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Venezuela dio un paso adelante para recuperar una democracia muy dañada

09 de diciembre de 2015 a las 12:00 a. m.

Amedida que la crisis se iba adueñando de Venezuela, que los fondos escaseaban por la baja del petróleo, el único insumo que exportan, que el modelo socialista extremo se fue deteriorando, Nicolás Maduro pasó de una democracia a una “demodura”, democracia de mano dura, al punto de conculcar libertades de los opositores, cansados de largas colas para conseguir alimentos que faltan, de tolerar un presidente que no tiene la muñeca de Hugo Chávez y recurre a la violencia para acorralar a quienes piensan distinto.

Al fin llegó una elección legislativa y los venezolanos votaron por el cambio y lo hicieron de forma tan contundente que habría superado la cifra mágica de 112 diputados, en una Asamblea de 167 escaños controlada hasta ahora por Diosdado Cabello, jefe del ala militar de la revolución.

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Según los datos que maneja la Mesa de la Unidad Democrática, y a la espera del segundo boletín definitivo del Consejo Nacional Electoral, esta alianza dispondrá de la mayoría absoluta cualificada de las dos terceras partes, gracias a la cual pretenden darle un vuelco a la hegemonía política chavista: renovar los poderes del Estado en manos de la revolución, aprobar leyes orgánicas, proponer referendos o convocar una Asamblea Nacional Constituyente.

El nuevo grupo parlamentario puede también derogar una Ley Habilitante, los superpoderes con los que Maduro ha gobernando vía decreto durante 18 de los 32 meses de su mandato. La bancada bolivariana, con solo 51 escaños cuando todavía quedan cuatro por adjudicar, poco podría hacer ante una mayoría contundente. Un pulso político inédito en 17 años de proceso bolivariano, gracias al cual la oposición puede retar a Maduro, que reconoció la derrota, y recortar los poderes del oficialismo.

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Pero los chavistas no están dispuestos a escuchar y el diputado oficialista José Avila anunció que disponen de un mes “para dictar leyes que protejan a este pueblo y aseguren el margen de maniobra del presidente”. Una parte del blindaje que el chavismo prepara contra la nueva mayoría y en el que también usará el derecho de veto presidencial y las decisiones partidistas del Tribunal Supremo.

Estas leyes se podrán derogar seguramente, pero todo indica que nada será fácil en Venezuela, donde Maduro no puede creer que la maquinaria del Gobierno haya fallado tanto, pese al enorme reparto que se realizó durante la campaña electoral. Porque no hace falta ser un matemático destacado para darse cuenta que hay voto chavista que emigró a la oposición, de lo contrario no sería tan contundente el triunfo. El que lo hizo notar con todas las letras fue el gobernador opositor Henrique Capriles, tras adelantar que la alianza conquistó 17 de los 23 estados de Venezuela, con un torrente de votos que superó en 2.300.000 al Gran Polo Patriótico del chavismo.

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El frente a falta del recuento final, ya tiene sus propios cómputos y se acerca a los ocho millones de sufragios, rozando el récord en Venezuela, lo que mide las proporciones del desastre para Maduro. El actual mandatario se quedó con 7.587.000 votos en las presidenciales de 2013. Hoy pasa sus días más oscuros.

En la oposición a estas horas hay mucho debate, desde el revocatorio contra Maduro, una vez que cumpla en abril tres años al frente del gobierno, hasta la Asamblea Constituyente, pasando por la enmienda constitucional y la petición política de dimisión. 

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Para la historia electoral del país ha quedado la debacle chavista en Caracas, donde perdieron en todos los circuitos electorales. Incluso en los bastiones de la revolución, como el barrio 23 de Enero o Catia, que forman parte del imaginario revolucionario desde sus primeros días. La hecatombe fue igual de dolorosa para los chavistas en Barinas, la cuna de la revolución, el estado donde nació Hugo Chávez. 

Lo cierto es que si la oposición consigue finalmente una mayoría calificada en la nueva Asamblea Legislativa (112 bancas, dos tercios del total), tendría amplios poderes para realizar reformas constitucionales e incluso impulsar una Asamblea Constituyente que podría echar por tierra muchas iniciativas del chavismo. Entre las prerrogativas de la Mesa de la Unidad Democrática también se encontraría la opción de convocar un referéndum revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro a partir de abril de 2016. 

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La realidad es que Venezuela ha dado un importante paso adelante para recuperar calidad democrática, pero aún acecha la violencia que puede desarrollar el chavismo a través de un ala del ejército que aún le es leal, y de los grupos civiles armados que tratan de controlar los barrios a punta de fusil. 

Nada será fácil, pero daría la impresión que la falta de apoyo popular puede ser la herramienta más importante, la única con que cuenta la oposición, para tratar de recuperar una Venezuela hundida en la pobreza, la inflación descontrolada y la violencia del oficialismo.

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