nuevos empresarios se encuentra la kirchnerista Cristina Alvarez Rodríguez, Alcira Argumedo (Proyecto Sur), Néstor Pitrola, Soledad Sosa, Pablo López, Myriam Bregman (Frente de Izquierda) y Jorge Taboada (Chubut Somos Todos).
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Pero si miramos la pizarra vemos que la votación de la iniciativa, presentada por el Poder Ejecutivo, resultó con 189 votos a favor y 7 mencionados en contra, y además recibió nueve abstenciones, entre las que se cuentan las de Máximo Kirchner, Marcos Cleri y Carlos Castagnetto.
En concreto el texto crea las Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS), una figura jurídica que facilitaría la apertura de una empresa en 24 horas a través de Internet, con constitución de Cuit y apertura de cuenta bancaria en forma inmediata.
Los argumentos del oficialismo sostienen que un país se logra cuando se consigue una matriz productiva diversificada y que hoy en día, cuando un emprendedor quiere llevar adelante una iniciativa productiva y generadora de empleo se encuentra hoy con dos barreras: la burocracia y los costos de armar una empresa. Por eso, se destacó que el proyecto de creación de las SAS facilita la burocracia y el acceso al capital para los emprendedores.
En la propuesta de ley se crea un Registro de Instituciones de Capital Emprendedor y un Fondo Fiduciario para el Desarrollo del Capital Emprendedor para financiar emprendimientos e instituciones junto con el sector privado.
A su vez, se prevén beneficios impositivos para las inversiones de capital, cuyos aportes podrían ser deducidos del impuesto a las Ganancias, bajo ciertos requisitos.
Por el Frente para la Victoria, el exministro de Economía Axel Kicillof adelantó el apoyo de su bloque, pero criticó la idea de que simplemente fomentando el emprendedorismo la Argentina va a crecer. Consideró que se le da demasiada confianza en que esta ley pueda ser único motor de desarrollo. Propuso modificaciones que fueron introducidas y dio su adhesión. Al fin, puede cuestionarse que sea una medida limitada en su efecto dada tamaña crisis que se vive, pero no puede decirse que no sea una iniciativa que suma para avanzar hacia la salida, que aumentará la productividad nacional y en blanco, cosa que no es habitual en el emprendedorismo- y generará puestos de trabajo.
El referente económico del Frente Renovador, Marco Lavagna, ponderó los cambios realizados al texto original, como que se genere un Consejo Federal que vele por el desarrollo de las actividades de emprendedores en todo el país. Coincidió con Kicillof en que esta ley es una herramienta que sirve, pero siempre entendiendo que no estamos bien.
Facundo Moyano también alertó que el proyecto no es suficiente por sí solo porque las políticas de importaciones están matando a las Pymes.
En el mismo sentido, Pablo Kosiner (Justicialista) consideró que ni las pymes ni los emprendedores van a poder desarrollarse si el Gobierno nacional no cambia las condiciones en el mercado interno.
Pero todos estos legisladores que plantearon que esta ley no es suficiente para lo mucho que hay por hacer, no dejaron de apoyarla porque, al fin es una norma positiva y de fomento.
Lo importante, la buena noticia a nivel político, es que el proyecto, con alguna modificación, que se acordó con la oposición; todos los sectores supieron ver el espíritu con que fue emanada por el Ministerio de la Producción y la apoyaron, aun en la disidencia respecto de la política económica oficialista en general. Esto nos habla de madurez en buena parte de nuestra dirigencia.
Lo que atrasa y demuestra que hay políticos que no participan del juego democrático, es que este apoyo del Frente para la Victoria a una propuesta que es realmente positiva, les haya costado un disgusto a los legisladores que la aprobaron. Máximo Kirchner en el mismo momento y algunos otros ultra K luego no ocultaron su enojo con sus pares de La Cámpora.
Son los que creen que la disciplina partidaria tiene que estar, necesariamente, antes que el bien común. Lo que hizo Kicillof, y por lo cual recibió las malas caras, es lo correcto; si somos honestos intelectualmente hizo lo que se debe hacer, que no es otra cosa que apoyar una propuesta que va a beneficiar a nuevos emprendedores, aun cuando la ley la haya presentado el PRO, con el cual tiene enormes diferencias en el plano de la política económica. Cuando se trata de fomento al progreso, a los jóvenes, a los innovadores, no hay objeción de conciencia ni ideología que interponer. En este caso, además, se trata de un mecanismo que introduce la modernización, agiliza la burocracia y facilita el blanqueo y legalización de actividades. ¿Cuál sería un lógico argumento para oponerse? Ni siquiera la ayuda impositiva por parte del Estado es cuestionable desde lo ideológico ya que no tiene por destinatario al capitalismo.
Oponerse porque, sí aunque en este caso no haya surtido efecto ya que de todos modos se obtuvo la media sanción- nos hace retroceder, involucionar a los tiempos no tan lejanos en los cuales si el proyecto es oficialista y el legislador es opositor se debe rechazar la propuesta, sea positiva o negativa, solo porque cada uno tiene una camiseta distinta.
Las diferencias de proyecto de país son interesantes porque enriquecen el debate, sin lugar a dudas, pero no es menos válido apoyar las buenas ideas sin vivir mirando el sello del bloque que la presenta.
Vale también la crítica para los legisladores de las distintas vertientes de la izquierda que se oponen, casi sistemáticamente, a toda propuesta que no provenga de ellos.
Tuvo media sanción la ley de emprendedores y ahora le falta otra prueba que no es sencilla: atravesar positivamente el Senado, donde, como sucedió en la Cámara baja, esperamos que se piense en el hombre de a pie y no en los minúsculos intereses partidarios que solo deben ser importantes para las elecciones.















