Aprendizaje Vivencial: más que un programa, una respuesta a quien quiere progresar

Anteriormente, LA OPINION difundió la oferta de alpargatas y pantuflas elaboradas por jóvenes de nuestra ciudad en el marco del programa municipal. Esta semana salieron al mercado con desayunos sorpresa por el Día del Niño. Hoy nos adentramos en esta propuesta y conocemos a los artesanos, chicos que con sus manos están aprendiendo y procurándose un ingreso económico al mismo tiempo.
El programa Aprendizaje y Capacitación Vivencial comienza a ser pensado luego de que surgiera una inquietud entre quienes coordinan los distintos programas municipales pensados para la terminalidad educativa y la inclusión laboral. Se encontraban periódicamente con el planteo de una encrucijada de parte de los jóvenes entre 16 y 20 años: se veían obligados a dejar los programas de formación laboral porque eran llamados por sus familias a contribuir con los ingresos del hogar, o algunos de ellos comenzaban a formar sus propias familias y debían ser el sostén de las mismas.
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Procurando aunar una respuesta para estas dos necesidades, aprender y generar dinero, se da el surgimiento del Programa Aprendizaje y Capacitación Vivencial, que se piensa como una política pública de acercamiento laboral para aquellos jóvenes que decidieran continuar con sus estudios y que estuviesen interesados en formar parte de este proyecto de inclusión, una política que pudiera ser al mismo tiempo retributiva para permitir a cada joven continuar con sus sueños y proyectos.
Una máquina para comenzar
Los inicios concretos del programa se dieron en los albores del año 2017, con la donación de una fabricadora de tallarines por parte de la Cooperativa de Agua de Acevedo. Pero la aprobación definitiva se logró en junio de 2018.
LA OPINION dialogó con Belén Busalacchi, coordinadora de Aprendizaje Vivencial que contó no solo sobre el surgimiento y los propósitos específicos del programa sino también sobre la realidad del mismo, destacando en todo momento la buena aceptación de los jóvenes a esta propuesta.
“En el año 2017 la Cooperativa de Agua de Acevedo donó una máquina para hacer tallarines y de alguna manera este fue el inicio de esta propuesta ya que comenzamos a elaborar los tallarines para los Centros de Desarrollo Comunitario pero recién en junio de 2018 el programa fue aprobado oficialmente por el Concejo Deliberante”, contó Belén sobre lo que nació como respuesta concreta a una demanda concreta, ubicada entre jóvenes de entre 16 y 20 años: “Veíamos que tenían la necesidad de generar sus propios ingresos por eso nos propusimos organizar un espacio para que ellos tuvieran su primer acercamiento al espectro laboral y que en paralelo continuarán con la educación formal”.
En lo operativo
Mediante el dictado de los talleres se busca que los jóvenes no solo se inicien en el mundo laboral sino que también se trabaja en el fortalecimiento de su trayectoria formativa mediante la adquisición de competencias laborales para desempeñarse en espacios de trabajo. Estas competencias hacen a su desarrollo personal.
Cada participante realiza un trabajo previo con los equipos técnicos de cada institución. Según explicaron a LA OPINION, esta fase es importante para cada participante porque es mediante ella que el joven potencia sus condiciones de desarrollo personal para enfrentarse al ámbito laboral. Es en este punto donde, con apoyo, descubre qué camino quiere realizar.
Los chicos que llegan al Aprendizaje Vivencial no son desconocidos por los equipos de trabajo ni ellos desconocen la dinámica. Es que este programa está orientado justamente a dar una continuidad a quienes previamente han recurrido a Envión, Cabaña Joven y Autonomía Joven, que son programas de inclusión que desarrolla el Municipio. Es a través de los equipos de orientación de cada institución que se recluta a los jóvenes que podrían ingresar al Programa que les permitirá, además de seguir aprendiendo, generar sus ingresos.
A los actuales integrantes, “se les hizo un test de orientación vocacional y en base a eso se fue haciendo una selección”, explicó Busalacchi.
