A tomar nota: veredas rotas, accidentes y onerosas condenas al Estado municipal
Aunque para el lector resulte novedoso, ya que en Pergamino no se han registrado aún este tipo de causas judiciales, al menos que tengamos conocimiento, en la Ciudad de Buenos Aires un juez emanó una sentencia que obliga al Gobierno porteño a indemnizar con casi medio millón de pesos a una mujer que se tropezó en una vereda en mal estado. Es un caso de una señora que sufrió lesiones irreversibles y las heridas le disminuyeron un 30 por ciento su capacidad física.
La demanda por daños y perjuicios la promovió una señora de 69 años, tras el accidente del 24 de marzo de 2010; cuando estaba a punto de llegar a la esquina de Helguera y Morán, en el barrio Villa del Parque, tropezó con una baldosa rota, cayó y se fracturó el húmero izquierdo. Según los médicos que la trataron, sufrió fractura de cuello y un tercio superior del húmero izquierdo. A pesar de un tratamiento con placa y tornillos, quedó con secuelas en los movimientos del hombro de manera crónica e irreversible.
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Cabe señalar que se trataba de una vereda particular, no de un espacio público, por lo que el primer responsable por el mal estado es su propietario, salvo que la causa del daño provenga de una intervención del Estado. Además, en caso de que el vecino no accione como es debido en cuanto al mantenimiento de su vivienda (que incluye la vereda), aparece la responsabilidad del Estado que ostenta el poder de Policía para hacer al vecino poner la vereda en condiciones, del mismo modo que lo multa por estar mal estacionado, sacar la basura o baldear fuera de hora.
Ya sea por no obtener respuesta del primer responsable o por asesoramiento de sus abogados, la señora damnificada accionó judicialmente contra el Estado.
El Gobierno de la Ciudad, que en ese entonces regía Mauricio Macri respondió ante los jueces que la caída no fue por culpa del mal estado de la vereda sino por descuido de la mujer, que vive cerca del lugar del hecho. Los abogados del Ejecutivo porteño agregaron que la Ciudad está imposibilitada de ejercer un control de las veredas de cada cuadra de la Capital Federal.
Los magistrados consideraron, en cambio que el Gobierno de la Ciudad, como titular del dominio público de las veredas, debe responder por los daños causados por el mal estado de las veredas.
Hubo otros casos, como uno sucedido en 2003 cuando una mujer en el barrio de Caballito, se tropezó con un árbol que había roto la vereda en Gainza al 78. El accidente le provocó una fractura de cadera y debió dejar de trabajar varios meses. En este caso en un proceso que duró cinco años, el Gobierno de la Ciudad también fue condenado, pero también como en el caso anterior, se rechazó la demanda contra los frentistas.
Los magistrados consideraron que la responsabilidad primaria por los daños causados por el vicio o mal estado de las aceras, compete al Gobierno de la Ciudad en su carácter de titular del dominio público de los bienes.
En este caso los jueces hacen una discriminación importante que en la condena anterior no hemos registrado: la Comuna, dicen, tiene la responsabilidad principal de arreglar las veredas cuando la rotura se produjo a raíz de un árbol, una obra de pavimentación o trabajos de alumbrado público. En el resto de los casos el propietario o el consorcio del edificio donde está la vereda rota debe responder ante un eventual accidente. También hubo apelación de parte del Gobierno de la Ciudad, pero la sentencia de primera instancia fue ratificada.
Seguramente nuestros lectores han pasado más de una vez por la circunstancia de resultar heridos por el estado de las veredas de Pergamino. Tal vez no todos hayan accionado judicialmente, pero hubieran podido hacerlo. Y en una ciudad como la nuestra, con gran cantidad de profesionales de las leyes ávidos de hacer su trabajo, no sería de extrañar que empiecen a aflorar las demandas por este tipo de accidentes en la vía pública.
La Justicia porteña ha considerado en sus fallos que si la vereda produce el daño por su mal estado en la vía pública, en tanto que forman parte del dominio público y se encuentran bajo la guarda de la Municipalidad, el Estado debe responder por el perjuicio ocasionado pues es su deber mantener en condiciones la vereda para evitar perjuicios a terceros, tanto dentro de las funciones de policía que le atañen, cuanto por ser la vía pública parte del dominio público del Estado. Traducido: el velar por las condiciones de las veredas es responsabilidad del Municipio; si son de espacios públicos como plazas, haciendo el correspondiente mantenimiento. Si son de la casa de un particular, ejerciendo enérgicamente el poder de Policía que le asigna la ley. En este punto, de agotarse todas las instancias previas como advertencias y multas, asumiendo la reparación y trasladando al vecino en cuestión el costo.
Es dable aclarar que no se trata meramente de una cuestión estética ni de evitar una lluvia de juicios; estamos hablando de bienestar de todos y la posibilidad de circular para sillas de ruedas y cochecitos de bebés, entre otros adminículos que hoy encuentran en las veredas de Pergamino una virtual carrera de obstáculos.
La verdad es que a medida que rastreamos la jurisprudencia de estos casos más interesantes resultan ver cómo se puede interactuar con los derechos ciudadanos. Y también cómo se entrelazan las responsabilidades por el estado de las veredas. En Pergamino tenemos una grave problemática en el Centro con las especies del arbolado público. Seguramente sin mala intención, el intendente que más de un siglo atrás dispuso su colocación no tuvo en cuenta el crecimiento de las raíces. Y hoy estos árboles están causando daño en las baldosas, peligros para los peatones así como enormes perjuicios en el interior de las viviendas. Por eso es lógico que si un vecino es multado por el estado de su vereda e intimado a arreglarla, se niegue a hacerse cargo de los costos cuando el motivo le es ajeno, como el planteado de las raíces. En este punto, el Estado debiera hacerse cargo e incluso paulatinamente ir cambiando las especies por otras más adecuadas, ya que son el principal motivo de las roturas.
Los accidentes y caídas se han producido y se producen por el estado de las veredas, además de ser un impedimento a la circulación para discapacitados, aun cuando se pongan rampas en las esquinas. Por eso, como alguna vez planteamos en un extenso informe dominical, es hora de que el Municipio haga una buena campaña para que los vecinos frentistas arreglen sus veredas, ejerciendo su poder de contralor sobre estos espacios. Y en los casos que corresponda, se haga cargo de los gastos. Lo mismo de la situación de los árboles.
Así como el Municipio ha tomado en forma precaria terrenos baldíos que los dueños no desmalezaban, perjudicando al resto de los vecinos, y realizó los trabajos y luego le pasó la factura al propietario, así debería suceder con las veredas, una vez que se otorgue un plazo razonable para que se arregle la acera y no se obtenga respuesta.
Porque como bien han establecido los magistrados, si bien la vereda podría ser considerada una extensión de la propiedad del vecino frentista, no es menos cierto que es un espacio público y por lo tanto cae en la esfera de responsabilidad de las comunas.
















