16 años sin datos oficiales de la principal actividad del país
En el país donde se hace de la improvisación un culto y de la falta de planes una virtud, se anuncia una nueva edición del Censo Nacional Agropecuario, tras 16 años del último. Parece una broma que una nación que hace pie en el campo en términos productivos, el Estado (y por ende los gobiernos en turno) pasen décadas sin que sepa qué está sucediendo en ese importante sector para su economía. Solo como ejemplo, hace más de 15 años, en el campo no se empleaban drones, tampoco marcadores moleculares, ni había clones ni organismos genéticamente modificados, ni se relevó la actividad vinculadas al biocombustible. En fin que la Argentina no sabe a estas horas qué sucede en el sector del agro, teniendo para mirar, medirse y valerse solo en datos de hace 16 años, por lo que podemos colegir seriamente que desde hace años no se está trabajando en programas estratégicos destinados al campo, a su mejora, a la optimización, al menos con datos ciertos y fehacientes. Pareciera que como la tierra siempre da lo suyo, nos dedicáramos, como país, nada más que exprimirla.
El Ministerio de Agroindustria ofreció una charla sobre los detalles del Censo Nacional Agropecuario aprovechando la realización de La Rural en Palermo; allí, Roberto Bisang explicó los alcances y las metas de la encuesta que se llevará adelante en septiembre de este año y tendrá una duración de 90 días.
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Obviamente la principal meta es obtener información confiable y precisa para el desarrollo de las estrategias de negocios. Así, se relevará únicamente información física y serán de uso estrictamente estadístico. La información que recabará el censo será sobre la actividad agrícola, pecuaria, forestal y bioindustrial desarrollada en todo el país.
Porque, como venimos advirtiendo, el desempeño y actividad que reviste el campo argentino, resulta totalmente incomparable contra las posibilidades que ofrecía el panorama agropecuario en 2002, cuando el Indec realizó el último censo de manera completa en el sector.
Por ello, las autoridades estadísticas prometen, a través de la informática, relevar de septiembre a noviembre a poco más de 330 mil explotaciones agropecuarias con el Censo Agropecuario 2018. Los censistas irán equipados con tablets que permitirán la carga de todos los datos en tiempo real. Buena parte de los datos recabados, permitirán obtener en el primer trimestre de 2019 una radiografía de la actividad en el campo.
Mientras la dirigencia malgasta su tiempo jugando a la política baja, la de contar porotos en el Congreso y votos para las urnas con el solo fin del posicionamiento, cosas gravitantes para el devenir del país como lo es mensurar periódicamente el estado de la principal actividad económica, son dejadas de lado. Es inadmisible y esta desidia sin dudas tiene consecuencias, que no las vemos en la diaria pero que poco a poco hacen mella. Cabe recordar que los bienes de la tierra, tal como los exportamos, sin valor agregado, son commodities que también se obtienen en otras partes del planeta, en países que son potencia, que son organizados, metódicos y están a la vanguardia. Ya no somos el granero del mundo, ni porque somos los únicos ni porque todo se sintetice en sembrar, rezar para que el clima acompañe y cosechar. Hoy el campo ha complejizado notablemente su actividad a través de la tecnología; muchos productores la van incorporando en la medida de sus posibilidades para mejorar su rentabilidad pero el Estado no dio cuenta de ello para diagramar sus políticas sectoriales en 16 años.
Las autoridades afirman que con los datos que reportará el Censo Agropecuario 2018 encontrarán un campo en Argentina absolutamente distinto. ¡Chocolate por la noticia!
Pero también se encontrarán con el campo de siempre, al que se tiene que acompañar para que puedan subirse al tren del Siglo XXI. Son los productores que viven en sus tierras, que tienen maquinaria y hacen sus actividades empleando mano de obra familiar, y hasta incluso reproduce su propia semilla. También se toparán con las alicaídas economías regionales, los cultivos no tradicionales pero que hacen a la sustancia de provincias enteras. Es de esperar que tras este choque de frente con la realidad, se debatan en el Congreso nuevas leyes de protección y se diseñen desde el Ejecutivo políticas de fomento que, así como la actividad misma, continúen en el tiempo más allá de los cambios de gobierno.
Se relevarán, como decimos, más de 330.000 explotaciones agropecuarias y el relevamiento contará seis secciones. En primer término, se buscará definir el perfil de quién está a cargo de la explotación. Si es de uso familiar, y el objetivo es contar con una radiografía de qué tipo de productor agropecuaria tiene la Argentina.
En segundo lugar, se plantearán consultas referidas a cómo se usa la tierra, cuantos pastizales naturales hay y también los establecimientos destinados a la agricultura y a la ganadería.
El tema de la Agricultura conformará el tercer punto, y la búsqueda de especificaciones en torno al empleo de más de cien cultivos. Con consultas de término físico y no monetario. Allí cobrarán interés cuestiones tales como el empleo de siembra directa, fumigación o tipo de cosecha. También se consultará el destino dado a los granos: exportación, industrialización o su transformación en proteína animal.
El cuarto punto será para la Ganadería. Esto no solo servirá para relevar la actividad pecuaria bovina sino también para aves, porcinos, cunicular y ganado menor. Con datos sobre stock, prácticas, nacimiento y procreación.
En quinto puesto figura la búsqueda de información sobre el equipamiento empleado en el campo, si es tradicional o bien la presencia de plantas de biocombustible. Uso de paneles solares o biogás.
En su sexto punto, se buscará conocer realmente cuánta gente vive en el campo y en la ruralidad, además de tipo de empleo y su calificación.
Es una información valiosísima, sin la cual no se puede trabajar en programas de producción serios en la Argentina, de modo que si hace 16 años que no se realizan estos relevamientos, no hace falta decir que no estamos manejando escalas de desarrollo para un sector tan importante de nuestra economía. Aunque lamentamos el tiempo perdido, nos congratulamos de que se lance este septiembre el Censo Nacional Agropecuario en la creencia de que servirá de base para comenzar a trabajar en programas sustentables del campo.














