Una monja en Siria: “Tenemos la mochila siempre lista por si llega el Estado Islámico”

El intenso relato de la religiosa sobre bombardeos, muertes y hambruna en Siria es acompañado por la descripción de cómo el conflicto destruyó -además- la convivencia pacífica entre los minoritarios cristianos de distintas denominaciones y las dos ramas del islam: sunnitas y chiítas. María de Guadalupe vivió la amenaza constante de los yihadistas.
Buenos Aires, (Telam) - La monja argentina María de Guadalupe, que armó sus valijas y llegó a Siria un año antes de que se iniciara el conflicto que ahora desangra al país árabe, fue testigo de las matanzas sectarias y del éxodo de ciudadanos que huyen hacia Europa, que recuerda con un nudo en la garganta, y afirmó que tienen la mochila siempre lista por si llega el Estado Islámico.
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La religiosa residió en la ciudad siria de Alepo, donde asistió a desplazados y vivió la amenaza constante de ese grupo yihadista conocido por su brutalidad y su aversión a los cristianos.
Ahora apareció la foto de este niño, prosiguió, refiriéndose a Aylan Kurdi, el refugiado de 3 años encontrado muerto en una playa turca cuya imagen recorrió el mundo, pero la desesperación de los sirios tiene varios años, y alguien financia las armas que los matan, agregó. De 42 años y nacida en Villa Mercedes, San Luis, la religiosa narró los horrores de la guerra durante un encuentro en la iglesia de San Efrén, en Buenos Aires, organizado por la Iglesia Siriana Ortodoxa de Antioquía, Arquidiócesis de Argentina y por monseñor Crisóstomo Gassali.
La hermana fue a Siria acompañando la tarea pastoral encomendada a sacerdotes y religiosas del Instituto del Verbo Encarnado (IVE), una congregación misionera fundada por el sacerdote argentino Carlos Miguel Buela, que creció rápidamente y hoy está presente en 38 países de todos los continentes. En el país árabe tuvo contacto, en primerísima persona, con las trágicas consecuencias del descarnado conflicto en el que un arco de grupos insurgentes islamistas luchan entre ellos y contra el presidente sirio, Bashar Al Assad, al que buscan derrocar, desde el año 2011.
Antes de la guerra
Antes de llegar a Siria, y fiel al estilo misionero militante, que busca restaurar el verdadero catolicismo, como plantea el tradicionalismo del Verbo Encarnado, María de Guadalupe, que ingresó hace 23 años a la Congregación, estuvo 12 de ellos en Egipto.
El intenso relato de la religiosa sobre bombardeos, muertes y hambruna en Siria es acompañado por la descripción de cómo el conflicto destruyó -además- la convivencia pacífica entre los minoritarios cristianos de distintas denominaciones y las dos ramas del islam: sunnitas y chiítas. Antes de la guerra en Siria se respiraba menos hostilidad hacia el cristianismo, cuenta María de Guadalupe, y compara su primera experiencia en suelo sirio con la vivida en Egipto.
En Egipto, en el Ramadán (mes sagrado de oración musulmana) la hostilidad hacia los no musulmanes era efervescente y se expresaba en escupidas e insultos, e incluso violencia y matanzas, señaló. La guerra arrasó esa convivencia en Siria, insistió la misionera, que pudo observar cómo la persistente amenaza de la llegada del sunnita Estado Islámico desató millones de desplazados internos y de refugiados que huyen del país. María prestó desde su llegada a Alepo ayuda a los desplazados y heridos en esa ciudad del norte del país, la segunda de Siria, que hasta ahora pudo defenderse de los embates yihadistas, pero que vive sumida en el miedo y la angustia desde hace cuatro años.
Pero este no era un pueblo que venía agonizando y cuyos habitantes debieron marcharse por millones a Europa, aclara aludiendo a la crisis migratoria sin precedentes que golpea a Europa, y, agrega: no había ninguna bomba de tiempo que se suponía iba a estallar en una guerra. Nadie esperaba que esto ocurriera, pero ocurrió. Pero poco a poco -continúa- esta ciudad -que vivía bien y que fue empujada a un conflicto- empezó a sufrir la falta de electricidad, combustible, agua y alimentos por las carreteras bloqueadas y el horror creciente que despertaba el Estado Islámico.
El fin de este conflicto no es la democracia, paren la guerra , dice María de Guadalupe, en el comentario más político de su ponencia, aunque citando a un joven sirio que conoció en la ahora sitiada ciudad. Ante una consulta sobre quién es el destinatario de su desesperado pedido, la religiosa señala: No sé. Bueno, se dirige obviamente a quienes están apoyando al terrorismo. Quiénes son o quiénes no son no es un tema mío, yo soy religiosa. Pero Occidente en general se mostró reticente al régimen (de Al Assad) y apoyó a los grupos opositores. Lo que pasa es que la oposición moderada no existe, concluyó.













