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A tres años de la beatificación, María Crescencia continúa cosechando gracias y devotos

22 de noviembre de 2015 a las 12:00 a. m.
A tres años de la beatificación, María Crescencia continúa cosechando gracias y devotos
'' Cada 20 de mes los devotos de Crescencia visitan la Capilla del Huerto. (LA OPINION)

El martes se cumplió un nuevo aniversario del día en que la entonces sierva de Dios fue elevada a los altares en una ceremonia religiosa sin precedentes en nuestra ciudad. Aquel fue un punto inflexión a partir del cual, afirman las hermanas del Huerto, ha crecido el número de fieles que la veneran. Se analizan posibles milagros que la consagrarían santa. Para la feligresía, que no se rige por las certificaciones médicas, ella ya es milagrosa.

DE LA REDACCION. Poco más de tres años pasaron del  17 de noviembre de 2012, cuando Pergamino se vistió de fiesta  y recibió a ciudadanos de todo el mundo para presenciar el instante en que la hasta entonces venerable sierva de Dios  María Crescencia, fue elevada a los altares en una misa presidida por Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, venido especialmente desde el Vaticano.

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Aquel día, la monja que transcurrió su infancia y primera juventud en nuestra ciudad, se transformó en la séptima beata argentina y la primera de la provincia de Buenos Aires.

Pergamino, como “Ciudad de María Crescencia” y lugar donde reside gran parte de su familia, fue durante ese fin de semana la localidad anfitriona  de miles de personas que participaron de lo que fue una de las ceremonias más multitudinarias de la historia de nuestro medio, que tuvo como epicentro el circuito El Panorámico. 

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Contingentes de uruguayos, paraguayos, chilenos, brasileros, bolivianos, españoles y de varias nacionalidades africanas, portando pancartas y globos, y utilizando vinchas y gorros violetas, arribaron a Pergamino para ser parte de la historia.

Evocando ese día de fiesta y alegría es que el pasado martes, en la Capilla del Colegio del Huerto, donde descansan los restos de la beata, se celebraron cuatro misas en diferentes horarios. La celebración central fue presidida por el obispo de la Diócesis de San Nicolás, Héctor Cardelli que agradeció por la “elevación a los altares” de Crescencia.

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Por otra parte, el viernes, como todos los 20 de mes, el padre Carlos Miri celebró una misa pidiendo por la pronta canonización de la también llamada “Sor Dulzura”, proceso que no registra avances significativos, por lo menos que se hayan dado a conocer en los últimos tiempos. Esta situación es normal en las causas canónicas. Impera el hermetismo durante el período de investigación, con el fin de no contaminar con subjetividades los hechos que se plantean como posibles milagros. Hay que tener en cuenta que, además de la faz científica, el protagonista del supuesto milagro es sometido a todo tipo de evaluaciones psicológicas y sociales, por lo que se entiende que no es conveniente hacer públicas estas instancias, en pos de que los resultados sean totalmente fidedignos. Por esta razón es que, aunque no haya anuncios oficiales sobre la marcha de la causa, no implica necesariamente que no haya avances o milagros en estudio. 

 

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Lo que despierta la beata

La Capilla del Colegio del Huerto es un continuo peregrinar de personas y se colma de fieles en las misas alusivas. Y esto a pesar de que, como dice Cardelli en este mismo informe y como comentábamos más arriba, todo lo referente a Crescencia siempre fue manejado con un muy bajo perfil público y mediático, para no entorpecer los procesos canónicos.

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Así y todo, la devoción por María Crescencia aumentó en los últimos años. Por eso cabe preguntarse: ¿Qué despierta en realidad Crescencia en los corazones de los fieles? ¿Qué moviliza a éstos a acudir a la capilla semanal o mensualmente? La mejor respuesta la puede dar aquel que siente esa necesidad de hincarse ante su tumba. LA OPINION mantuvo contacto con algunos de sus devotos y en cada relato se advierte una fuerte convicción de que ella es milagrosa.

 

Evangelizadores de Crescencia

Cristina y Juan son matrimonio; ellos todos los meses visitan a María Crescencia. La particularidad es que no son pergaminenses sino que dedican un día al mes para llegar a nuestra ciudad desde Ituzaingó, en el Gran Buenos Aires. 

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Cuenta Cristina que conocieron a Crescencia hace poco más de cuatro años en San Nicolás gracias a una señora que en el Santuario de la Virgen del Rosario les dio una estampa. “Ese mismo día, no lo dudamos, y emprendimos el viaje a esta ciudad para conocer ‘personalmente’ a Crescencia. Estoy convencida de que ella fue la que nos trajo hasta acá porque nosotros no sabíamos siquiera dónde quedaba Pergamino”, relata convencida.

