Una marcha que no debe detenerse ni desviarse
Desde la Revolución Francesa en adelante, las mujeres se han organizado para demandar por condiciones de igualdad con los varones en relación al acceso a la política. Un emblema de esa lucha fe la del voto femenino, tardíamente incorporado en la mayoría de las constituciones del mundo.
Hubo muchísimas mujeres que lucharon pero que fueron omitidas en las páginas de la historia oficial. Entre ellas merecen destacarse la socialista Alicia Moreau de Justo, la radical Elvira Rawson y la independiente Julieta Lanteri, que recurrieron a diversas estrategias para instalar la problemática en la agenda pública: desde presentar proyectos de ley (que fueron denegados), hasta la realización de simulacros de voto para demostrar la exclusión femenina. Esta larguísima y accidentada tradición de lucha se plasma en la Ley Nº 13.010, que consagró la igualdad de derechos políticos entre la mujer y el hombre.
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Fue un 23 de septiembre, de 1947, que Eva Perón anunció el otorgamiento del voto femenino, que logró implementarse en las elecciones nacionales de 1951, por ello ayer fue el Día de los Derechos Políticos de la Mujer.
En el mundo solo hay once jefas de gobierno y las mujeres representan en promedio solo el 24 por ciento de los integrantes de los parlamentos y un escaso 20 por ciento de los puestos ministeriales. Los valores tanto culturales como sociales enfatizan la importancia del cuidado de los hijos y la familia, sin embargo, cada vez más, la mujer incursiona en el mundo laboral, económico y político. Permanecen obstáculos que impiden que la participación sea más representativa y efectiva de las mujeres en los diferentes ámbitos de toma de decisión pública. Por ello, se buscó forzar esos espacios por el camino de la ley de cupos.
Los opositores a la paridad argumentaban que las mujeres debían llegar por capacidad y no por cuotas, pues se decía que éstas constituían un privilegio porque obligaban a ubicar a mujeres aun a costa de excluir a un hombre supuestamente mejor preparado , según Solanda Goyes Quelal, activista ecuatoriana por los derechos de la mujer.
Tal planteo es falaz pero en un sentido más amplio: las representantes del sexo femenino resaltan en su desempeño educativo, resultan mejor evaluadas que los varones y son las principales favorecidas con premios y reconocimientos en las carreras universitarias. Lo que sucede, en realidad, es que ni esa mujer ni el hombre altamente cualificado se acercan a la política. Son los mejores, en general, varones y mujeres, los que no están ocupando espacios de decisión pública.
La Ley Nacional Nº 27.412 de paridad electoral, hizo su debut inaugural en las Paso del 11 de agosto de este año, y se estrenará en los inminentes comicios generales. En Pergamino es el segundo proceso que llevamos usándola porque la versión provincial de esta norma se sancionó en 2016 y se puso operativa en las elecciones de 2017.
Esta ley nacional exige que todas las boletas de candidatos a senadores y diputados nacionales estén integradas 50 por ciento por mujeres y 50 por ciento por hombres, de manera intercalada por sexo y en forma consecutiva, de modo que no haya dos personas continuas del mismo género en una lista. Asimismo, la norma obliga a los partidos políticos a cumplir con la paridad en su estructura interna.
El gran reto continuará siendo revertir el efecto cabeza de lista en magnitudes impares. Cuando se elige un número impar de candidatos no puede haber 50 por ciento de ambos sexos, en razón de que el género de la cabeza de lista hace la diferencia, producto de la alternancia secuencial de sexos por binomios. La realidad exhibe que los varones son, en gran medida, los titulares de las cabezas de las listas, lo que demuestra los límites que la praxis política impone al avance de la igualdad de género por medios normativos.
Sin embargo, la existencia de la ley de paridad constituye un punto de partida y un incentivo para el desarrollo de un proceso de cambio cultural que revierta prácticas negativas para el acceso de las mujeres a las cabezas de las listas de candidatos. Vaya como muestra de que la idea ya está cuajando en la sociedad que Pergamino cuenta con su primera candidata a intendente en su historia, María Eugenia Ball Lima.
Pero lo que hace falta para hacer de estas circunstancias extraordinarias o forzadas por el cupo una realidad natural es la integración de la mujer en las listas de autoridades partidarias. Este cariz, a veces olvidado en las normativas provinciales, permitirá alterar la balanza de género en los ambientes de decisión sobre el armado de listas de los partidos políticos.
La idea de la paridad de género debería influenciar también en las listas de las fórmulas para la conducción en otros estamentos como el sindical o las asociaciones intermedias, Consejo de la Magistratura, entre muchos otros.
El Estado puede cambiar la legislación, e inclusive garantizarla, pero de allí a la transformación de las prácticas cotidianas y a la igualdad en la sociedad hay una distancia. La batalla en el campo de la legislación es necesaria pero no suficiente. Hay una lucha, quizás más silenciosa pero igualmente difícil, por transformar prácticas sociales, concepciones, valores muy arraigados que en realidad hacen a la vida en sociedad y no solo a la política pública.














