Una cuestión de prioridades
Cada administración que triunfa en las elecciones le imprime a su gobierno una mirada política, la que incluye poner el acento y priorizar algunas cuestiones sobre otras. En general se trata de cuestiones que son opinables, porque de acuerdo al modelo de país al que se aspire es lo que se opina de todas y cada una de las medidas que se toman, en apoyo o en rechazo.
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Y esto es lo que sucede con el anuncio realizado por el presidente de la compañía estatal Arsat, Rodrigo de Loredo, que dio a conocer la suspensión de la construcción de un nuevo satélite, el tercero del proyecto geoestacionario Arsat que se había convertido en emblema del kirchnerismo; su continuidad quedó en suspenso hasta lograr que el programa pueda autofinanciarse.
El funcionario de la administración macrista aseguró que están buscando vender el espectro a toda la región antes de emprender la construcción del Arsat III, que la anterior administración preveía tener en el espacio en el año 2019. Nadie ignora que la tecnología es muy importante y que cuando mejoren las condiciones económicas del país se irá a encarar. La idea del Gobierno es que el Arsat necesita autofinanciamiento porque es una empresa positiva pero que tiene un desmanejo de los fondos importante. Lo cual parece haber sido un sello de la anterior administración, buenas propuestas pésimamente administradas. Aquí no está poniendo en discusión ni se está haciendo un juicio de valor sobre la idea en sí sino que se trata de una cuestión de oportunidad. Puede compararse con el tan mentado tren bala que se dijo- uniría Buenos Aires con Córdoba: nadie niega que contar con él sería fabuloso, pero ¿es prioritaria esta inversión en transporte sobre otras, en medio de una prestación básica deficiente? Entonces, ¿es lo conveniente un tercer satélite cuando las comunicaciones elementales de telefonía entre los ciudadanos no están en un estado óptimo? Ni hablar de la energía.
Al tiempo que se suspendió la construcción del Arsat III, el Gobierno busca la incorporación de socios colaborativos para seguir adelante y se presentaron los permisos para vender la pisada del satélite a Canadá, Estados Unidos, México y Brasil. Es un trámite lento, como reconocen en el Gobierno, pero en los países del norte se hará más rápido, confían en la compañía Arsat.
El macrismo es muy crítico de la gestión encabezada por el camporista Matías Bianchi, ya que dicen que se ejecutaban obras y se tomaban decisiones de inversiones elevadísimas sin los rigores que hubiesen requerido esos niveles de inversión, todo lo que hizo que se necesitaran 4 mil millones de inversión pública por año, cuando en el mundo satelital, se hacen preventas de hasta el 50 ó 60 por ciento del satélite que se va a lanzar. Arsat II está prácticamente en cero en su comercialización. Por eso consideran que, a esta altura, el Arsat II hay que venderlo. Es opinable lo de la venta completa del satélite, pero son decisiones políticas que tienen impacto en un modelo general que quiere imponer el nuevo Gobierno. Al fin y al cabo, si la mayoría lo votó y la más amplia mayoría no votó la continuidad del kirchnerismo tiene que ver, entre otras cosas, con que no se quería seguir en el mismo camino y, sobre todo, que había necesidades básicas insatisfechas en gran parte del país. Y, a la hora de dar respuestas a estas demandas, un tercer satélite geostacionario sin compradores de su servicio y requiriendo 4 mil millones de pesos al año, al menos para el oficialismo, no es conveniente.
Para poner blanco sobre negro, la administración Macri, se encontró con que se había lanzado el Arsat II sin haber comercializado absolutamente nada. De este modo, la única manera de que funcione el satélite es haciendo funcionar la máquina de hacer billetes, profundizando la inflación, en una etapa en que hay sinceramiento de tarifas y se está tratando de emitir menos para no ahondar el déficit fiscal. Este es un problema de mirada, la gestión macrista en este momento de dificultades prefiere mejorar la situación económica general para el segundo semestre del año, antes que encarar proyectos nuevos sin contar con los fondos genuinos.
Obvio que tras conocerse las declaraciones de De Loredo, varios referentes del kirchnerismo reaccionaron inmediatamente y explotaron en las redes sociales, con su postura habitual considerando la visión liberal de la economía como tarea de vende patria. El senador Juan Manuel Abal Medina escribió en su Twitter que pedirá informes al Ejecutivo sobre esta preocupante noticia. Esta decisión del Gobierno demuestra que la ciencia y la técnica orientadas al desarrollo ya no son una prioridad en el presupuesto nacional, añadió. Por su parte, el diputado y exministro de Planificación Federal Julio de Vido, se sumó a las críticas y expresó: Nos gustaría conocer también la opinión del sector científico-tecnológico de la Argentina ante esta decisión que impactará en su desarrollo. Bianchi ante las críticas se defendió diciendo que el Arsat tenía un plan de financiamiento con ofertas de bancos extranjeros, y con los fondos de Arsat I y II se iba a poder pagar la construcción del tercer satélite.
Pero a la llegada del macrismo no se encontraron con esos supuestos fondos tramitados y ahora buscan una salida al problema del financiamiento, insistimos, en momentos en que el déficit fiscal debe bajar para acorralar la inflación. No es poco problema pensar en la ciencia y en la tecnología cuando la frazada es corta y hay que distribuir menos fondos.
Desde la compañía Arsat explican la propuesta que tienen: afirman que han venido funcionando con volúmenes de inversión del Estado nacional muy grandes, que promediaban los 4 mil millones de pesos año tras año. Para este año el presupuesto es de 2.800 millones, con un aporte adicional de 120 millones más. Estamos trabajando en el Plan Estratégico de Arsat para este y los próximos años, con una reformulación presupuestaria. Tenemos un gran desafío, que es apuntar a la autonomía financiera, ser autosuficientes, rentables, con las unidades que debían comercializarse y no lo hicieron, como lo del Arsat-2, la conectividad, el data center. El plan de negocios que se estaba ejecutando para 2016 preveía ingresos por 1.200 millones. Esos son números a replantearse ahora. Nosotros buscamos poder cumplir los planes de inversión con la menor asistencia posible del Tesoro de la Nación. Estamos reformulando el plan de negocios, para lograr este año la autosuficiencia.
Por eso decimos que es un problema de mirada, de prioridades políticas y de lograr achicar un déficit fiscal que está ahogando la economía, desde el lugar que el Gobierno crea conveniente.














