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Darío y Melania Cid, una historia de vida, superación y coincidencias

09 de agosto de 2020 a las 12:00 a. m.
Darío y Melania Cid, una historia de vida, superación y coincidencias
'' Darío y Melania festejaron junto al resto de la familia y dedicaron sus logros al “Angel de la Sonrisa”. (LA OPINION)

Padre e hija, de 54 y 30 años, se recibieron juntos de abogados. Cuentan en LA OPINION su experiencia poco común de compartir la etapa de estudiantes y relatan los pormenores de una carrera hasta el final deseado, repleta de emociones fuertes y la sensación de estar acompañados e impulsados a llegar por su “Angel de la Sonrisa”. 


A menudo se habla de la educación como ese instrumento valioso, de cómo la decisión de estudiar siempre abre camino. Como un punto de partida en la confección del propio destino. Por eso se la sitúa en los primeros años de vida y hasta la juventud; también se la asocia como el legado de padres a hijos. Pero, como en todos los ámbitos de la vida, a veces hay excepciones, casos que por no seguir los cánones habituales sorprenden y emocionan.

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Uno de los protagonistas de esta historia excepcional es Darío Cid que tiene 54 años. La otra protagonista es María Melania Cid que tiene 30. Ambos se recibieron de abogados el martes pasado. Hasta aquí nada distingue la experiencia de tantas otras que tienen que ver con el anhelo de superación y de cumplir asignaturas pendientes. Lo que la hace singular es que ellos tienen la particularidad de ser padre e hija. Motivados por distintas razones tomaron la decisión de estudiar juntos la carrera universitaria bajo la modalidad a distancia y lo hicieron contra viento y marea, superando no solo las dificultades que pudieron existir por la complejidad misma de la carrera sino porque la vida también les puso duros obstáculos en el camino y pruebas más difíciles de sortear que las de cualquier examen. Sin embargo nada los desalentó. Por el contrario, siempre hallaron el modo de perseguir ese sueño y hacerlo tan unidos como el primer día.

El, ella y él

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El ingresó a trabajar como auxiliar segundo en el viejo Juzgado Criminal Nº 1 cuando tenía 21 años, en febrero de 1988, apenas se había inaugurado el Departamento Judicial de Pergamino hace más de 33 años, cuando ella aún no había nacido.

Ella ingresó a trabajar como auxiliar tercera en el Juzgado Civil Nº 2 en febrero de 2018. Antes, en el año 2009, habían tomado la decisión de comenzar la carrera de derecho. Juntos se recibieron de procuradores en 2014 y siguieron hasta tener el título de abogados.

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En todos estos años les pasaron cosas, la vida misma pero en su versión más dura: a él le arrebato un hijo y a María Melania su hermano, Alfonso, el “Angel de la Sonrisa”. Las horas de estudio juntos fueron como una terapia para sobrellevar el dolor de la pérdida. Una circunstancia que podría haberlos desalentado, los fortaleció confirmando el poder transformador que tiene la determinación de persistir en el deseo.

Un aviso en el diario

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María Melania cuenta que esta historia comenzó a escribirse en 2009 cuando mirando el Diario LA OPINION, se entera de que llegaba a Pergamino la Universidad Empresarial Siglo XXI, en forma virtual con la modalidad de estudio a distancia. “Recuerdo que le dije a papá que iba a estudiar y él me contestó ‘yo también, te acompaño’”. En ese instante comenzaron a construir su sueño y se transformaron en compañeros incondicionales. En el año 2014 se recibieron de procuradores.

La prueba más difícil

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En el año 2015, Alfonso, el hijo de Darío y hermano de María Melania comenzó a transitar una enfermedad compleja que supuso tratamientos y los llenó de angustias. Sin dudarlo un segundo, todos los proyectos de la familia quedaron entre paréntesis y todos se abocaron completamente a acompañarlo. Al año siguiente “Alfon” luego de luchar incansablemente lamentablemente falleció y se transformó en un ángel, el “Angel de la Sonrisa” como lo bautizaron sus afectos y así lo adoptó toda la ciudad, que acompañó con oraciones cada uno de sus pasos durante los que nunca perdió justamente su sonrisa.

Recalculando

“Cuando la vida te golpea así de duro, no te dan ganas de nada”, afirma Melania, que tras ese triste momento cerró los libros de Derecho y como queriendo reconstruirse, comenzó a estudiar para ser productora de seguros y empezó a ejercer esa profesión en 2017. Su padre y “compañero de pupitre” virtual respetó su decisión y también tomó un “desvío”. Es que era juntos o no era.

“En el año 2018 ingresé a trabajar al Poder Judicial –prosigue Melania- y gracias al consejo de una persona ‘muy sabia’, quise volver a estudiar y terminar la carrera y ahí se sumó nuevamente mi papá”, cuenta orgullosa de señalar que “empezamos juntos, terminamos juntos”.

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Y así fue que en diciembre de 2018 retomaron sus estudios, esta vez en la Universidad Kennedy, “con el deseo de algún día poder obtener nuestro tan preciado título de abogados”, indicó la joven.

