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La Granja San Camilo cumple cinco años conteniendo y acompañando a jóvenes con consumo problemático

08 de noviembre de 2020 a las 12:00 a. m.
La Granja San Camilo cumple cinco años conteniendo y acompañando a jóvenes con consumo problemático
'' En la actualidad son 13 las personas que buscan recuperarse en la Granja cuyo predio se emplaza en la ruta Nº 32. (FACEBOOK GRANJA SAN CAMILO PERGAMINO)

El 11 de noviembre de 2015 se llevó a cabo la firma del convenio con el Ministerio de Salud de la Provincia y la Secretaría de Salud Mental y Adicciones bonaerense para que este dispositivo comience a funcionar en Pergamino. Desde su génesis, al frente del espacio está Juan Cabrera, que junto a LA OPINION hace un balance de lo vivido.


En cada noviembre, desde 2015, la Granja San Camilo celebra un nuevo aniversario desde que abriera sus puertas con el propósito de ser lo que es en la actualidad: un espacio de contención para personas con consumo problemático de sustancias, un ámbito en el que se le ofrece al adicto una atención integral que contempla desde lo espiritual hasta la formación e inclusión en la vida diaria.

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Con el objetivo de hacer un balance sobre el desarrollo de las actividades en este espacio, LA OPINION dialogó con el presidente de la Asociación Granja San Camilo Pergamino, Juan “Juanito” Cabrera que, en primer lugar, recordó que se toma como fecha fundacional el 11 de noviembre de 2015 por ser cuando se llevó a cabo la firma del convenio con el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires y con la Secretaría de Salud Mental y Adicciones bonaerense. “El subsecretario de Adicciones de la Provincia en ese momento, Carlos Sanguinetti, estuvo en nuestra ciudad para hacer el corte simbólico de las cintas. Ese momento fue realmente importante para los que soñamos con este espacio poder concretarlo”, rememora Cabrera.

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Cómo empezó todo

Sobre la génesis del espacio, Juanito contó que se dio cuando él, en su tiempo de sacerdote de Iglesia Católica, era capellán de la Capilla del Hospital San José. “En ese momento el director del nosocomio era Walter Gatón y fue quien armó el Servicio Integrado, que estaba formado por el jefe de Servicio de Salud Mental, la psicóloga del CPA (Centro Provincial de Atención de las Adicciones), el director del Hospital, y me invitaron a mí para que los ayudara a resolver las cuestiones sociales. En la Capilla en ese momento ya se había empezado a recibir a personas que estaban en situación de calle y tenían consumos problemáticos. Veíamos que esas personas llegaban al Hospital en un estado de crisis, se las estabilizaba pero después los daban de alta y no estaba la posibilidad de que el chico pudiera realizar un tratamiento, a largo plazo, en un espacio determinado y con la contención necesaria. Incluso había que enviar a las personas con problemas de adicciones a espacios que se ubicaban en el Conurbano bonaerense sin la posibilidad de que las familias pudieran acompañarlos porque muchos no contaban con recursos”.

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Fue esta situación la que le planteó al entonces sacerdote el desafío de generar un espacio para personas con problemáticas de consumo. Sus premisas, ayer y hoy, eran “que se brindara asistencia y contención, que bregara por el vínculo familiar y en el que la institución pudiera acompañarlo en la reinserción social. También lo pensamos considerando los que no tienen recursos económicos para hacer un tratamiento en un espacio privado”.

El 11 de noviembre de 2015 se realizaba el corte formal de cintas. (FACEBOOK GRANJA SAN CAMILO PERGAMINO)

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Modo residencial

Desde los inicios, la Granja fue pensada con la modalidad residencial, es decir no de tratamiento ambulatorio sino con las personas instaladas en el lugar: “Percibimos que en Pergamino no había espacios de esas características, quisimos aportar a la problemática, que se venía tratando desde terapias ambulatorias y centros de día, pero con un espacio nuevo y bajo la modalidad residencial. Estábamos convencidos de que funcionaría porque entendemos que muchas personas con consumo problemático son echadas de sus hogares y no tienen adónde ir, desde ese lugar también lo pensamos para que el adicto pudiera alojarse en una institución donde se lo contenga, acompañe, escuche y atienda sus demandas”, explicó Cabrera.

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Manos a la obra

Muchas fueron las manos que ayudaron a hacer realidad el anhelo de la Granja que se emplaza en la ruta Nº 32 entre la Escuela Agrotécnica y el Inta, teniendo hoy como vecinos a los trabajadores de la autopista que ubicaron allí el obrador, y quedando el establecimiento justo a la vera del nuevo anillo de circunvalación . “La Granja era un galpón que estaba todo destruido por lo que se debió hacer la instalación eléctrica, parte de la instalación de agua, pintar, arreglar la cocina, se debió amoldar el espacio a las necesidades y consolidar un hogar, acogedor, en el que los chicos pudieran sentirse cómodos”, detalló Juanito.

Lugar de referencia

Desde ese momento la Granja comenzó a desarrollar un importante trabajo como espacio de referencia para la recuperación de personas con consumos problemáticos.

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A medida que se pudo y para tener más capacidad de respuesta, se fue acondicionando el espacio físico para dotarlo de mayor comodidad y funcionalidad. A la par se fue consolidando el grupo de trabajo que diariamente asiste a los residentes. Al respecto, Cabrera señaló: “La Granja fue ocupando un lugar de referencia en materia de adicciones dentro de la ciudad lo que constituye para nosotros una gran satisfacción, que quienes padecen la problemática vean en la Granja una opción para recuperarse es muy importante y consideramos que esto se da por varios factores, entre ellos, el trabajar junto con el Hospital San José, el CPA y hoy Casa Pueblo, esto también nos ayuda a ser identificados como dispositivo”.