La visita se produce  cada 15 días en lo posible, “pero sino una vez por mes llegamos a Pergamino. Por lo general viajamos el domingo, asistimos a misa a La Merced y luego nos cruzamos para rezarle a nuestra hermanita. Cuando podemos participamos de las misas de los 20”.

Cristina le adjudica a esta relación especial que tiene con la monja del Huerto el haber sorteado obstáculos en su vida: “Hemos sufrido robos, problemas de salud, incluso problemas laborales y ante estas adversidades, Crescencia siempre nos respondió, nos aferramos a ella fuertemente, nos escucha y nos cumple. Por eso somos agradecidos con la beata”.

Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano declaró a Crescencia como “Sor Dulzura”, y no en vano todas las personas que le rezan sienten algo especial que recorre por su cuerpo al invocarla. “Cada vez que le rezo a ella siento un cosquilleo en todo mi cuerpo, no puedo dejar de reír”, expresa Cristina.

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Todos los fieles que honran a “la flor del Huerto” aseguran que concede las gracias recibidas. La devota de Ituzaingó relató a LA OPINION una de sus experiencias: “Teníamos un Renault 11 y le pedimos a Crescencia que nos concediera la posibilidad de tener un auto un poquito mejor del que teníamos, y efectivamente, después de un tiempo, pudimos comprar un auto mejor que nos permite viajar cómodamente hasta esta ciudad para visitar a Crescencia. Por otra parte, en momentos en que mi esposo se había quedaron sin trabajo le pedimos con mucha fe a Crescencia y fue ella la que permitió que hoy Juan tenga su propia herrería. Por eso todas las noches le rezamos juntos a Crescencia y a Dios, agradecemos por cada día vivido y pedimos por nuestros hijos y nietos. Además todos los 20 prendo una velita pidiéndole al Señor por la pronta canonización de la beata”.

La fe que esta religiosa elevada a los altares ha despertado traspasa los límites de Argentina y Chile, donde residió, especialmente por la extendida labor de la Congregación del Huerto y sus colegios. Pero esta labor se ha multiplicado en el territorio nacional gracias a devotos como Cristina y Juan, que son verdaderos evangelizadores de Crescencia: “Hicimos cuadros de la beata que llevamos a diferentes parroquias de Ituzaingó para que todas las personas la conozcan. Además repartimos estampitas y le hablamos a la gente de Crescencia. Cuando venimos a Pergamino traemos todas las peticiones de nuestros vecinos y conocidos y a ellos les compramos velas para le recen a la beata. Además hacemos bendecir agua para distribuir entre los que más necesitan, entre aquellos que están atravesando una situación difícil”.

 

Imitar la humildad

Viviana es una hermana canonesa, proveniente de Perú, que reside junto a otras religiosas en la Iglesia de la Merced. En diálogo con el Diario, Viviana contó que si bien son peruanas y no huertanas, dicen estar “empapadas del amor de Crescencia”. Lo inexplicable de la fe: “No somos de la congregación pero la admiramos tanto. No sabemos mucho de su vida pero sí entendemos que fue su humildad y su aceptación de la voluntad de Dios lo que la llevó a ser beata”.

Consultada sobre qué despierta en ella particularmente “Sor Dulzura”, la religiosa dijo: “Que haya caminado por las mismas calles que nosotros transitamos y que haya sido religiosa nos impulsa a alcanzar, como ella, la santidad”.

Viviana expresa que busca, día a día “imitar la humildad de Crescencia que es relacionada con la flor de la violeta que crece bajo la sombra de las hojas. De ella aprendo a ser servicial, a hacer brillar la luz de Cristo en cada momento”.

Entre las peticiones que Viviana le hace a la beata destaca “poder llegar a los corazones de los jóvenes. Ellos están obnubilados por cosas materiales. Debemos aprender a sentir la presencia de Dios en las cosas simples, advertir su rostro en los más necesitados como lo hizo nuestra beata”.

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Milagrosa

Graciela cree en los milagros de Crescencia con justa razón: “Me salvó mi hija”. Este es s relato:   “En 1998 a mi hija, de 22 años, le detectaron púrpura (una enfermedad de la sangre), fue operada en Buenos Aires y no sabíamos si iba a sobrevivir. En ese momento es que empecé a rezarle a Crescencia. Mi hija se salvó, pudo desarrollar bien su vida, fue mamá. La beata es muy especial. Es ella la que aumenta mi fe y la que me sostiene en las dificultades ya que hace un tiempo perdí un hijo”.

“Coca” contó que participa de las misas que se ofician los 20 en honor a Crescencia “porque tengo mucha fe en ella desde que vi una estampita en la clínica en la que estaba internada  una de mis hijas”. Curiosamente, mucha gente relata haber conocido a Crescencia porque “alguien” en un momento crítico de su vida le acercó una imagen. Esto habla de que hay una percepción generalizada de que ella es buena intercesora a la hora de esperar un milagro divino.

