Venezuela, un infierno con fachada democrática
Nuevos conflictos se registran en Venezuela, a raíz de que el oficialismo no acepta el triunfo impecable de la oposición en las elecciones legislativas. En un clima violento y enrarecido, el gobierno de Nicolás Maduro ha impugnado los pliegos de 22 diputados electos y pretende hacer una nueva elección por ese cupo de bancas y de ese modo hacerse de la mayoría legislativa.
La oposición venezolana desesperada ha lanzado un llamado al mundo tras conocer que el chavismo intenta forzar al Tribunal Supremo para que ordene la repetición parcial de las elecciones parlamentarias. Presentaron sus quejan ante la Unasur, la OEA y la Unión Europea.
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Acusan al chavismo de intentar un golpe de estado judicial, lo cual no está lejos de la verdad, ya que presentaron el recurso contencioso en la sala electoral del Tribunal Supremo cuando ya estaba cerrada por vacaciones. El expediente 2015-000139 incluye un amparo contra la proclamación de 22 diputados opositores.
No olvidemos que este tribunal ha demostrado ser funcional al gobierno, avalando la mayoría de los recursos que ha presentado, sencillamente porque los jueces han sido nombrados de entre los adherentes al chavismo.
Lo que ahora quiere Maduro es ganar por la vía judicial lo que no obtuvo en las urnas, ya que el pueblo venezolano se ha expresado con contundencia en contra del Gobierno, que perdió así su mayoría parlamentaria en las elecciones del 6 de diciembre.
La desesperante situación económica, con una inflación que es una de las más altas del mundo, la escasez de mercaderías y un autoritarismo que ha ido creciendo de manera exponencial, como luego analizaremos, ha sido el certificado de defunción del chavismo en Venezuela pero el régimen se resiste a comenzar a despedirse del poder. Y se niegan a aceptar que recibieron una paliza histórica: 112 escaños de la oposición frente a 55 suyos. Ya los diputados están todos acreditados y esperando asumir, de modo que el recurso judicial es una medida enloquecida del chavismo.
Maduro, que no se priva de nada, calificó como golpe electoral fascista el triunfo opositor y aseguró que no iba a permitir que se consolidara. Según dijo, en las elecciones parlamentarias se registró más de un millón y medio de votos nulos, pese a que en los datos aportados por el organismo electoral no llegaban a 700.000. De todos modos, el argumento de un fraude tampoco cabe, toda vez que su propio partido manejó los organismos electorales.
Por el otro lado, los técnicos de la oposición descubrieron que los votos nulos aumentan en centros chavistas y lo atribuyen a una mezcla de voto castigo y de miedo, no olvidemos que en Venezuela no existe la opción del voto en blanco.
Venezuela vive horas cruciales, que coinciden además con el proceso express para nombrar a 13 magistrados del Tribunal Supremo, comandado por Diosdado Cabello. Saltándose varias disposiciones y desconociendo a la nueva Asamblea electa, el Parlamento que culmina mandato aceleró todo para elegir a los jueces de su espacio.
La democracia agoniza en Venezuela y poco se escucha decir al respecto de otros países de la región.
Pero hay algo más grave aun: allí hay más presos políticos que en Cuba. Así lo confirma el cruce de datos entre la ONG venezolana Foro Penal y la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. En este momento hay 76 prisioneros por motivos políticos en Venezuela, frente a los 60 de la isla. Un solo preso político invalida el sistema republicano, no es cuestión sólo de quién tiene más o menos.
Incluso hay dos intendentes presos: Antonio Ledezma, alcalde mayor de Caracas, detenido desde hace 10 meses, en arresto domiciliario por motivos de salud y a la espera de juicio, y Daniel Ceballos, alcalde destituido de San Cristóbal, en su casa tras una huelga de hambre. Políticos, dirigentes juveniles, tuiteros, activistas sociales, militares, policías, incluso empresarios esperan (65 entre rejas, 11 en arresto domiciliario) que la oposición presente su proyecto de ley de amnistía en enero.
También entre rejas se encuentran tres diputados suplentes de la nueva Asamblea, que deberían estar en libertad gracias a su inmunidad parlamentaria. Todos opositores, lo que da un dramatismo extremo al autoritarismo oficialista. Las persecuciones políticas son ahora moneda corriente en Venezuela, sobre todo desde que gobierna Maduro. Y en este sentido, cuando se ha comparado al kirchnerismo con el chavismo se ha exagerado, porque en la Argentina no hay presos políticos, nunca se ha llegado a tanto.
La realidad es que Maduro no sabe ya cómo retener el poder, tras una revolución bolivariana que se encargó de transformar en una dictadura mucho más severa que la del propio Chávez que, en su momento, supo aceptar la derrota electoral en una legislativa.
Las patrullas oficialistas que recorren armados los barrios de Caracas y otros distritos, el ahogo económico, los presos políticos y la violencia desatada contra cualquier protesta opositora, han transformado a Venezuela en un infierno con fachada democrática.
El tiempo dirá cuánto puede durar esta situación tan agobiante, desde lo económico y social hasta lo institucional, en que está el pueblo venezolano.