Por voluntad propia

Las personas a la Granja ingresan por propia voluntad. “Trabajamos justamente la voluntad de los chicos que tienen ganas realmente de salir del círculo vicioso que genera la adicción. Ayudamos a los chicos a soñar un horizonte, un futuro y a tejer un proyecto de vida”, explicó Juanito sobre el mecanismo de admisión y permanencia.

En estos cinco años fueron alrededor de 140 los chicos, de entre 18 y 30 años, que pasaron por la Granja. En la actualidad hay 13 en tratamiento. La mayoría de quienes pasaron por el dispositivo llegaron por haber consumido marihuana, cocaína, pastillas e inhalado combustible.

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Sostén económico

Entre los recursos económicos con que cuenta el espacio se encuentran los aportes de Sedronar, la campaña de socios benefactores que se sostiene en el tiempo y que suman alrededor de 160 personas. La participación de la comunidad mediante el pago de una cuota social es vista como “una aprobación de que los ciudadanos están contentos y conformes con el proyecto. A ello se suma un aporte anual que otorga el Municipio local y la generosidad de la gente que colabora con la causa, haciendo aportes económicos o donando productos y comestibles.

Quehaceres y talleres

Durante el día los residentes realizan múltiples actividades que los mantienen ocupados. En este sentido el entrevistado señaló que “los talleres forman parte del tratamiento, cada actividad que se desarrolla tiene que ver con lo terapéutico”. La Granja cuenta con la asistencia de dos psicólogos, una psiquiatra, una nutricionista y un grupo de médicos que acompaña a los residentes en la cotidianeidad. “Además hay profesionales de la salud que son los encargados de hacerles las prácticas a los chicos, como odontólogos, bioquímicos, oftalmólogos, ya que, antes de ingresar, a los residentes se les realiza un chequeo general”, explicó el referente de la Granja.

Por otro lado se cuenta con un grupo de cuatro personas, llamados operadores, que son quienes cuidan la Granja y a los chicos en los diferentes momentos del día.

Complementariamente, los internos tienen prácticas alternativas de varios talleres: yoga, espiritualidad, valores, teatro, karate, cocina, manualidades. También se ha posibilitado el desarrollo del Plan Fines para que los jóvenes terminen la escuela secundaria.

Respecto de la respuesta de la comunidad de Pergamino y la zona para con la causa, Juanito dijo que “siempre hay gente dispuesta a sumarse al proyecto”, y añadió: “La Granja no tiene ningún fin económico y es maravilloso reconocer el voluntariado que ejercen los talleristas y los profesionales, quienes se comprometen y colaboran movilizados por la realidad de los pibes”.

En la Granja se trata de generar buenos hábitos por eso los residentes son los encargados de llevar adelante diferentes tareas, por ejemplo, limpiar, ordenar, asistir a los animales, cuidar las gallinas, los chanchos o las ovejas, cortar el pasto, mantener la huerta, “cada chico tiene una responsabilidad en el dispositivo porque consideramos que trabajar les hace bien, es terapéutico para ellos”, afirmó el entrevistado.

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Trabajo de espiritualidad

La espiritualidad es un pilar fundamental ya que la Granja surge a partir de la acción de fieles que rezaban en la Capilla del Perpetuo Socorro: “Fue lo espiritual lo que nos hizo conocernos, lo que nos unió en el proyecto y lo que nos moviliza a seguir, teniendo siempre una mirada contemplativa y misericordiosa hacia quien tiene consumo problemático, no juzgándolo sino analizando los problemas que tiene y que lo llevaron a consumir”, enfatizó Cabrera. Y ponderó la ayuda divina en todos los aspectos del funcionamiento al sostener que “la Granja comenzó y continúa gracias a la providencia de Dios”.

Reinserción paso a paso

Uno de los objetivos que persigue la Granja tiene que ver con la revinculación de los residentes con sus familiares. “Hacemos encuentros de los chicos con sus padres, en este momento de pandemia lo hacemos a través de plataformas virtuales pero en tiempos normales se hacen presenciales. Los profesionales establecen contacto con los padres de los chicos para preguntarles cómo se sienten ellos pero también para contarles cómo quedan los chicos después de dialogar con las familias. La idea es que los residentes aprendan a vincularse con la familia de la mejor manera”, indicó Juanito y describió que la Granja ayuda a los chicos a reinsertarse “primero con la familia, luego con lo educativo y por último en la sociedad y en lo laboral donde se hace un trabajo articulado con los empleadores y con los chicos a fin de acompañarlos en el proceso de reinserción”.

Haciendo un balance de estos cinco años de vida, Juanito aseguró que “es muy positivo, medimos los resultados en cuanto al éxito que deriva de que los chicos no consuman más. La adicción es una enfermedad de la que hay que cuidarse ya que existen las recaídas, la Granja ofrece herramientas para que la persona lleve una vida saludable por eso nuestro acompañamiento permanece en el tiempo y es todo un desafío que los chicos se reinserten en la sociedad donde las tentaciones están latentes. Es muy frustrante y nos entristece cuando los chicos recaen pero somos optimistas y pensamos que cuando alguien inculca lo bueno algo siempre queda latente”.

Por último Cabrera agradeció y reconoció la labor de todos los que estuvieron y están presentes en el desarrollo de la Granja: “El equipo de trabajo es mi orgullo, les agradezco a todos por haberse sumado al proyecto”.

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