Además de las peticiones personales que cada fiel deposita en “la flor del Huerto”, muchos de ellos piden por las dificultades que aquejan al mundo. “Pido siempre por la salud de mi familia, mis allegados pero también oro a Crescencia por la paz del mundo”, confió “Coca”.

 

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Legado de fe

María lleva a su pequeño hijo Alejo en brazos hasta la Capilla del Huerto. Allí, ambos, participan de la misa y juntos le rezan a Crescencia que, según ella, “es luz, esperanza, la que nunca nos falla, siempre le pedimos y ella nos escucha, nos ayuda”. De acuerdo con lo expuesto por la joven madre, conoció a la beata por su suegra. “Si bien mi suegra ya no está entre nosotros nos ha dejado un legado de fe. Por eso ahora  venimos juntos, con Alejo, le pedimos y le agradecemos”, expresó María.

 

 

Carlos Miri sobre la beata

 

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Como cada 20 de mes, el viernes el padre Carlos Miri, párroco de Nuestra Señora de la Merced, celebró misa en la Capilla del Colegio del Huerto, donde descansa el cuerpo incorrupto de María Crescencia. Numerosos fieles participaron de la celebración de la Eucaristía, en la que se pidió, especialmente, por la pronta canonización de María Crescencia.

 

Vivir en la verdad

Durante la homilía, el padre Miri resaltó las virtudes de Crescencia diciendo: “Nuestra beata trató de vivir siempre en la verdad, dejando de lado el chusmerío. Y así llegó a ser, en nuestros días, ejemplo entre los cristianos”. El sacerdote instó a los fieles a ser imitadores de la vida de “Sor Dulzura”, una religiosa que caminó en nuestras calles. Pidió: “No pensemos en los grandes santos sino que honremos a nuestra beata que está acá. Trabajemos para lograr el encuentro con Cristo que quiere trastocar nuestro corazón de piedra para convertirlo en uno de carne”.

Por último, y elevando las súplicas comunitarias a Dios, el sacerdote pidió a Crescencia que “amolde nuestros corazones al de Jesús, hecho necesario ya que somos humanos, pecadores, y necesitamos de la misericordia de Dios. Dejemos que él entre en nuestras vidas, seamos testigos del amor de Dios y eso nos posibilitará ser mejores personas y crecer en el amor a Dios, hacia los demás y en nosotros mismos”.

 

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Monseñor Cardelli: “Crescencia está en todas las parroquias de la Diócesis”

 

Cuando monseñor Héctor Cardelli tomó posesión de la Diócesis de San Nicolás de los Arroyos e inició su ministerio pastoral como séptimo obispo de la jurisdicción, el 1º de mayo de 2004, nunca se imaginó que ocho años después, de su zona surgiría una beata, la primera de la provincia de Buenos Aires.

Feliz de poder vivir de cerca este inusual acontecimiento religioso, monseñor Héctor Cardelli cada vez que viene a Pergamino visita la Capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto, donde descansan los restos de la beata María Crescencia Pérez. Y también cuando su agenda se lo permite celebra misa, como lo hizo el pasado martes con motivo de conmemorarse los tres años de la beatificación de la hermana de la Congregación de las Hermanas del Huerto.

-¿Cuál es la actualidad de la causa de canonización de Crescencia?, ¿existe algún milagro en estudio?

-No es la intención despertar inquietudes sobre un milagro aquí u otro milagro allá. Gracias a Dios hay muchísimas gracias reconocidas pero de los milagros siempre uno está dependiendo de los estudios previos que se hacen y demás. Pero puede decirse que hay algunos casos en análisis y el proceso de canonización sigue, hasta tanto la ciencia y la fe no se contrapongan.

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Por ejemplo, hace poco se estuvo analizando el caso de la recuperación de salud de un hombre que estaba al borde de la muerte y empezamos con los estudios médicos, y los profesionales dijeron que la sanación tuvo respuesta y explicaciones científicas, pero para la familia de este hombre fue un milagro, una gracia. Hace unos días una señora me dijo que pidió la bendición para su hijo que no podía caminar y hoy el chico camina, para ella lo ocurrido es una gracia. De estos ejemplos hay miles que podría consignar.

-¿Cree que aumentaron las visitas a la Capilla del Colegio Nuestra Señora del Huerto luego de la beatificación?

-No tengo percepción de la afluencia de gente en la Capilla, donde descansan los restos mortales de la Hermana Crescencia, pero siempre que vengo paso a hacer un rato de oración y tengo la sensación de que es una afluencia constante de gente que entra, que medita, que reza; creo que esto es lo importante, porque las grandes manifestaciones cuando vienen lo hacen ocasionalmente, pero el pueblo pergaminense realmente la siente.

