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Adicciones: una lucha para madres que con coraje enfrentan el flagelo de sus hijos

06 de marzo de 2017 a las 12:00 a. m.
Adicciones: una lucha para madres que con coraje enfrentan el flagelo de sus hijos
'' La problemática del consumo atraviesa a las familias y exige un abordaje que compromete a todos. (INTERNET)

Sus nombres son Marita y Sonia y participan del espacio de orientación para padres y familiares que funciona en el Centro “Padre Galli”. En una entrevista concedida  a LA OPINION relataron su experiencia y reflexionaron sobre la problemática de las drogas.


Marita y Sonia comparten el hecho de tener hijos afectados por el uso problemático e sustancias. Esa situación las ha colocado a ambas frente al desafío de tener que acompañarlos a transitar el camino de la recuperación con coraje y no poca valentía. Tienen una mirada particular de la problemática de las adicciones y de la mirada social que se tiene de esto en lo que parecen detenerse solo aquellos que atraviesan por el flagelo. Ambas comparten el espacio de escucha para padres, familiares y allegados con el que cuenta el Centro Padre Galli. Allí se encuentran con pares, dialogan con profesionales y encuentran modos de descubrirse a sí mismas aprendiendo a sortear las dificultades que conlleva el proceso de acompañar a sus seres más queridos a transitar por un proceso que sin dudas los transforma.

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En una entrevista concedida a LA OPINION el viernes por la mañana relataron sus experiencias, se encontraron en puntos comunes de una problemática que no les pertenece solo a ellas sino a toda una sociedad que mira de reojo el problema, muchas veces expresado en trágicas consecuencias, sin reparar en que detrás de cada persona que consume hay algo del lazo social que está cortado.

La charla se desarrolla en las instalaciones del Centro y aunque aceptan dar sus nombres y permiten que se las grabe y fotografíe en la entrevista, LA OPINON preservará sus rostros, para resguardar la confidencialidad de algunas aristas del testimonio y preservar de una mirada social todavía muchas veces prejuiciosa la parte de la historia que tiene que ver con sus hijos.

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Lo que cuentan y el modo en que relatan sus experiencias es un testimonio valioso que demuestra cuanto del acompañamiento personal logra modificar hábitos y revisar comportamientos que llevan a los chicos al consumo. Saben que su historia es similar a la de otras mamás y papás que quizás todavía no han podido asumir el problema o que no han llegado a espacios donde se los escucha y se les brinda contención y ayuda. “Ojalá nuestra historia sirva para que otros papás puedan acercarse al Centro, conocer que existe un lugar donde la asistencia que te brindan no tiene precio y que guiados por profesionales puedan reconocer que tienen un problema y con coraje emprender un camino que no es milagroso pero que hay que transitar para ayudar a los chicos a que puedan recuperarse y dejar la droga”, afirman.

-¿Cómo se acercaron al Centro Padre Galli?

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Sonia- Yo llegué porque tengo cuatro varones y todos consumían. Fue la última alternativa. Me acerqué, ellos tenían que venir a una primera entrevista y en su momento no quisieron. Convencerlos fue una regla que puse en mi casa: “Van a la primera entrevista y si deciden siguen y si no tenemos que buscar otra solución”. Tres accedieron y empezaron a venir. En ese momento tenían 15, 16 y 22 años. Yo hace veinte años que vivo en Pergamino y en el momento que tomé la determinación de venirme de Buenos Aires fue porque en la zona donde vivía ya se veía la droga y no los quise criar en ese ambiente. Traté de criarlos lejos de todo eso y así y todo terminaron consumiendo.

Marita- Me recorrí todos los lugares. Fui hasta la Fiscalía a pedir que internaran a mi hijo porque se ponía muy agresivo. Empezó un tratamiento en forma particular, yo me quedé sin obra social y no pude seguir solventándolo. Cuando advertí que no podía frenar, lo hablé con Marcos Carini y ahí conocí el Centro. Santiago no quería venir, después accedió. Hoy tiene 16 años y comenzó a consumir a los 11 después que yo me separé del padre.

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-¿Qué les pasaba a ustedes con esta problemática?

Sonia-Yo el consumo lo conozco de toda la vida porque tengo una hermana que es adicta. Me preocupé mucho cuando comencé a ver que a mis hijos les pasaba lo mismo, más de una vez uno de ellos llegó empastillado y consumía cocaína y marihuana. Me daba mucha impotencia. 

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Marita- Yo no podía mirarlo a los ojos. El consumo se le notaba en la mirada.  

-¿Lo sentían como un problema de ustedes?

Sonia -En su momento sí. Hoy entiendo que no es así. Que el consumo es un problema de ellos y una elección. Yo me culpaba porque trabajaba. Siempre me eché la culpa. 

Marita- Yo también me culpaba. Y además le recriminaba. Sentía que era mi culpa porque yo trabajaba fuera de casa desde las 7:00 hasta las 21:00 y lo dejaba. 

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-¿Ellos les expresaban algo de lo que les pasaba con el consumo?

Marita- Santiago siempre dijo que empezó a consumir por curiosidad. Tenía muchos problemas por el abandono del papá. Y la mayoría de los psicólogos coinciden en que recurría al consumo para evadir una realidad que le causaba dolor.

Sonia- Mis hijos me culpaban por dejarlos solos

 

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Los primeros cambios

Ambas aseguran que al principio desconfiaron de la eficacia del dispositivo de tratamiento porque sus hijos seguían consumiendo. Sin embargo, fueron pacientes y perseveraron en el intento. “Al principio creía que esto no funcionaba, después entendí que venir acá no es dejar de consumir, que es un proceso y con el tiempo observé los cambios. El de 24 años que no trabajaba y vivía de macana en macana y hoy por hoy trabaja y no hace nada malo”, refiere Sonia. 

En la misma línea Marita relata la experiencia de su hijo Santiago, que hace 8 meses que no consume, logró insertarse en el mundo laboral, tiene novia y está dispuesto a terminar la secundaria.  

-¿Sus hijos siguen en tratamiento?

Sonia- No seguido. Hay dos que se juntaron con sus parejas y no vienen. De vez en cuando sienten la necesidad de volver y lo hacen. Yo sé que siguen consumiendo, pero no tanto como antes, solo fuman marihuana.

Marita- Santi ya no viene. Algunos días pasa a saludar a los chicos. Pero su cambio es evidente, le cambió la mirada. Ahora es un chico tranquilo.

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