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Vivimos un bochorno previsible

27 de noviembre de 2018 a las 12:00 a. m.

Una vez más la Argentina donde logramos cosas únicas. Logramos que “La final del mundo” y que el “partido más importante de la historia” terminara en un verdadero bochorno luego de la agresión de los hinchas de River Plate al micro donde viajaban los jugadores de Boca Juniors.

Las idas y venidas transformaron el fin de semana en un verdadero mamarracho, obligando a la gente a ir y venir de la cancha sin ver ningún partido. Gente a la que le robaban las entradas, les destrozaban los coches para saquearlos, debían atajarse de botellazos, piedrazos y de todo tipo de riesgos.

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Tres anillos de seguridad, supuesto trabajo conjunto de policía de la Ciudad,  Federal y Gendarmería, la ministra Patricia Bulrich y su par porteño Martín Ocampo (que ayer renunció) comprometidos con la estrategia (aunque entre ellos se odien cordialmente). Todo este despliegue y no pudieron hacer lo más importante, lo único que hubiera evitado el bochorno, cuidar el micro que llevaba a los jugadores de Boca al Monumental.

Ni vale la pena criticar a Mauricio Macri por haber planteado que se podía jugar con visitantes, porque la propia realidad ya le hizo el escarnio correspondiente. Y precisamente ayer el presidente se preguntaba cómo con semejante escándalo sólo habían llevado a veinte presos y ya estaban todos libres. Precisamente, nosotros nos preguntamos lo mismo, porque da la casualidad que la Policía nunca se lleva a los barras presos sino a perejiles a los cuales debe luego liberar enseguida. Lo mismo que sucede en las marchas al Congreso, donde las fuerzas de seguridad  siempre se “equivocan” y en vez de llevar a los violentos, se llevan a cualquiera y claro, la Justicia después debe soltarlos.

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¿Cómo pasó lo que pasó? Es la primera pregunta que nos surge porque no hace falta ser especialista en seguridad para ver que el micro de Boca (se veía a diez cuadras) iba derecho a una emboscada de hinchas de River, que se visualizaban como un enorme paredón de fusilamiento rojo y blanco. ¿Cómo no le cambiaron sobre la marcha el itinerario?, ¿cuántas complicidades hay en este juego para que los barras bravas ganen como sucede, en más en menos, todos los domingos?

Y claro, desde el mismo momento en que se rompieron las ventanas del bus y los jugadores bajaron en el estadio Monumental con los ojos llenos de lágrimas y arcadas por el gas que tiró la Policía, empezaron a surgir todo tipo de hipótesis de por qué pasó lo que pasó.

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Al fin todo entró en la sospecha desde el Gobierno Nacional hasta el de la Ciudad, pasando por la Policía Metropolitana, hasta llegar a Rodolfo D´Onofrio y Daniel Angelici, presidentes de clubes que tienen sus barras bravas como todas las entidades deportivas en la Argentina.

Una de las hipótesis es que el problema empezó por lo que pasó, con el allanamiento que se realizó el viernes 23, justo un día antes del partido, al jefe de la barra de River Héctor “Caverna” Godoy. Al que le encontraron una fortuna en dinero pero además trescientas entradas para el partido. Según esta versión, fue Caverna quien organizó todo junto a los Borrachos del Tablón (la barra brava de River) quienes, a diferencia del resto de los partidos, no habían puesto ni las banderas dentro del estadio. Fue un ajuste de cuentas hacia el Club y una demostración hacia la Justicia porteña.

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Hace tiempo que Rodolfo D´Onofrio confirmó que luego de que termine su segundo mandato como presidente de River Plate vería con muy buenos ojos meterse en política y no faltó quienes dijeron que el Gobierno nacional armó todo para perjudicarlo, porque las encuestas le dan bien. Porque si es por teorías hay para todos los gustos, disparates también se escuchan.

Otros dicen: lo que pasó, pasó simplemente porque alguien armó mal el operativo de seguridad. Es decir, calculó mal la cantidad de policías que debían acompañar al micro de Boca, no quiso ver la horda de hinchas de River que estaban frente al micro, se “olvidó” de poner los típicos tablones que se suelen poner para proteger al bus, no alejó a la gente -los 50 metros que se suelen alejar- solo errores del operativo de seguridad.

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En el partido de ida jugado en la Bombonera, el micro de River también habría recibido piedrazos. Lo bueno es que no llegaron ni a romper un vidrio ni a lesionar a un jugador. Incluso, durante el partido, al Pity Martínez le arrojaron un palo cuando se disponía a tirar un córner. Según Daniel Angelici, los de River tienen más puntería para las piedras que los de Boca, se lo escuchó decir…

La realidad es que, al fin, nada de lo que hablamos lo explica todo, porque el fenómeno barra brava tiene raíces tan hondas que las hipótesis aún siendo alguna acertada no dejan de ser coyunturales.

La barra brava hoy participa de la actividad económica de los clubes, sus jefes son millonarios, algunos manejan la droga en sus sectores, son parte de las internas de los clubes y de los partidos políticos, por eso dirigentes deportivos y funcionarios con poder real los terminan protegiendo todo lo que pueden. Y cuando algunos jefes  barras caen presos es porque fueron traicionados por otros barras que se quedaron con su lugar.

La verdad es que no hay interés real en solucionar la problemática de las barras bravas, porque a los clubes les sirven y al poder político también. Hasta que, en un momento, en que los ojos del mundo están puestos en la Argentina en un partido histórico, te montan un desastre que te deja con la peor imagen. Es el costo que se paga por no querer enfrentar el problema de estas mafias enquistadas en el fútbol que se extienden a muchas otras actividades.

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Ahora viene el G20 pero por suerte cada presidente trae su propia seguridad como para evitar que lo que ahora fue bochorno pueda terminar en tragedia para nuestro país.

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