-¿Cuál es la presencia de la beata a lo largo de la Diócesis?

-La imagen de Crescencia está en todas las parroquias de la Diócesis, pero popularmente me parece que la siente y la vive más la gente que está cerca de Pergamino, incluso en San Nicolás hay una gran devoción hacia ella. Tenemos que pensar que en torno a la causa hubo silencio durante muchos años, entonces esto de la beatificación es un proceso que lo vivió un grupo de gente importante y cercano, pero tal vez faltó esa información o preparación para tomar conciencia de que “vamos a tener un santo de la Diócesis”.

-¿Cree que habría que desarrollar una pastoral al respecto?

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-Tal vez sí, evidentemente. Aunque en otros lugares, como en San Martín, hay mucha devoción a Crescencia. El Papa Francisco ha puesto un poco más los ojos en los santos latinoamericanos y esta “movida” (que está mal la palabra pero creo que se entiende) hace bien porque es una Iglesia nueva que ha producido muchos frutos. Y es importante que la Iglesia universal haga conocer a los santos de la Iglesia latinoamericana, incluso hay muchas causas que están muy cerca del paso de la beatificación, por lo que ella ha sido pionera en esto.

-Por último, ¿está feliz con su trabajo en la Diócesis?

-Sí, por supuesto, tal vez lo que lamento a esta altura de mi estadía en la Diócesis es no haber dado más “manija” al laicado. Me dediqué mucho a las parroquias, a los sacerdotes, a visitarlos y estar en contacto con las problemáticas, pero en el camino me quedó el laicado. Trabajé 20 años en las parroquias y si no hubiera sido por el laicado que tenía… El sacerdote sin el pueblo no se entiende.

 

Asamblea Plenaria

Del lunes 9 al viernes 13 de este mes se realizó la 110° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina en la Casa de Retiro “El Cenáculo” de Pilar. “El plenario fue muy denso porque estuvimos todo el tiempo en sesión, hubo poco tiempo para hacer otra cosa”, contó a modo de resumen monseñor Héctor Cardelli, quien relató que la reunión comenzó con los avisos sobre los últimos nombramientos de obispos, a quienes se les dio la bienvenida al participar por primera vez de una reunión plenaria.

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Hizo uso de la palabra en primer lugar al nuncio apostólico en Argentina, monseñor Emil Paul Tscherrig, quien transmitió los saludos del Santo Padre.

Se dedicó tiempo al habitual intercambio pastoral, donde los obispos presentan libremente sus inquietudes y se dialoga sobre cuestiones vinculadas a la tarea de la Iglesia en el país. Entre diversos temas se conversó sobre alternativas de colaboración a los refugiados y acompañamiento de los países en conflicto en Oriente Medio. También se mencionó la necesidad de discernir formas para crecer en el estudio de cuestiones ambientales, especialmente el cuidado y uso del agua.

Monseñor Alejandro Bunge, prelado auditor de la Rota Romana (tribunal eclesiástico) y uno de los integrantes de la comisión que elaboró el texto del reciente Motu Proprio del Papa Francisco en el que se modifica el proceso canónico de nulidad matrimonial, explicó detalles del documento que entrará en vigencia el próximo 8 de diciembre y los pasos para su implementación en las diócesis y el país: “Esta propuesta del Papa para la declaración de nulidad de matrimonios es bastante compleja, sobre todo para quienes no manejamos demasiado los cánones de derecho canónico. Eso sigue en estudio porque a partir de esta bula del Papa, la potestad de jueces se extiende a los obispos. En los años 1700 se les había sustraído esa facultad porque parece que había abusos en las licencias que se daban, entonces ahora Francisco vuelve a otorgar esas facultades a los obispos. Esta situación nos toma desprovistos de canonistas y de tribunales diocesanos, yo como obispo tendré que armar un tribunal en la Diócesis, hoy tengo sacerdotes que me ayudan pero también necesitamos profesionales. Y el Papa pide que esto sea rápido y gratuito”, contó Cardelli.

Monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, secretario para los Seminarios de la Congregación para el Clero del Vaticano, expuso sobre la reforma a los planes de formación de los seminarios: “Este tema lo tratamos durante un día y medio, es bastante amplio porque los tiempos han cambiado mucho, mucho. La conclusión general a la que llegamos es que tenemos más seminaristas que vocaciones, no todos los que son seminaristas tienen vocación. En la Diócesis tenemos un buen número de seminaristas, casi 20, desde que estoy aquí nunca hubo tantos. Creo que es la Virgen la que los llama”, dijo al respecto el obispo nicoleño.

También se conversó sobre la recepción de la Encíclica Laudato Si y aspectos fundamentales del documento: “Cuando uno se informa de todo el panorama referido a la ecología es terrible porque escapa a nuestras manos”.

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