Acusación a Cristina Kirchner: para Lucas Marino Aguirre "si la tocan a Cristina, no pasa nada"

Por Lucas Marino Aguirre (*)
Si no fuera en Argentina, si la tocan a Cristina no pasaría nada. Absolutamente nada. Es un día más en un sistema democrático. Ese es el punto neurálgico de una puesta en escena masiva para proteger y protegerse de las instituciones de la República.
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En primer lugar, nadie va a tocar a nadie. Se trata de la acusación de un fiscal que requiere ahora del veredicto de un juez. Por otro lado, no es la primera vez que la señora está siendo indagada penalmente y no es la primera vez que alguno de sus funcionarios estuvo condenado o preso. No pasa nada. Por lo menos nada distinto al pasado.
Eso sí, hay un solo principio que nadie y mucho menos muchos pueden garantizarle: desigualdad ante la ley. Esa es la principal razón de la existencia de las naciones, que nadie pueda verse distinto o con un especial tratamiento ante la ley. Ella, por el contrario, quiere mantener ese nivel de impunidad usufructuando el fanatismo de sus seguidores. Incluso, si ello es en detrimento de ellos mismos.
Otra institución que se pone en juego, aparte del principio de igualdad ante la ley, es la división de poderes. Con el ánimo patotero que adjetiva al kirchnerismo, se cree en singularidad especial para maltratar la división de poderes, el respeto de las instituciones y, por supuesto, las reglas procesales. Para ella no es lo mismo, se cree superior. El principio de división de poderes consagrado en las constituciones liberales del Siglo XIX, fue una solución lógica para poner freno a personajes como ella, que al igual que Nicolás Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua y el mismísimo Alberto Fernández, se consideran por fuera de las reglas.
El principio establece que son inquilinos del poder, pero se comportan como dueños. Esa voluntad férrea de comportarse como dueño, tal vez es uno de los sostenes psicológicos más importantes. Si se creen dueños, entonces, seguro consideran que tienen el derecho a hacerse de lo que creen es suyo. Se llama corrupción.
Previo a una sentencia, previo incluso a la posibilidad de una instancia superior, el séquito de la presidente de facto habla de indulto. La presidente de facto hace decretos desde su cuenta de Twitter, la presidente de facto pone y saca presidentes y ministros. La presidente de facto ahora monta una comedia en cadena nacional y al unísono bailan quienes han sido partícipes necesarios.
Lo cierto es que el temor, la amenaza, las declaraciones aberrantes de Alberto Fernández sobre la muerte de Nisman, el potencial devenir de Luciani y la letra de tribuna distribuida a los diputados para cantar en las Cámaras de todo el país, es parte de la puesta en escena.
Esta historia tratará de mantenerse en la cresta de la comunicación hasta la previa del mundial. Esta historia, lo único que hace es esconder el ajuste económico que otro de sus alfiles intenta infructuosamente ejecutar.
Un presidente que hace pocos años dijo que a Nisman lo mataron y ahora dice que fue un suicidio, un ministro que juró poner presos a los miembros de La Cámpora y hoy es el empleado del mes, una presidente en ejercicio real del poder, pero incapaz de ganar una elección y ser legitimada por los argentinos, también son parte de la escenografía.
Todos elementos anecdóticos pero explosivos detrás de un grupo de crédulos capaces de llevar a la calle lo que nadie quiere: violencia. Pareciera que no hay un presidente de los argentinos, pareciera ser un presidente del kirchnerismo que nos tiene a los demás de rehenes.
Será tal vez el momento de defender los principios de la República, con las herramientas del presente, preservando y respetando las instituciones por encima de los hombres. Lo demás es un teatro al servicio de la política, donde pareciera que en la agenda es más importante hacerse marchas a ellos mismos que realizar las reformas necesarias para que el país recupere el rumbo económico.
Porque en este país republicano, si la tocan a Cristina no pasa nada. Es solo un veredicto y, eventualmente, justicia. La única herramienta contra la violencia. Ineludible en una democracia.
(*) Secretario de Modernización, Innovación y Tecnología del Municipio de Pergamino.












