Acoso escolar, suicidio: el caso de las gemelas que interpeló a la sociedad
En las últimas semanas, el caso de las gemelas argentinas de 12 años que saltaron de un tercer piso en Barcelona, lo que provocó la muerte de una de ellas y dejó en grave estado a la otra, conmocionó a la sociedad y abrió ante el mundo las puertas de una tragedia que no es privativa de España. El acoso escolar y el suicidio de niños y adolescentes están lejos de ser una cuestión aislada ni propia de una geografía. Si bien en este caso la condición de inmigrante de la familia de las gemelas y la decisión de una de ellas de iniciar un proceso de cambio de identidad de género aportaron circunstancias de fuerte impacto, nada de lo sucedido debe quedar circunscripto al desarraigo o a una determinada elección de género.
Lamentablemente en los últimos años se conocieron varias historias de niñas, niños y adolescentes que tomaron la decisión de quitarse la vida y antes se habían sentido agobiadas por el acoso de sus pares y por la incomprensión de parte de una sociedad que no termina de asumir estas situaciones como un problema del que ocuparse de manera prioritaria y urgente. Hace poco, el más resonante fue el caso de Utah, el niño de 12 años de Estados Unidos cuya mamá publicó una nota en sus redes sociales en la que decía: "Esto es la consecuencia del bullying" y desgarraba a la opinión pública por las conmocionantes imágenes de su hijo muerto.
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Si bien es cierto que bullying y suicidio no van siempre de la mano, son temáticas relacionadas y está comprobado que el acoso es un factor de riesgo importante que puede desencadenar esta decisión de quitarse la vida, junto a un abanico de otras circunstancias si hay una subjetividad propensa.
En los últimos días, la familia de las gemelas argentinas difundió un comunicado pidiendo que el caso no se transformara en circo. Legítima solicitud frente a una prensa ávida de detalles que le aporten espectacularidad a la tragedia.
Ese pedido debe interpelar tanto a los medios de comunicación como a quienes tienen responsabilidades sobre la instrumentación de políticas públicas orientadas a trabajar en la resolución de estos flagelos. Con la responsabilidad y la prudencia como premisas fundamentales, es necesario habilitar diálogos sustantivos en relación a temáticas que muchas veces pasan desapercibidas y ganan notoriedad o captan la atención cuando sucede lo irremediable.
En un mundo en el que el bullying, la discriminación, la segregación y la anulación de las diferencias se han tornado la moneda corriente, es imperioso discutir formas de abordaje para prevenir el acoso escolar, para acompañar a niñas, niños y adolescentes en su proceso de desarrollo respetando siempre sus derechos.
Lo que mostró la historia de las gemelas es que la sociedad se debe una profunda reflexión sobre cómo acompañar, intervenir e involucrarse en problemáticas que no se resolverán solas.
El terrible caso que sacudió a la sociedad muestra su fracaso ante las cosas importantes e interroga.
Se sabe que la violencia en las aulas es un "precipitador" de otras situaciones. Que el suicidio suele ser algunas veces la única salida que encuentran quienes no tienen a mano otras herramientas para tramitar lo que les suceden, pero que también hay otras consecuencias que afectan la subjetividad y dejan secuelas irreparables.
El bullying es una forma grave y específica de violencia que se da de forma intencionada y es un reflejo de lo que ocurre a nivel social, por eso no es un problema solo de la escuela, más bien es del conjunto de una sociedad que se dice preocupada, pero que no termina de establecer sus prioridades al momento de afrontar este problema que cada vez con mayor frecuencia le muestra ante sus ojos, su consecuencia más tremenda.
Pocas veces se muestra la gravedad en su verdadera dimensión. En lo que se refiere al suicidio, las cifras oficiales del Ministerio de Salud hablan por su cuenta: el suicidio es la segunda causa de muerte después de los accidentes de tránsito entre los adolescentes de entre 15 y 19 años. Y los especialistas que trabajan con niñas, niños y adolescentes aseguran que cada vez son más los que llegan a espacios de consulta psicológica refiriendo ideas de muerte. Algo pasa en las redes de contención que deben actuar como protectores ante la vulnerabilidad. Algo sucede al interior de las familias, en el contacto interpersonal. Algo ocurre en las instituciones.
Quizás llegó el momento de correr el foco de otras urgencias y ayudar a nuestros chicos a transitar su infancia y adolescencia en entornos más empáticos, amigables y seguros, para que encuentren en los adultos a verdaderos referentes y para que tomen la vida como camino.














