Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
LO365
Opinión

Abrir un profundo debate educativo

22 de noviembre de 2020 a las 12:00 a. m.

A poco de finalizar el ciclo lectivo 2020 y en un año que ha sido el más atípico de la historia reciente, es necesario abrir un debate despojado de cualquier tinte partidario, para volver a pensar la educación.

En los últimos días, las declaraciones de la ministra de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que efectuó críticas a parte de la comunidad docente de ese distrito cuando señaló que hay quienes “eligen militar en lugar de hacer docencia” abrió las puertas de una reflexión que más allá de esa consideración particular debiera profundizarse, porque ante la realidad del país en materia educativa, el conjunto de la sociedad está convocado a intervenir en este debate.

Publicidad

La actividad escolar en todos los niveles fue quizás uno de los aspectos que más modificaciones sufrieron a partir de la irrupción de la pandemia de Coronavirus. La suspensión de clases presenciales y medidas que obligaron a reformular el desarrollo de las actividades pedagógicas supuso cambios profundos en el modo de enseñar y aprender y en modalidades que debieron readaptarse para ofrecer de manera virtual la alternativa de formación a personas de todas las edades y realidades sociales.

Lejos de detenerse, el proceso educativo formal continuó, pero sin embargo, el devenir de la pandemia y la imposibilidad de retornar a las aulas, algo que recién fue posible a través de algunas experiencias de revinculación en las últimas semanas, mostró desigualdades que calarán hondo en el balance que pueda hacerse en el futuro de la experiencia educativa en el contexto de la emergencia sanitaria.

Publicidad

Este ciclo lectivo estuvo signado por dinámicas y rutinas para las cuales no todas las instituciones educativas estuvieron preparadas. Tampoco todas las familias en tiempos de confinamiento pudieron acompañar en el proceso de enseñanza aprendizaje. A la par de ello la virtualidad abrió ante los ojos de la sociedad la realidad de la escuela y también mostró los contenidos que se enseñan en el aula.

La “escuela en casa” exhibió, quizás como nunca antes, la relevancia que las mediaciones tecnológicas tienen para la educación. Pero a la par de ello confirmó que no todos tienen el mismo acceso a la destreza que implica su manejo ni a las posibilidades de contar con los elementos necesarios para llevar adelante la conexión indispensable.

Publicidad

En este plano tal vez es preciso pensar alternativas para achicar las brechas y conseguir el modo de brindar a todos las mismas posibilidades de aprender, sobre todo atendiendo a que aunque la situación sanitaria se encamine en senderos de cierta normalidad, todo hace suponer que el modelo híbrido entre “presencialidad” y “virtualidad” seguirá siendo la clave del tiempo por venir.

Son inabarcables los múltiples aspectos sobre los cuales podría posicionarse la mirada de un análisis profundo de la cuestión educativa en tiempos de pandemia.
Sobre el cierre del ciclo lectivo, lo que se hace necesario es centrarse en aquellas cuestiones estratégicas que ayuden a poner a la educación en el centro de la escena para repensar la escuela y los modos de concebir los aprendizajes.

Publicidad

Más allá de los esfuerzos realizados por docentes y familias, lo cierto es que la emergencia sanitaria vino a desnudar problemas estructurales del sistema educativo. Y a confirmar que a menudo se habla livianamente de educación en cualquier discurso político, sin que esas apreciaciones encuentren correlato en la acción. Hace mucho tiempo que la educación queda confinada al diagnóstico de los problemas conocidos, y tanto más hace que la institución escolar está huérfana de políticas que la jerarquicen.

¿Cuánto hace que el debate educativo queda reducido a cuestiones salariales? ¿Cuándo fue que el adoctrinamiento político se introdujo en las aulas y ahora en las pantallas para señalarles a los alumnos qué tienen que pensar en lugar de brindar las herramientas para que aprendan a pensar y elijan hacerlo del modo en que quieran?

Publicidad

¿Cuánto hace que el docente perdió autoridad frente a las familias y dejó de ser la figura respetada y socialmente legitimada en su saber? ¿Cuánto hace que socialmente no se debate sobre los contenidos de la escuela?

En épocas complejas en las que las sociedades se ven obligadas a extremar los cuidados y a incluir la tecnología como herramienta de formación básica y elemental, la pandemia mostró la lentitud con la que se ha modernizado la escuela.  A contracorriente de lo que ha sucedido en otros campos del conocimiento científico, la escuela como institución siempre ha privilegiado la presencialidad física en el aula, el pizarrón, el libro o la computadora como únicos instrumentos para poner en marcha el proceso educativo. La pandemia de la Covid- 19 vino a cambiar ese paradigma y a echar por tierra los espacios de saber establecidos. Y esto, lejos de ser una crítica a la tarea comprometida de muchos educadores, es un señalamiento a los hacedores de las políticas públicas. Para que dejen de hacer demagogia en torno a lo educativo y pongan manos a la obra en la transformación de un sistema esencial para imaginar la sociedad del futuro.

Como en otras dimensiones de lo social, la disrupción causada por la pandemia deberá ser tomada como una crisis de la cual sacar enseñanzas. Habilitar un diálogo sobre la educación debería ser parte de la agenda pública. Porque la escuela que podamos construir a la salida de este proceso no será la que surja del hacer individual, sino la que nazca de la firma vocación del Estado de garantizar la igualdad de oportunidades y el compromiso que cada uno desde su lugar pueda asumir en esta construcción que, como ninguna otra, es colectiva.

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...