Abel Robino expone en España
Se trata de una muestra en la que el magnífico artista pergaminense (Hijo Distinguido de la ciudad) afincado en Francia, ha querido dar visibilidad a la emigración temporal y repetitiva que cada año se produce en diferentes lugares del mundo y que está vinculada a la agricultura. De ahí el título, porque los temporeros, al igual que las aves migratorias, han de viajar en busca de otras latitudes, condicionados por las estaciones y las épocas de cosecha, para partir de nuevo, de tal modo que no se llega a producir integración ni arraigo. Estos retratos públicos de gente anónima, esconden una realidad de plena actualidad.
Quizá por ello las personas retratadas aparecen tras una especie de celosía que dificulta la visión, salvo en la mirada limpia que el autor ha respetado intencionadamente, y que fuerza a una reconstrucción por parte del observador. “La finalidad es que el público tarde en descubrir a la persona, al trabajador que está en la fotografía, porque nunca llegamos a conocer del todo al otro” señala Abel Robino. Quizá, si viajamos un poco más allá, los caminos que surcan estas imágenes de grandes dimensiones nos ayudan a “descubrir al otro en su cárcel propia”. Quizá los mil caminos de las migraciones, y los de nuestra propia vida, se entrecruzan y surcan las huellas físicas y espirituales, tal y como reflejan la imágenes de Retratos Golondrina.
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Abel Robino siente una gran atracción por Briones, por la luz, por cómo las estaciones modelan el paisaje. Refresca sus recuerdos de lo que personalmente vivió de joven entre Bolivia, Chile y Argentina. “Entre este terruño de nubes y cielo hay una energía que me llama la atención. Me siento muy cómodo en Briones”.
Las 18 obras que integran la exposición parten de una serie de fotografías realizadas por Diego Pittaluga, entre octubre 2011 y octubre 2012, en los viñedos de Bodegas Dinastía Vivanco en Briones. Tras un año de trabajo intenso, ahora ven la luz. “Siento que les debo algo a estas personas que aparecen en las fotos. Mi deuda trato de saldarla con la exposición. En el momento de tomar las fotografías junto con Diego Pittaluga no quise conocer su historia personal para no mediatizar el resultado final. Ahora, una vez concluido, me gustaría conocer más de ellos y de sus circunstancias” confiesa el artista.
Casi una veintena de obras integran esta exposición. Se trata de fotografías retocadas y recortadas en capas. La idea surge de la fusión de dos corrientes en la trayectoria de Abel Robino. De un lado, su experiencia en Pekín y Shanghai, en un trabajo de intervención artística (técnica de destrucción) sobre libros y cuadernos que llamó “Hara-Kiri-Books”, y que estaba destinado a la Exposición Universal de 2010. Esta obra se enmarcaba dentro de una serie más amplia denominada “Libros Predictivos”. Por otro lado, su pasión por el grafiti, una disciplina en la que estuvo investigando durante el año 2012.
El proceso de trabajo, una vez impresas las imágenes en gran formato, continúa “dibujando con un cuchillo (cúter)”. Cada plancha de fotografía tiene entre 5.000 y 8.000 cortes, y cada obra consta de cuatro planchas, por lo que para cada obra han sido necesarias más de 30.000 incisiones. “Me llegan a doler las manos, pero nunca me corto los dedos” reconoce Abel Robino, que dedica intensas jornadas a sus obras “a veces desde las 2 de la tarde, hasta las 4 de la mañana, ininterrumpidamente”.
La muestra está compuesta por una pieza grande de 160 x 180 centímetros, sin enmarcar, para que los visitantes puedan ver el proceso de trabajo, puedan tocar y meter la mano en las hendiduras. Participan así de un boceto que desvela el proceso creativo.
A ella se suman cinco obras de 70 x 70 centímetros también protagonizadas por los “trabajadores golondrina”, aunque en este caso los rostros están definidos por la luz y agrupadas bajo el epígrafe “Los iluminados”. Hay dos retratos en negro profundo para mostrar un contrapunto, con un fondo diferente, y un retrato doble en color y blanco y negro. Completa la selección una serie de grandes fotografías, primeros planos de 170 x 170 centímetros que empequeñecen al observador, lo aniñan frente a su enorme tamaño. Es la llamada perspectiva del gigantismo que el autor ya ha explorado en otras ocasiones.