Sobre la respuesta obtenida por parte de los jóvenes, la coordinadora del programa la calificó como “excelente”: “Podemos comprobar que tanto la persistencia de los chicos en el programa como su nivel de asistencia a los talleres y la respuesta a éstos es muy buena. Se realiza una supervisión semanal contemplando estas cuestiones para advertir el grado de interés que los jóvenes que arroja siempre parámetros positivos”, comentó la entrevistada.
El compromiso de los talleristas, que son los que brindan la formación específica en cada rubro a los chicos, es también para destacar: “El trabajo que hacen es muy bueno, ellos son el pilar del programa y su labor comprometida es fundamental”.

Los talleristas destacan la muy buena predisposición de los jóvenes a aprender. (MUNICIPALIDAD DE PERGAMINO)
“Aprendizaje” en pandemia
En la actualidad 30 chicos participan en el programa, distribuidos en tres talleres: Gastronomía, Catering y Calzado (alpargatas y pantuflas). “Con la elaboración de tallarines comenzamos con el primer taller que fue el de Gastronomía. Por último y a la par se agregaron Catering y Calzado”, afirmó Busalacchi.
Las restricciones que impone el Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio imposibilitan muchas actividades de las que se desarrollan habitualmente en el marco del Programa. No obstante, con mucha creatividad, hubo una reinvención de las propuestas. Es la misma realidad que afrontaron todos los comercios. Al igual que ellos, el Programa tiene que seguir activo para que sus operarios puedan tener ingresos dado que Aprendizaje Vivencial, a diferencia de otros programas, fue concebido así, como una política retributiva para que sus participantes puedan contar con un ingreso económico. Si no hay ventas, no hay ingresos para estos chicos y sus familias.
Además, mucha de su elaboración ya tiene consumidores fijos que esperan su producción. Tal es el caso de los chicos que asisten a Gastronomía, que elaboran los tallarines para los Centros de Desarrollo Comunitario. Además el año pasado se firmó un convenio con la Unnoba para que esta área de trabajo sea la encargada de llevar semanalmente un menú estudiantil (pizza y empanada) a la universidad. Como no hay clases, esta producción se reconvirtió a pasteles y empanadas por encargue.
Por su parte, quienes se dedican a Catering tenían fuerte participación en varios eventos que por el momento están suspendidos. Por ejemplo, los eventos protocolares en el Palacio Municipal, o los multitudinarios festejos por el Día del Jubilado: todo lo que allí se sirve es elaborado por los chicos del programa. Ante la falta de estos eventos, los alumnos de Catering se reconvirtieron preparando desayunos sorpresa para el Día del Padre y para el Día del Niño, y es dable destacar que ambas propuestas se agotaron.
Por otro lado quienes se encargan de confeccionar alpargatas, en tiempo de invierno se dedicaron a la realización de pantuflas y ya para la temporada de primavera se hará el lanzamiento de una nueva línea de alpargatas.
Ganas de salir adelante
El objetivo principal del programa radica en terminar exitosamente un camino de inclusión para quienes, por diferentes razones, quedaron en algún momento de su crecimiento “al costado del camino”. Acompañarlos a que terminen su educación formal para, si lo desean, seguir estudiando; aprender un oficio con salida laboral y al mismo tiempo obtener ingresos para aportar a la familia o auto sustentarse, de manera de no tener que abandonar la posibilidad de aprender. En pocas palabras, un programa que verdaderamente abre el camino a quien tiene ganas. . “Son palpables las ganas de salir adelante, de querer aprender, conmueve mucho el empeño que los chicos ponen”, expresó Busalacchi sobre los 30 chicos que hoy estudian, se capacitan y producen en Aprendizaje Vivencial.

Los productos que se realizan son bien aceptados por los pergaminenses. (MUNICIPALIDAD DE PERGAMINO)
La palabra de los protagonistas de Aprendizaje
Son 30 los chicos que participan de los diferentes talleres, a cargo de instructores que imparten las indicaciones para que ellos puedan elaborar o confeccionar los distintos productos que luego comercializan para obtener sus ingresos económicos.
En primera persona, aprendices y talleristas cuentan su experiencia.
El proceso de enseñanza
Luciana es una de las talleristas de calzado. En diálogo con LA OPINION señaló que comenzó a trabajar en el programa el año pasado, luego de ser parte de Emprender –otro programa municipal- durante muchos años. “Somos dos profesores en esta área; Juan que es quien tiene muchos conocimientos porque trabaja en el rubro del calzado hace mucho tiempo y yo que soy diseñadora de indumentaria, por lo que me dedico más a la selección de telas y modelos de calzado a fabricar”.