No es parte importante de la cuestión pero sí forma parte del anecdotario familiar: “Siempre que comparamos las notas, papá me gana en promedio”, refiere Melania. La praxis de Darío, en el Departamento Judicial Pergamino desde su nacimiento, sin dudas ha sido un valor agregado inalienable y que no se adquiere en los libros; son años de trabajo y a conciencia.

Para Melania “no existe satisfacción más grande que recibirte en la universidad y, hacerlo con mi papá, es incomparable. Eso es el broche de oro”. Es una circunstancia que en este momento cobra para ella un nuevo sentido, porque Melania ya es mamá, otro matiz que habla del real empeño puesto por llegar, y juntos.

Una vieja promesa

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Relatando su experiencia Darío confiesa que obtener su título de abogados le permitió honrar la palabra empeñada con el doctor Emilio José Aboud, por aquel entonces juez a cargo del antiguo Juzgado Criminal N° 1, ubicado en calle Merced 1039 (actualmente funcionan Casa Blanca y la Librería San Pablo). “Le había dicho cuando entré a trabajar que me iba a recibir de abogado. Aun luego de haber dejado de cumplir tareas en su Juzgado, cada vez que me encontraba Emilio me decía ‘cuándo vas a estudiar? Acordate lo que me prometiste’ y hoy, muchísimos años después y aunque ya no esté entre nosotros, le puedo decir: “Doctor, le cumplí, finalmente me pude recibir de abogado”.

Estudioso hasta en el deporte

Darío comenta que siendo joven había empezado a estudiar abogacía libre en la Universidad Nacional de Rosario, “Aprobé varias materias pero los tiempos no me daban”, reconoce.

Darío alternaba su trabajo en el Juzgado con la práctica activa del fútbol (se desempeñó como arquero en diferentes equipos). “Siempre trataba de estudiar, de aprender, de capacitarme y fue así que en el año 1997 me recibí de director técnico nacional de fútbol, título reconocido por el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación por un convenio suscripto entre dicho Ministerio con la Secretaría de Deportes, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y la Asociación de Técnicos de Fútbol Argentino (Atfa)”.

"Luego de abandonar la práctica activa del fútbol, hice el curso de árbitros en la Liga de Fútbol de Pergamino y como siempre por mis ganas de aprender y capacitarme, en el año 2012 me recibí de instructor nacional de árbitros de fútbol en Aiafa, a la vez que había retomado mis estudios de abogacía en 2009, pero esta vez junto a mi hija”.

Hija y padre, sinónimos de esfuerzo y dedicación. (LA OPINION)

La “topadora” y los apoyos

Darío habla de Melania con orgullo: “¿Qué decir de ella más allá del orgullo que uno siente como padre de cada uno de sus hijos? Meli es una topadora por la fuerza, el carisma y el ímpetu que le pone a todo lo que emprende. Ella es la verdadera artífice de todo esto”, remarca reconociendo que sin el empuje de su hija él jamás hubiera alcanzado la meta de obtener su título de abogado.

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“Obvio que para llegar a estos objetivos, uno tiene que contar con el apoyo imprescindible de su familia, de sus compañeros de trabajo, de sus amigos, los que te alientan a seguir a cada paso en pos de tus ilusiones. En este punto quiero destacar la ayuda invalorable de mi hermana Alejandra, que nos apoyó y apuntaló desde el primer momento cuando decidimos retomar la carrera que hoy llegó a su fin al habernos recibido de abogados, lo cual es una alegría inmensa de por sí, y una satisfacción doble al poder haber estudiado con tu hija y encima recibirnos los dos el mismo día y con la misma materia”, recalca Darío.

Hoy luego de 33 años trabajando en la Justicia es jefe de Despacho en la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio Nº 2 (a cargo de Francisco Furnari), el máximo cargo al cual se puede aspirar en el escalafón administrativo sin ser abogado. No sabe lo que le deparará el destino en un futuro, pero seguramente encontrará algo para seguir estudiando como lo ha hecho toda su vida. Darío se conoce a sí mismo y sabe que así era: “No sé si será algo relacionado con el Derecho o con alguna otra cosa, ya veremos”, refiere con alegría.

El éxito es una decisión

Lejos de cualquier pretensión de ostentar el logro alcanzado, lo que pretenden padre e hija con el relato de su experiencia es dejar un mensaje claro: que nada es imposible cuando las metas y objetivos son claros.

“Una vez un jefe mío me recomendó un libro, ‘El vendedor más grande del mundo’ de Og Mandino, el cual recomiendo leer. De ahí saqué una frase que se me grabó a fuego, la cual me acompaña hasta estos días y aplico en todos los órdenes de mi vida: ‘El fracaso no te sobrecogerá nunca si tu determinación por alcanzar el éxito es lo suficientemente poderosa’ y precisamente de eso se trata esto, de tu determinación en alcanzar las metas y objetivos que te hayas propuesto. Nada es imposible, solo depende de vos y de tus ganas de lograrlo. Que nada ni nadie trunque tus sueño”, concluye Darío con una mirada retrospectiva en la que también están el recuerdo de la pérdida, los momentos en que fue necesario dejar en suspenso el proyecto y el impulso que seguramente su constancia, el empuje de Melania y la fuerza de su “Angel de la Sonrisa” les dieron a ambos para alcanzar y ver materializado el sueño que se habían propuesto.

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