En un tramo de la entrevista Luciana destacó la buena predisposición de los chicos a aprender y explicó cómo transmiten los saberes: “Enseñamos el oficio haciendo porque no hay mucha teoría, les enseñamos a partir del ejemplo y los acompañamos en el proceso”.
Empezaron confeccionando alpargatas pero en la actualidad también hacen pantuflas. Los productos se comercializan a la ciudadanía en general con muy buena aceptación según lo expuesto por Luciana: “Los eventos en los que nos presentamos, por ejemplo Arte Noche, nos dieron un impulso bárbaro para hacernos conocer y esto no solo generó venta sino también que la ciudadanía quisiera saber sobre el programa, los modos de trabajo, pedían contactos para futuras compras”.
De su experiencia en el taller puso énfasis en que “los profes más allá de enseñar y de generar un conocimiento somos parte de la vida de los chicos ya que ellos nos cuentan sus vivencias y nosotros tratamos de aconsejarlos, se forma un lugar de contención y esto también motiva a los jóvenes a compartir lo que les pasa. Y el trabajar con ellos es muy gratificante porque uno enseña lo que sabe pero aprende mucho de ellos también, es recíproco”.
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Sergio es uno de los jóvenes que participa del Taller de Calzado; en diálogo con el Diario contó que fue seleccionado cuando comenzó asistiendo a Envión: “Como veían que nunca faltaba, que tenía una muy buena asistencia, me propusieron aprender a hacer calzado y yo dije que sí”. En esta declaración aparece clara la diferencia entre otros programas municipales similares y Aprendizaje Vivencial: en esta modalidad es posible ganar dinero propio. Por ello, ser parte es como un “premio”.
“Aprender, compartir, experimentar y tener un oficio” son los aspectos que Sergio destaca como lo más positivo del Programa. Mientras que en los específico sostuvo que “lo que más me gusta del proceso es el cortado y plantillado de las hormas y pegar”.
Por último considera que “el mejor aprendizaje fue hacer alpargatas” y recuerda con alegría que la mejor experiencia fue “cuando fuimos a Arte Noche a vender nuestros productos”.
Contención
Aylén forma parte del taller de Gastronomía. Sobre su desembarco en Aprendizaje contó: “Estaba haciendo el taller de Cocina en Envión y Maxi (el coordinador de Envión) notó que hacía mucho tiempo que estaba y me ofreció incluirme al grupo de gastronomía”.
De sus vivencias resaltó: “Cuando llegué a Envión no sabía cómo manejar las diferentes máquinas y utensilios y Vero y Ceci me enseñaron todo”.
Aylén contó que el trabajar y ser parte de un grupo apareja muchos beneficios: “Trabajando despejas la mente, te reís, hablás, me encanta el lugar de trabajo. Aparte de ser un equipo de trabajo que elabora diferentes productos, es un grupo de contención. Cuando uno está mal, son los compañeros los que te escuchan atentamente y nos ayudamos entre nosotros”, y agregó que “ser parte de este grupo significa mucho porque somos chicos de diferentes edades, de distintos lugares y con diferentes formas de vida. De esta manera interactuamos, conocemos diferentes experiencias, nos llevamos muy bien, conocemos nuevas personas y conformamos un buen equipo de trabajo”.
Sin diferencias
Jonathan también forma parte del taller de Gastronomía. Rememora que llegó al programa hace tres años gracias a Maxi, director del Envión: "Un día me preguntó si me interesaba entrar al programa y le dije que sí, fui seleccionado por ser uno de los más antiguos en Envión”.
Relató que al oficio lo aprendió “gracias a Cecilia y a unos amigos que yo conocía que trabajan en Cabaña Joven que nos explicaron el proceso de elaboración”.
Resaltando el trabajo en equipo sostuvo que “me hace sentir muy cómodo el grupo y el ambiente en el que estamos es muy lindo, ser parte es genial porque no hay diferencias, somos todos iguales”.




















